Ricardo Aguilar, codirector de la flagrante ganadora del Premio del Público a la Mejor Película de América Central y el Caribe del IFFP, nos revela los detalles detrás de una producción ambiciosa que utilizó más de 40 locaciones para recrear al barrio panameño por antonomasia

Desde el momento que escuchó “Maestra Vida” en los albores de la década de los 80, Ricardo Aguilar soñó con adaptar al audiovisual el afamado disco de Rubén Blades, embelesado por la recreación de ese barrio tan amplio en sus límites que toca a Latinoamérica entera, desde el Casco Antiguo a Valparaiso, de La Boca al Coyoacán.

En su momento, Aguilar estuvo cerca de adaptarla como jefe de producción de Medcom en forma de serie de televisión y con la bendición del mismo poeta de la salsa, pero sus planes se trastocaron en último momento entrando en el panteón de los proyectos inconclusos.

No fue hasta hace cuatro años, con la reforma de la Ley de Cine de Panamá y el ingreso del país al Programa Ibermedia, que Aguilar decidió retomar el proyecto junto Manolito Rodríguez, cubano de nacimiento pero panameño de profesión –uno de los pocos que se pueden decir guionistas-, solo que esta vez en forma de película.

Una que fue estrenada en la 5ta. edición del Festival Internacional de Cine de Panamá con un aplauso tan generoso por parte de las más de mil almas que llenaron el Teatro Balboa, que terminó valiendo inevitablemente el Premio del Público a la Mejor Película de América Central y el Caribe.

Es fácil entender por qué: “Salsipuedes” es un drama familiar que tiene por bandera el amor por los barrios populares y por extensión la patria. También es una sentida reflexión sobre el paso del tiempo y la huella indeleble que deja en nosotros el entorno que nos rodea.

“El entorno, y no necesariamente tiene que ser un barrio, puede descarrillar a cualquier persona. Pero si tú tienes una formación sólida, empezando por la familia, tú vas a llegar lejos, porque al final lo que nos mueve es la voluntad que le ponemos a todo lo que nos proponemos”, explica Aguilar antes de entrar en materia:Salsipuedes (1)

Sin duda, el barrio de Salsipuedes es un personaje preponderante dentro de la trama. ¿Cómo fue el proceso creación del mismo?

Cuando nosotros concebimos el barrio de Salsipuedes lo hicimos como un gran barrio y no solamente la calle, del que tomamos su nombre por la connotación que le da a la historia. La idea es que cuando el público vea la película, sienta la experiencia de cómo es un barrio popular panameño.

Así que para ello utilizamos más de 40 locaciones reales ubicadas entre San Felipe, Santa Ana, El Chorillo y Barraza, además de involucrar directamente a los residentes en la producción, no solo remunerándolos por el uso de sus estructuras u ofreciéndole trabajo como extras o asistentes de producción, sino haciéndoles entender que esta película es un homenaje a su entorno.

¿Por qué tu necesidad de homenajear a los barrios panameños?

En el fondo, “Salsipuedes” es un llamado de atención de cómo nosotros cuidamos de esas figuras que le dan gloria al país. Alguien me hablaba de la similitud entre el personaje de Jaime Newball y Pelenchín.

Uno no puede evitarse preguntarse qué pasa con estas personas, pero es muy fácil contestarse: cuando no hay una educación sólida, sobre todo en entornos complicados como lo son los nuestros barrios, es muy fácil dejarse llevar por los caminos incorrectos.

Otro aspecto destacado son las actuaciones infantiles. ¿Cómo fue trabajar con un elenco tan amplio de niños?

Esta es una de las memorias que nos dejó la película para siempre. Nosotros contratamos a Alina Rodríguez, una excelente actriz cubana que tenía mucha experiencia en la formación de actores infantiles, porque teníamos seis niños con papeles importantes, de los cuales cinco no tenían mayor experiencia actuando.

Lina se convirtió en la mamá de ellos durante el rodaje. Les daba cariño, pero también disciplina, ayudándonos a sacar la actuación que necesitábamos de cada uno de ellos, cosa que nos dio mucha satisfacción porque Alina murió el año pasado y aunque fue golpe para todos nosotros, pero nos queda el recuerda del trabajo que hizo con los muchachos.

“Salsipuedes es una llamado de atención de cómo nosotros cuidamos de esas figuras que le dan gloría al país” – Ricardo Aguilar (codirector de “Salsipuedes”)

¿Cómo se dividieron la tarea de dirección Manolito Rodríguez y tú?

A Manolito lo conozco desde hace 30 años y tenemos buena química de trabajo. Él estudió dramaturgia y dirección de cine, mientras que mi fuerte es la producción, así que nos dividimos el trabajo de esa manera: él se encargó de la dirección de actores, mientras que yo supervisaba la parte técnica de la imagen.

Para nosotros fue muy importante la etapa de preproducción, porque entendemos que el trabajo previo simplifica y desestresa a la hora de marcar la puesta de escena. Así que trabajamos durante tres semanas el guion técnico con el director de fotografía, del que se cambió muy poco durante el rodaje.

También establecimos cómo sería la comunicación durante el rodaje desde el día uno. La idea era no recibir injerencia de nadie, salvo el director de fotografía y solo cuando fuese necesario. Así que cuando alguno tenía la necesidad de intervenir nos echábamos un aparte, hacíamos nuestra propuesta y tomamos una decisión inmediata.

“Salsipuedes” ganó el primer concurso del fondo cine en el 2012 junto con otras dos. ¿Cuál fue la clave para que esta se estrenara primero?

Es cuestión de disciplina. También tiene mucho que ver que ya no somos unos muchachos, así que nuestro deseo de hacer nuestra ópera prima se ha impuesto sobre cualquier impedimento.

Pero te soy sincero, a veces sentíamos que no íbamos a poder terminarla porque hubo muchos problemas con el fondo cine. El primer desembolso nos sirvió para financiar el rodaje, pero nos faltaba la posproducción y el cambio de gobiernos retrasó el pago destinado para esta etapa. Así que cuando salió no lo dudamos, porque agarrarla suave ya no tenía sentido para nosotros.

Salsipuedes (2)