Lo mejor: la confirmación de Alicia Vikander como la nueva reina de Hollywood.

Lo peor: una historia desaprovechada, que nunca ahonda en temas necesario como la sexualidad y el rol de hombre y mujeres en nuestra sociedad.

La noticia de que Tom Hooper, director del “Discurso del rey” (2010), iba a dirigir una película sobre la primera mujer transexual en “La chica danesa” y que esta iba a ser interpretada por Eddie Radmayne, era un bistec muy jugoso al que hincarle el diente, en especial tras el triunfo del inglés en los Oscar del año pasado por su sorprendente transformación como Stephen Hawking.

The Danish Girl (5)

Nuevamente, las expectativas superaron la realidad, porque lo que prometía ser la película más transgresora de esta temporada de premios quedó en la nadería absoluta. Redmayne, como Einar Wegener/Lili Elbe, se regodea en demasía de sus habilidades camaleónicas, como una chica bonita que se ve ante el espejo con un vestido nuevo. Hooper, por su parte, destaca por sus peores cualidades: una puesta de escena preciosista pero incongruente, una academicismo efervescente, cierta tendencia hacia la lágrima fácil y la cobardía como estandarte.

La única persona que sale bien parada de este entuerto es Alicia Vikander, que tanto aquí como en “Ex-Machina” confirma este año el potencial que mostró en sus primeras intervenciones internacionales, en especial en la estimable “Un asunto real” (2012). Lo hace porque su viaje, aunque menos lustroso, es mucho más interesante que el de su pareja actoral, hasta tal punto que se le puede considerar la verdadera protagonista de este filme.

“‘La chica danesa tiene todos los elementos para transgredir. En cambio, lo que nos entrega es un producto al gusto de las masas, dejando como un simple apunte todas las preguntas necesarias para remover nuestras consciencias”

Es una cuestión de travesía: mientras que el único cambio evidente en Einar/Lili es el cambio de trajes de sastre por vestidos, pelucas y maquillaje, la transformación emocional de Gerda es mucho más matizada y peliaguda, ya que la lleva de la certeza de ser correspondía por su marido, a entender que el hombre que ama nunca existió y no fue más que un personaje creado para encajar en una sociedad donde cualquier diferencial sexual era considerado una herejía y tratado con métodos clínicos cercanos a la más cruel de las torturas.

Es Vikander el único faro al que asirnos, porque ni Hooper ni Redmayne nos lleva a reflexionar sobre preguntas cada vez más necesarias en nuestras sociedades, como la naturaleza de nuestra sexualidad, el significado de ser hombre o mujer en una época donde cada vez hay más licencias o cuáles son los principales problemas que tienen que enfrentar las personas transgénero desde el punto de vista social, emocional o físico.

The Danish Girl (3)

A esto se le puede entender como cobardía, porque muy en el fondo de su barroquismo visual “La chica danesa” tiene todos los elementos para transgredir. En cambio, lo que nos entregan es un producto al gusto de las masas, lo suficientemente diferente (pero no mucho) para hacernos sentir como seres abiertos e inclusivos, pero dejando como un simple apunte todas las preguntas necesarias para remover nuestras consciencias. Será en otra ocasión… Esperemos.