“X-Men: Apocalipsis”, la última entrega de la segunda trilogía de la franquicia (si esto suena rebuscado en el 2016, no me quiero imaginar el barullo que será describir los universos cinematográficos dentro de una década, cuando sus fronteras sean más amplias), empieza con un barrio por las arenas del Nilo y la voz en Off de Charles Xavier reflexionando sobre los peligros de los falsos dioses.

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La fascinante maldad de Magneto (Michael Fasssbender) es uno de los atractivos del filme.

Este monólogo marca el tono de una película, que a pesar de desteñirse de los mensajes políticos de otrora (La Guerra Fría en “Primera Generación” y la Guerra de Vietnam en Los Días del Futuro Pasado), no hace más que apuntar a los “mesías” de nuestra propia historia, de Julio Cesar a Napoleón Bonaparte, de Adolf Hitler a Fidel Castro, de Hugo Chávez a ese pellirrojo millonario, excéntrico y estrella de televisión que se ha empeñado de dirigir Estado Unidos.

 

Pero esta no deja de ser la película más extraña de los X-Men vista hasta los momentos. Tanto así, que desde su visionado mi criterio ha permutado de una extraña satisfacción a una gozosa insatisfacción. El filme nos depara en un solo cóctel, dramas familiares, comedia adolescente, épica religiosa y la destrucción masiva inherente al género. Todo ello maneja como un facsímil, una película de Serie B con un presupuesto de 250 millones de dólares.

“A pesar de desteñirse de los mensajes políticos de otrora, “X-Men: Apocalipsis” no hace más que apuntar a los ‘mesías’ de nuestro propia historia, de Julio Cesar a Napoleón Bonaparte, de Adolf Hitler a Fidel Castro”

Extrayendo el lado positivo de todo esto, encontramos la fascinante maldad de Magneto, el nuevo recorrido supersónico de Quicksilver, el sangriento cameo de Lobezno y unos efectos especiales épicos, pero supeditados una fin de mundo más íntimo de lo esperado.

Pero por otro lado, tenemos un guión que traiciona los pilares que fundamentaron esta segunda trilogía, que no es más que la amplitud de la relación entre Charles Xavier, Magneto Mística, así como la capacidad de la franquicia de reeditar la historia colocando a sus personajes en momentos históricos específicos. Sin dejar de mencionar una decepcionante interpretación de Oscar Isaac como Apocalipsis.

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Nuevamente, Quicksilver se convierte en el gran alivio cómico de la película.