*Lo mejor: una producción cómo pocas veces se ha visto en el cine Latinoamericano.

*Lo peor: es un biopic al uso que sigue la fórmula antes vista de ascenso-caída-redención del arquetipo del héroe.

¿Cómo aproximarse críticamente a “Hands of Stone”?, me pregunto tras salir de la proyección de la película. Sin duda, estamos ante una producción ambigua en su concepción y aspiraciones: el filme se maneja en el ring del mercado cinematográfico mundial como un superproducción hollywoodense, pero el talento que está detrás de ella es latino hasta la médula, panameño en su mayoría para más inri.

He ahí el riesgo al que uno se enfrenta al generar un juicio de valor. ¿Comparo la película con otros referentes estadounidense del género púgil como “El Peleador”, “Creed: Corazón de Campeón”, “Southpaw” o la memorable “Toro Salvaje”? ¿O lo hago desde su gentilicio, de su condición de película panameña y Latinoamericana, que aspira a trascender las fronteras del entretenimiento?

Al final, me he decantado por la segunda opción. La razón es sencilla: mientras “Hands of Stone” es una película rutinaria para el canon hollywoodense -lo que se han encargado en establecer los críticos norteamericanos-, para nosotros es un irrupción tan poderosa como los puños del héroe al que homenajea, hasta tal punto que por primera vez Latinoamérica se ha sentado en la mesa del espectáculo que tenía copada hasta entonces Estados Unidos, India y esporádicamente Europa. Solo faltaría saber si su arribo ha sido una invitación puntual o tendrá reservada una silla en la mesa de ahora en adelante.

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El filme cuenta con un elenco multicultural, engranado y entregado.

Desde la primera escena de la película, en la que un imberbe Roberto Durán cruza la Zona del Canal para robar mangos y llevarlos a su familia en El Chorrillo, queda claro que el retrato de Panamá que estamos por presenciar a lo largo de las próximas dos horas es único en cuanto a factura y alcance.

Si 150 millones de dólares le alcanza a Hollywodd para destruir una y otra vez el globo terráqueo con sus blockbusters de turno, con 20 Jonathan Jakubowicz ha exprimido Panamá para seguir la travesía de Roberto Durán en los dos territorios en los que se manejaba mejor, el barrio de San Felipe y los templos de boxeo más importantes de norteamérica.

La cámara rápida, inquieta y chispeante del venezolano electriza la puesta de escena de una historia, eso sí, que se atiene  a la fórmula de ascenso-caída-redención del héroe. Suerte para Jakubowicz, que también funge como guionista y productor, cuenta con un Édgar Ramírez que hace suyo el mito de “Manos de Piedra”. ¿Quién se acuerda ahora que el papel estuvo destinado en algún momento para el mexicano Gael García Bernal?

Ramírez ha dicho en sus múltiples apariciones en los medios que sus motivaciones a la hora de aceptar el papel, ha sido el orgullo que representa interpretar a Roberto Durán como héroe latinoamericano, como unificador de un pueblo en sus horas más aciagas. En este sentido, el venezolano no está lejos de serlo desde su arte y su rol dentro de este filme es una prueba de ello.

“Hands of Stone’ no se queda en el mero homenaje, ya que además deja algunos apuntes sobre la soberanía de Panamá y la corrupción dentro del boxeo sin llegar al patriotismo efervescente o el amarillismo simplón”

Desde Hollywood, Ramírez se ha creado un reputación ascendente que lo ha llevado a trabajar en la última década en “Domino” (2005) con Tony Scott, “El ultimátum de Bourne” con Paul Greengrass (2007), “La noche más oscura” (2012) con Kathryn Bigelow, “El consejero” (2013) con Ridley Scott, “Joy” (2015) con David O. Russell y, pronto a estrenar, “La chica del tren” producida por Steven Spielberg y “Gold” donde comparte cabeza de cartel con Matthew McConaughey.

Pero así mismo como ha franqueado el norte, ha hecho lo propio para otros en el sur. Así sucedió con “Libertador” de Alberto Arvelo Mendoza y ahora con “Hands of Stone” de su también compatriota Jonathan Jakubowicz, dos películas que se manejaron con aspiraciones nunca antes visto en estas geografías. Llama la atención, además, que lo ha hecho con mitos revolucionarios: Cyriano Fernández, Carlos “El Chacal”, Simón Bolívar y Roberto Durán, emprendiendo la lucha contra el establishment desde el recuerdo de la historia y desde el espectáculo del cine.

En este sentido, su entrega hacia el personaje es total. Algunos puristas en defensa de la veracidad levantarán la voz, argumentando que su acento es impostado, que su transformación no es total, que su coreografía sobre ring no es acorde a la de “El Cholo”. Pero el cine no es la realidad, sino una representación de la misma. Lo importante, entonces, no es la verosimilitud, sino capturar la esencia del boxeador panameño y creo, en ese sentido, que lo ha logrado.

A Ramírez se le suma un Robert de Niro como Ray Arcel en su salsa, un Ana de Armas como Felicidad Iglesias sensual y provocadora, un Usher como Sugar Ray Leonard correcto y un Rubén Blades como Carlos Eleta alevoso. Un casting multicultural, engranado y totalmente entregado a la causa.

Además, la película no se queda en el mero homenaje. ya que deja algunos apuntes sobre la soberanía de Panamá y la corrupción dentro del boxeo sin llegar al patriotismo efervescente o al amarillismo simplón. Así que a falta de que el público de su veredicto, desde esta tribuna sola falta decir que “Hands of Stone” cumple las expectativas tan altas que se tenía sobre ella.

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"Hands of Stone" retrata a Panamá como nunca antes visto en el cine.