• Lo bueno: es la película de animación que los adultos gamberros estaban pidiendo a gritos.
  • Lo malo: proveerle una falsa hondura cuando realmente estamos ante una “Sodoma y Gomorra” gastronómico.

Soy contrario de redactar las premisas de las películas en mis reseñas, pero en esta ocasión haré una excepción, ya que “La fiesta de las salchichas” es, ante todo, un gran enganche argumental.

Los alimentos de un supermercado esperan ansiosos en sus estantes que los clientes del establecimiento, a los que consideran unos dioses, los eligan con la promesas de ser llevados a la Tierra Prometida… Sin imaginarse que realmente se dirigen a la más cruel de las engulliciones.

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La película se atreve a referir el sinsentido de la guerra en el Medio Oriente.

Hablamos, entonces, de una descabezada combinación del “Toy Story” de Pixar, de “Rebelión en la granja” de George Orwell pero, sobre todo, una gamberrada antisistema que apunta directamente a los estereotipos raciales, religiosos y políticos que habitan entre las barras y las estrellas de Estados Unidos.

El éxito de “La fiesta de las salchichas” reside no solo en su ingeniosa premisa, sino que los guionistas -Seth Rogen y Evan Goldberg a la cabeza-, son capaces de exprimirla de comienzo a fin para entregarnos una película impúdica, desternillante y, he aquí la sorpresa, con cierta hondura temática.

“Asegúrense de llevarse la protección necesaria que, en este caso, no se trata de un preservativo, sino una cabeza desjuiciada”

Estamos, sin duda, ante la película de animación que los adultos desvergonzados estaban pidiendo a gritos, ante el dominio cada vez más evidente que demuestra Disney en el panorama cinematográfico actual.

Y aunque es de agradecer las reflexiones que ofrece el filme sobre las hostilidades culturales y la endeblez de los credos religiosos, no hay que olvidar que en esta ocasión se va al cine con una destinación clara: ver a una salchicha penetrar a un panecillo de sugerente sonrisa vertical. Solo asegúrense de llevar la protección necesaria que, en este caso, no se trata de un preservativo, si no una cabeza desjuiciada. Solo así podrán disfrutar esta función al máximo.

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Si una salchicha resulta evidente, la sonrisa vertical de un hot dog es inesperada.