*Lo mejor: la actuación de Leonardo Di Caprio, muda, física y sumamente emotiva.

*Lo peor: los excesos de Iñárritu, que no sabe cuándo cerrar el grifo de la brutalidad.

Como sucedió con “Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia)“, película que se llevó los más altos honores en la pasada temporada de premios, Alejandro González Iñárritu se convirtió en su propio amo y esclavo con su más reciente trabajo cinematográfico: “El Renacido” (The Revenant).

The Revenant

No me malinterpreten, a diferencia de su película anterior, que me resultó un insoportable ejercicio de ego y un desesperado intento de recuperarse del descrédito, “El Renacido” fue de mi agrado. Pero no todo lo que pudo hacerlo. El problema es que al director mexicano le pueden los excesos y no sabe cuándo levantar la pluma para cerrar el grifo de la brutalidad.

 

No exagero cuando les digo que esta película es la experiencia más cercana que he tenido a un bullying cinematográfica: un golpe tras otro, hasta tal punto de preguntarme a mi mismo qué tan amplio es mi umbral del dolor, que siempre he entendido alto.

La escena del ataque del oso, del caballo barranco abajo, las despiadadas luchas entre indios y tramperos y los demás eventos que me ahorro para mitigar el recuerdo, suceden sin descanso alguno. Y en el medio de esto, un enorme Leonardo Di Caprio, que aguantó el cuerpo por esa enfermiza obsesión de conseguir, de una vez por todas, el reconocimiento dorado que hace tiempo entiende suyo.

“El Renacido” se presenta como un reto entre Iñárritu y Di Caprio: uno disponiendo de caprichosos obstáculos y el otro sorteándolos con convicción”

Al final, “El Renacido” se presenta como un reto entre director y actor: uno disponiendo de caprichosos obstáculos y el otro sorteándolos no solo con convicción, sino con una interpretación muda, extrema en su fisicidad pero, sobre todo, humana. Aquí está el mérito de Di Caprio y de la película en sí: hacerme creíble esa travesía imposible.

Todo esto con la fotografía mística de Emmanuel “El Chivo” Lubezki, empeñado más que nunca en capturar el alma de sus actores -en más de una ocasión, se ve como el lente se empaña con el aliento de Di Caprio- y la belleza glacial del rio Olivia (Argentina), Alaska (Estados Unidos) y la Columbia Británica (Canadá).

The Revenant (1)

Es por la sensibilidad de este artesano de la imagen, que la película presenta representaciones preciosistas, pero también de una cargada espiritualidad que no solo recuerdan al cine de Terrence Malick, sino que significa un alivio ante tanta barbarie. La barbiere más hermosa que estos ojos han podido vislumbrar.