Con “A la deriva”, Miguel Iván González ha buscado hacer un documental intimista que ahonda, más que en la crítica social, en las heridas emocionales de tres mujeres afectadas por el dietilenglicol

Miguel Iván González siempre ha desconfiado del sistema público hospitalario panameño. “Pero eso no quiere decir que esté a favor de una privatización, porque esa no sea la solución a nuestros problemas, aunque estoy seguro que va a terminar llegando”, dice antes de que se malinterpreten sus ideas.

Esta inquietud se vio refrendada cuando no tuvo de otra que acudir al sistema que tanta inquietud le generaba tras el alumbramiento de su primer hijo, Diego, quien naciera de manera prematura y necesitara durante un mes de los cuidados intensivos del Hospital del Niño.

Diego sobrevivió, pero muchos de los recién nacidos que compartieron incubadoras con él murieron a la semana de este recibir el alta, afectados por una bacteria de la cual nadie dio explicaciones y que mucho menos llegó a conocimiento de la sociedad civil o los medios de comunicación.

Miguel, inevitablemente, relacionó este suceso con el envenenamiento masivo por dietilenglicol en 2006, preguntándose constantemente cómo continuaron sus vidas aquellas personas afectadas. De esta interrogante se gestó “A la deriva”, documental panameño que significa su ópera primera como realizador y que tendrá su estreno mundial el próximo 10 de abril en el marco del Festival Internacional de Cine de Panamá:

A la deriva (1)

¿Cómo se dio el envenenamiento por dietilenglicol en Panamá?

Te cuento: hubo un tiempo que la Caja del Seguro Social (CSS) creaba sus propios medicamentos y uno de los componentes que utilizan para el jarabe de tos era la glicerina, pero existen dos tipos: la industrial y la médica.

¿Qué pasó? En el año 2006 la CSS licitó su compra y la ganó la empresa Medicom, S.A, que a su vez se la compraron a una empresa española llamada Rafer Internacional, que hizo lo propio con una empresa China dedicada a la exportación de productos farmacéuticos, teniendo esta la relación directa con el fabricante, Taixing Glycerine Factory.

El problema es que compraron glicerina pura, que se utiliza como refrigerante para autos. Obviamente, hubo mucha negligencia cuando metieron el componente en Panamá, porque ni China revisó, ni España revisó, ni la CSS revisó. Lo demás es historia: se repartieron más de 200 mil frascos de medicamento a nivel nacional y el número de muerto supera el centenar, aunque no se tiene un registro exacto de las víctimas.

¿Por qué dices que el documental habla del envenenamiento por dietilenglicol, pero no trata sobre él?

Porque más que el caso, con “A la deriva” busqué retratar las historias humanas detrás de ellas. El periodismo, mal o bien, había registro la noticia, pero nunca había ahondado en lo que de verdad valía: los afectados y las historias humanas detrás de ellas. Hay que entender que el daño ya está hecho y no hay vuelta atrás. Lo que importa ahora son las historias y yo sé que con los retratos de estas tres personas, no personajes, muchos se van a ver identificados.

Así que el documental realmente va sobre estas tres mujeres, Iris, Milagros y Briseida, envenenadas por el dietilenglicol. Es un retrato íntimo no solo en sus afectaciones físicas, sino también de sus emociones, feminidad y añoranza de ser las mujeres de antes. Siento, justamente, que la añoranza es el tema central de “A la deriva”.

“El añorar es uno de los sentimientos más fuertes que tiene el ser humano: añorar buenos tiempos, añorar malos tiempos, inclusive añorar un futuro mejor” – Miguel Iván González (director de “A la deriva”)

¿Por qué escogiste a estas tres mujeres, considerando que hubo todo tipo de afectados?

Me decidí por ellas tres porque me gustaba la idea de explorar la feminidad y el apego hacia el otro. Las tres tienen esa carencia masculina en sus vidas. Briseida está casada, pero su relación se ha visto afectada por el dietilenglicol; Iris es madre soltera de tres hijas y está preocupada por el futura de ellas, particularmente de una que también fue envenenada; y Milagro sufrió la muerte de su esposo por un cáncer al mismo momento que le diagnosticaron su envenenamiento.

¿Cómo te acercaste a la experiencia de Iris, Briseida y Milagros?

Fue un tema de empatía. Si bien es cierto que la cámara intimida, por alguna razón ellas no tenían vergüenza, porque tampoco buscábamos invadir su privacidad. Era más bien una cámara testimonial y de observación, que les daba la oportunidad de contar sus historias. Porque si algo tienen en común el 95 % de los afectados es que tienen la necesidad de contar lo que les sucedió.

¿Habrá personas que te puedan reprochar la falta de crítica social con “A la deriva”?

Estoy consciente que habrán algunos que no me lo perdonen, pero yo nunca busqué hacer un documental pretencioso. Para mí lo más importante era el contenido, porque creo que Panamá se mueve mucho más por la forma que el fondo.

Además, quería utilizar el fragmento en la vida de estas tres mujeres para generar nuevamente una discusión no tanto del caso, sino de las personas afectadas. Creo que nosotros vivimos en una época donde cada vez tenemos menos empatía por el otro y eso hay que rescatarlo. Si tenemos muchos problemas sociales, es porque somos menos comprensivos y este caso del dietilenglicol lleva justamente a que nos replanteemos nuestra sensibilidad.

A la deriva (3)

¿Por qué te muestras tan seguro sobre la privatización del sistema de salud panameño?

Es un plan. La privatización va a venir, como la del agua. Pero nosotros no podemos permitir que suceda, ya que perderíamos mucho en el camino. Porque si bien es cierto que el sistema tiene fallas, imagínate que va a suceder con toda la gente que no puede pagar una atención médica privada. Iris no podría ir, Briseida tampoco creo que pueda, Milagros tal vez.

Lo que tenemos que preguntarnos, cuando hay especulaciones de privatización de por medio, es si las personas que se encuentran en el poder tienen el interés de mejorar el sistema. Es como cuando tienes una camisa y te quieres deshacer de ella: ya no la planchas, la lavas poco y la agarras de trapo, hasta que al final llega un momento que la deshecha.

¿Qué efecto te gustaría suscitar en el público?

A mí me gusta el cine que genera más preguntas que respuestas. Yo creo que el cine que genera respuesta, simplemente es vago. Así que yo espero que el público se cuestione su sistema de salud, así como el gran problema del panameño que no es otro que el olvido y la falta de empatía.

Pero, sobre todo, me gustaría que se genere un debate, tanto a favor como en contra. Yo sinceramente espero que el público lo ame y lo odie a la vez. Si eso sucede, me doy por complacido, porque si no empezamos a generar debate sobre los temas que nos afectan como sociedad nunca vamos a cambiar nada.

¿Qué conclusión sacaste de la odisea personal de Iris, Briseida y Milagros?

Como cineasta, mucho, pero como ser humano, más. En especial el tema de la añoranza. El añorar es uno de los sentimientos más fuertes que tiene el ser humano: añorar buenos tiempos, añorar malos tiempos, inclusive añorar un futuro mejor.