*Lo mejor: sus arrebatos de autor, como la pelea grabada íntegramente en un plano secuencia.

*Lo peor: la falta de carisma de sus contrincantes.

Me pasa algo curioso con el boxeo: no soy fanático del deporte, pero no puedo evitar brincar como un poseso en mi butaca y gastar la suela de mi zapato por el tic nervioso que domina mi pie como un taladro cada vez que veo una película de este género, que ha dado hitos importantes como “Toro Salvaje” (1980), “Million Dollar Baby” (2004) o “Rocky” (1976).

Hay algo tan primitivo pero a la vez adrenalítico en ese intercambio de golpes, algo tan fascinante en esas almas perdidas que no encuentran otro refugio que la aceptación de su barbarie, no mayor redención que la del ídolo caído que se levanta una y otra vez de la lona en busca del triunfo imposible, no mayor victoria que vencer al campeón invicto y, en el camino, a las propias flaquezas humanas.

Ryan Coogler

Así que cuando me enteré de “Creed”, spin-off de la saga protagonizada por el Rocky Balboa, no sabía si descartarla por el cansancio que me genera tanta película derivada o recaer en viejos vicios y entregarle a mi cuerpo una esnifada más de esa salvaje adrenalina. Al final, el argumento que decantó la balanza fue Ryan Coogler, prometedor director y guionista que por todo ruido que generó en Estados Unidos entendí que consiguió algo especial con esta nueva entrega del mito púgil. ¿Será cierto?

Si hay algo que entender sobre Coogler es que su estilo como director es lo más cercano a la lírica de un rap: rápido, furioso e hiriente. Estas cualidades las demostró en su alabada ópera prima, “Fruitvale Station” (2013) -ganadora del Gran Premio del Jurado y Premio del Público en Sundance- y lo vuelve a hacer en su primera película dentro del circuito comercial hollywoodense.

“Empeñado en escavar en su propio legado en esta etapa tardía de su carrera, Sylvester Stallone consigue un verdadero tesoro en su figura más representativa”

A esta consabida cualidad, Coogler dirige “Creed” con una mezcla de emoción, diversión, elegancia e introspección impensable en una franquicia que se labró su fama a punta de coraje. Es tal su propio dominio de la técnica que se atreve con brochazos de autor, como esa primera pelea íntegramente grabada en un plano secuencia o esa cámara lenta en el segundo asalto que ejemplifica la caída de un coloso.

Como guionista, también se nota que supo hacer sus deberes: Coogler entendió perfectamente que el boxeo no va tanto sobre el contrincante que tienes en frente, sino sobre los demonios internos de cada peleador lleva consigo. En ese sentido, el personaje principal de la función, Adonis Johnson -encarnado por el ascendente Michael B. Jordan-, se debate entre el peso del legado de un apellido reconocible, así como en las consecuencias de la orfandad.

Silvester Stallone

 

Mención aparte se merece Sylvester Stallone, que empeñado en escavar en su propio legado en esta etapa tardía de su carrera -“Los mercenarios”, “La gran revancha”, “Una bala en la cabeza” y “Plan de escape” no son más que una parodia de lo que fue-, ha conseguido un verdadero tesoro en su figura más representativa.

Stallone no solo resulta creíble en la esquina del ring como entrenador y guía espiritual de la película, sino que además sabe imprimirle una resonancia emocional nunca antes vista a su personaje en las seis entregas anteriores. El tozudo italiano, de tanto recibir golpes, parece que ha aprendido a asimilarlos y devolverlos en forma de una interpretación cercana. Un uppercut en la quijada de sus más acérrimos críticos.

“Creed” está lejos de ser perfecta. Se echa en falta rivales más carismáticos, a la usanza de Apollo Creed, Mr. T o Ivan Drago, pero sin duda es una respetuosa actualización del mito -el uso de la banda sonora original de Bill Conti o el último plano en las escalinatas del Museo de Arte de Filadelfia son una prueba de ello-. Y aunque ya está confirmado que Coogler no regresará a dirigir la segunda entrega de esta nueva trilogía, sin duda estoy intrigado en conocer como Adonis “Hollywood” Creed coloca su nombre en Olimpo de los campeones, entre Apollo Creed y Rocky Balboa.