La actriz explicó que su formación, alejada de cualquier escuela o método de actuación, lo hizo en la calle, escuchando y observando a las personas que se cruzan en su camino. Asimismo, aseguró que Panamá tiene un potencial actoral todavía sin explotar.

El último “Pretextos. Un ciclo de encuentros teatrales”, realizado el 8 de agosto en el Estudio Multiuso del Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU) por Winnie T. Sitton, inició con una confesión inesperado de Nyra Soberón Torchia (actriz, coach de actuación y miembro fundador de Fundación Mentepública).

“A mi me cuesta mucho hablar”, dijo para incredulidad del público. “Yo prefiero observar. Yo vivía en San Felipe, cerca de la Presidencia, y me sentaba en el balcón de mi casa a ver pasar una clase de personajes que ustedes no tienen idea, porque de noche se activaba la cantina del mercado y había una actividad diferente”.

Nyra, tenía en ese entonces, seis años. Esa fue su primera formación teatral y, de cierta manera, se ha convertido en su metodología de actuación personal, ya que desde ese balcón tomaba nota visual y auditiva de cada una de los transeuntes y buscaba replicarlos en términos de movimiento y matices de voz, inveterada costumbre que mantiene vigente solo que en una plataforma más amplia.

“Si hay una metodología Soberiana de la actuación, es comerme la vida. Esa misma observación que hago sobre la vida la poso sobre el texto teatral o cinematográfico y me lo imagino con colores y sonidos”.

Nyra dijo no ser creyente de ningún método, como el Sistema Stanislavki o el Efecto de Distanciamiento de Bertolt Brecht, ya que en su experiencia la interpretación se construye en escena, trabajando la relación sobre los personajes, el set, la utilería, el director y el texto.

“Tú puedes incorporar estos métodos como herramienta, pero si al momento de actuar vas a salir a exponer o hacer alarde de una técnica, eso no va a funcionar porque solo lograrás distanciarte de la humanidad que le tienes que imprimir a tu personaje”.

Diferencia entre cine y teatro

Por su formación en el teatro social, particularmente el que realizó en la primera mitad de su carrera en las calles, comunidades y en el campus universitario de la Universidad de Panamá, Nyra no se subió a las tablas hasta mediados de la década de los 90 con la obra “Santa vírgenes y mártires”, una experiencia que recuerda extraña al echar en falta la mirada del público.

Una sensación de incomodidad que se mantiene en el cine, aunque por razones diferentes. “Actuar para cine es más duro, porque por el sistema de producción quebrado, todo está en contra de los actores y a favor del apartado técnico”.

Aunque los obstáculos, inclusive, se presentan mucho antes de llegar al set de rodaje, ya que por la falta de estructura que poseen los casting en Panamá, el actor más que el narrador de la historia se convierte en el payaso personal del director. “Cada película y obra de teatro es diferente, por eso no debe haber un modelo único de casting”, recomendó.

En el canal de Youtube de “Pretextos: un ciclo de encuentros teatrales” podrás encontrar todos los conversatorios realizados este año.

Otro punto álgido para ella es la relación con los directores. Explicó que como actriz necesita que el director le cuente su punto de vista y el tono que le quiere imprimir a la obra, ya que cada texto puede ser montada e interpretado de formas diferentes dependiendo de la visión de quien lo ejecute.

“Si no me dice eso, me siento muy incómoda. Yo creo que el director debe estar en capacidad de explicar su visión, y con estos no me refiero a la puesta en escena, el vestuario o la iluminación, sino las razones por las que quiere contar esta película, el tono que le quiere imprimir y la forma que lo quiere hacer”.

Nyra también aseguró que no soporta cuando un director le dice cómo tiene que actuar, ya que siente que el trabajo de un director es marcar el tono de la historia y marcar el tráfico escénico, pero después de ahí se invade el territorio del actor. “Es una contradicción y sufrimiento muy grande cuando sucede eso, porque es una batalla entre lo que tú sientes que es la escena y lo que te impone el director”.

El potencial actoral de Panamá

Nyra cree firmemente que cualquier persona en este país tiene el potencial para actuar, por la gestualidad que tiene el panameño a la hora de comunicarse y la manera en la que se desenvuelve durante las fechas patrias, las comparsas y carnavales.

Pero hace falta formación, por eso el principal consejo que da para aquellos que aspiren a ser directores de cine y teatro es que se formen como actores primero, para que aprendan qué esperan los intérpretes de ellos cuando los van a dirigir.

Para concluir, Nyra dejó una amarga reflexión: “No hay gremio más separado dentro del mundo artístico en Panamá que el teatrero”. Esta división explica, en cierta manera, la soledad y cansancio que delata la voz de esta grandísima actriz, que a pesar de tenerlo todo en contra no ha desistido en su carrera: observar para crear y enseñar para que las nuevas generaciones se fije como ella lo hacía desde ese balcón en el San Felipe de sus recuerdos.