La tercera jornada de proyecciones del Festival de Cine Pobre Panalandia 2016 tuvo tres bloques diferenciados: la crónica centroamericana, las querencias de la juventud panameña y el terror. El primero se expresó particularmente a través del documental social, los cuales mostraron un panorama sentido de la Centroamérica profunda.

“Hambre de justicia”, de Linder Serrano, resulta un pertinente alegato contra la corrupción a nivel estatal, al narrar a través de las voces de su protagonistas la huelga de 35 días que emprendieron la agrupación política “Los indignados” contra el gobierno de Juan Orlando Hernández, quejandose del saqueo sistemático que ha sufrido el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS).

Aunque el movimiento mutó a una Comisión Internacional Contra la Impunidad en Honduras (CICIH) por discrepancias internas y las poca seguridad que le garantizada el Estado a los huelgistas, “Hambre de justicia” es una muestra de cómo un pueblo convencido puede presionar a las más altas esferas del gobierno, fuego que parece haberse apagado en Panamá donde la inconformidad se demuestra en las redes sociales y no en la calle.

El sueño de Cristofer

“Iliana” y “De quien la trabaja”, de Michele Ferris y Alejandro Ferlini, es una visión desesperanzadora del campo costarricense. En ambos se alega lo mismo: el abandono social que sufre el productor agrícola, quien siempre está a merced de los caprichos de la autoridades. “Para el gobierno, los campesinos no tenemos valor”, llega a decir uno de los protagonistas, mientras que a su contraparte la arrestan por pescar en el rió que ha sido su principal sustento de toda la vida.

Del campo costarricense, la proyección se dirigió las comarcas indígenas panameñas. Se dice que el panameño no tiene memoria histórica. Esto no es lo que sucede con sus pueblos originarios, quienes viven en una eterna reafirmación de su pasado, ya sea por los años de lucha por el título colectivo de tierras que le debe el gobierno en “Nuestro hogar” de Ivan Jaripio y Detsy Barrigón o en la colorista remembranza de los 90 años de la Revolución Dule en “Bila Burba” de Duiren Wagua.

Por su parte, el segundo bloque local mostró una juventud ansiosa, llena de sueños y deseos por cumplir. Es el caso del documental “El sueño de Cristofer”, quien padece de la condición conocida como “Pie de Zambo” y lo único que quiere es poder caminar bien para hacer alto tan sencillo como jugar a la pelota.

Aunque si por algo llamó atención es como estos deseos se relacionaron con el cine, como fue el caso de “Tanto X como Y” y “Tengo una historia que contar”. La primera es una parodia de la vida de un productor televisivo y un director de cine en Panamá. La segunda es una crítica que apunta directamente a las irregularidades que sufre actualmente el Fondo de Cine. Ambas dicen lo que ya sabemos: en Panamá se hace cine por voluntad y no porque hayan la condiciones propicias.

Las rarezas de la noche estuvieron a cargo del cortometraje homónimo del hondureño Luis Emilio Cena y las panameñas “Ana” y “Cuando sobran las palabras”. Estas tres piezas ahonda en el género de terror, pero lo hacen desde caminos opuestos. “Rarezas”, por ejemplo, aúna la crítica social que preponderó toda la noche, con un oscuro cuento de amor y fantasmas. A El Fotógrafo le encargan un trabajo inusual: disponer el cuerpo de la difunta esposa de La Clienta como el cuadro “La pesadilla” de Johann Heinrich Fussli.

 

Esta excéntrica y original premisa, le permite a Cena argumentar sobre el proletariado (“Lo que nosotros hacemos no son rarezas. Es supervivencia”). Asimismo, demuestra los sacrificios a los que puede llegar un amante con tal de cumplir el último deseo de su amada. Todo esto acompañado de un espeluznante plano final, que eleva la hermosa, granulada y melancólica fotografía blanco y negro de esta extraña pieza audiovisual.

Rarezas

Por su parte, “Ana” parece combinar los mejores elementos del género: la inquietante puesta en escena de James Wan, la sonoridad angustiosa de David Lychn y la veracidad del found footage. Lastimosamente, la directora Paulina Vera se muestra incapaz de utilizar estas imágenes sugerentes en una narrativa concisa, logrando una experiencia sensorial sumamente terrorífica, pero inane.

Por último, se encuentra “Cuando sobran las palabras” de Manuel Campos y Jhojaddy Ramírez. Aunque no es una historia de terror en su esencia dramática, su puesta de escena transmite estas sensaciones. Particularmente su logrado acabo sonoro -es, en sí, una película muda, donde el sonido ambiente dicen más que las palabras-, su tergiversación de la imagen y ese sentido plano final en el Metro de Panamá. Lástimosamente, la historia no parece acompañar el empaque audiovisual de esta pieza que peca de tremebundismo.

Hoy continua Panalandia 2016 con la última jornada de proyecciones de cortometrajes en competición y el taller “Musicalización para cine”. Material Extra seguirá con la cobertura del festival, así que síguenos en nuestras redes sociales  -@materialextra en Instagram y Twitter- o ingresa a nuestra página web, www.materialextra.com, para leer más contenido relacionado.