El realizador venezolano Abraham Pulido conversa con nosotros de la ambición universal de su último filme, “Hasta que la muerte nos separe”, y la necesidad de redistribuir el cine en Latinoamerica para que llegue a más público

Después de varios malentendidos y llamadas perdidas, gafes propios de la globalización y a la confusión de usos horario entre Panamá y Miami, logré comunicarme con Abraham Pulido a través de Skype antes de su visita a Panamá con motivo del estreno en el Istmo de “Hasta que la muerte nos separa”, película venezolana más vista en el 2015 con 26 semanas en cartelera y más de 120 mil espectadores.

Pulido, de dilatada experiencia en TV, publicidad y videos musicales -ostenta el orgullo de ser el primer latino en ganar un MTV Music Award con “No basta” de Franco de Vita-, se propuso hacer una película que a pesar de su arraigo, se sintiera lo más universal posible. “Hasta que la muerte no separe” es, sin duda, una producción ambiciosa, que demuestra el alza del cine venezolano en el escaparate internacional.

La fórmula: Otelo + Rocky Balboa + Modelaje

HQLMNS

Zapata 666, que se diera a conocer con "La hora cero", es el protagonista de HQLMNS.

“Por alguna extraña razón, a las películas en español les resulta más difícil entrar en un país hermano que una hablada en inglés”, argumenta el realizador. Así que para sortear esta barrera, Pulido ideó una atrevida fórmula que combina el Otelo de William Shakespeare, la épica púgil de Rocky Balboa y el mundo del modelaje.

Elementos que constituye la travesía personal de Otto, un peleador callejero que asume llegar al campeonato mundial de boxeo con ayuda de su hermano Nacho, hasta que su carrera se ve truncada cuando conoce a Diana, una súper modelo que lo lleva a plantearse constantemente el mundo donde vive.

“Me gustan las historias donde hay conflicto y donde los personajes sean capaces de superar sus propias dificultades”, explica Pulido. “En el caso particular de Otto, este conflicto es resultado de su enamoramiento de una persona que no es de su mundo, pero cuando esas dos almas se unen y se asocian amorosamente, podemos entender que no importa el color de nuestra piel, procedencia o forma de pensar”.

“No nos engañemos. Todavía resulta muy difícil exhibir películas latinoamericanas fuera de sus propias fronteras y los circuitos artísticos de festivales” – Abraham Pulido.

Para ponerle piel a estos personajes, el veterano director se rodeó de un atractivo reparto de actores que incluye a Zapata 666 y Carlos “Trece” Molina en los roles de Otto y Nacho, la belleza germánica de Alexandra Braun, la duresa de Karina Velásquez y la credibilidad de primeros actores como William Goite, Eduardo Orozco, María Antonieta Duque, Juan Carlos García, Carlos Cruz, entre otros.

Una elección de actores llena de anécdotas, como la implicación de Zapata 666 y Molina durante cuatro meses practicando boxeo para prepararse para sus respectivos roles, así como la elección de Braun sobre 328 actrices. “Recuerdo que al finalizar su casting Alexandra me preguntó qué me pareció, a lo que yo le contesté: ‘¡Pésimo! Pero te doy el papel si estás dispuesta a pasar por cinco profesores diferentes’, lo cual hizo con toda la disposición del mundo, lo que demuestra un compromiso que ya está dando frutos porque está cerca de rodar una película en Italia en un rol protagónico”, rememora Abraham.

Aunque si por algo destaca “Hasta que la muerte nos separe” es por su manejo digital de la imagen, recreando locaciones icónicas a través de efectos especiales como el Poliedro de Caracas, el MGM en Las Vegas o el Time Square Garden en Nueva York, que toman un total de 15 minutos de la duración de la película y le imprimen mayor autenticidad a esta odisea boxística.

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Pulido hizo especial énfasis en la recreación de las peleas a través de efectos especiales.

El crecimiento del cine Latinoamericano

Pulido no puede evitar referirse en la entrevista al buen momento del cine Latinoamericano, poniendo como referencia los éxitos alcanzados el año pasado por películas como “Desde allá”, “El club”, “El clan”, “El botón de nácar” e inclusive su propio filme, que fue preseleccionado en los Premios Platino como Mejor película y dirección de arte.

“Pero no nos engañemos: ¿Cuántas películas mexicanas, chilenas o colombianas se exhiben en Panamá fuera del Festival Internacional de Cine? Todavía resulta muy difícil exhibir películas latinoamericanas fuera de sus propias fronteras y de los circuitos artísticos de festivales.”, esgrime.

La culpa, a su criterio, es compartida: tanto de los distribuidores que tienen miedo de que dichas películas no sean lo suficientemente rentables en otros países, como de los artistas involucrados que tienen que plantearse en hacer historias universales, en las que se vean identificados desde la Patagonía hasta Ciudad de Juárez.

La clave está para este veterano cineasta, en apostar por más coproducciones entre los países Iberoamericanos. De esta manera los involucrados se pueden asegurar que la película sea exhibida en todos los países involucrados y llegar a audiencias más grande. “De esta manera, se puede empezar a hacer una redistribución de nuestro cine y crear alianzas artísticas beneficiosas”.

Por ejemplo, él no va a desaprovechar su visita en Panamá con motivo del estreno de “Hasta que la muerte nos separe” y quiere reencontrarse con Ruben Blades para convencerlo de hacer realidad al que considera su proyecto de vida: una adaptación cinematográfica de “Maestra vida”, al estilo de grandes musicales de Hollywood como “Nine”, “Cabaret” o “El fantasma de la ópera”. ¿Lo logrará?

*Nota publicada originalmente en El Venezolano de Panamá (edición 296 del 15 de abril de 2016).