Para el colombiano, que participara como sonidista en el filme “Sultán” de Enrique Castro Ríos, el arribo de las nuevas tecnologías nos ha llevado a perder el rigor en el oficio del cine y la música 

Richard Córdoba llegó al cine cómo lo hace la mayoría de los compositores musicales y sonidistas para cine en Latinoamérica: de manera intrincada y causal. Osvaldo Montes, conocido por musicalizar el filme argentino “El lado oscuro del corazón” de Eliseo Subiela, rechazó en el 2001 la oferta de componer la banda sonora de la ópera prima de un director colombiano desconocido.

En ese entonces, el currículo Córdoba estaba marcado por el jazz y la música clásica, formando parte desde el saxofón de agrupaciones como LIU Big Bang, combo que hibridizó los ritmos colombianos más autóctonos con el jazz. También por su trabajo como ingeniero de sonido en recitales y conciertos.

El cine no era más que una aspiración. Una aspiración que estimulaba junto con un amigo productor de hip-hop juntándose a crear paisajes sonoros para películas que imaginaban jugando a ser compositores.

“A Panamá se le reconoce como la Dubai en Latinoamérica por su bahía de rascacielos, pero para mí esta tierra es una paraíso de flora y fauna. La modernidad no hace otra cosa que alejarnos de lo primario”

Fue ahí cuando llegó la propuesta del novel director y Córdoba la aceptó sin pensarlo, aunque la película no tuviera presupuesto y no fuera más que proyecto estudiantil. “Así fue como entré en el cine. Como se dice, yo estaba en el lugar corrector en el momento indicado”.

La película era “La sombra del caminante”. Y el director, ni más ni menos, que Ciro Guerra, el mismo que este 24 de julio se consagrara al recibir los galardones de Mejor Director y Mejor Película en los III Premios Platino de Cine Iberoamericano con “El abrazo de la serpiente”, además de ser nominado como Mejor película de habla no inglesa en la 88 edición de los Premios Óscar.

Desde entonces, Córdoba ha trabajado como compositor musical, sonidista e ingeniero de sonido para proyectos de corto y largometrajes de ficción y documental, entre los que se encuentra la panameña “Sultán”, de Enrique Castro Ríos, a estrenarse el año que viene, donde recogió el audio directo del filme.

Esta entrevista se realizó en el marco del Festival Ícaro 2016, donde ejerció de jurado seleccionador junto a Yolanda Barrasa y Annie Canavaggio:

¿CUÁLES SON LOS SONIDOS QUE CARACTERIZAN A “SULTÁN”?

“Sultán” tiene dos sonidos característicos. El primero es de época. Para lograr esta textura estoy trabajando en posproducción con unos plugins que me permiten recrear las cintas antiguas, lo que me permite darle más color a la parte digital y devolverme en el tiempo para ganar temperatura análoga.

El segundo sonido, es de ambiente. El entorno natural está muy marcado en la película, sobre todo con las cigarras, que de cierta manera se convierte en un personaje dentro del diseño sonoro, ya que además de recrear el entorno, están creando tensión dentro de la trama.

YA ME HABLASTE DEL SONIDO DIRECTOR DEL “SULTÁN”, PERO COMO FORÁNEO ME GUSTARÍA QUE ME HABLARAS DE PANAMÁ. ¿QUÉ SENSACIONES AUDITIVAS TE DEJA ESTE PAÍS?

El hecho de ser foráneo es bueno porque uno oye las cosas por primera vez, lo cual resulta sorprendente porque cuando uno tiene mucho tiempo viviendo en un entorno particular es inevitable mimetizarse y dejar de escuchar ciertas cosas.

Este país es un contradicción, porque a Panamá se le reconoce como la Dubai en Latinoamérica por su bahía de rascacielos, y aunque visualmente esos edificios son preciosos, para mí este tierra es una paraíso de flora y fauna. Lo que me dice que la modernidad no hace otra cosa que alejarnos de lo primario.

Esto me recuerda a “Sultán”, que tiene una escena hermosísima que es una metáfora de cómo la modernidad nos invade y rompe la magia de los natural. En ella, un niño que está en un bosque quiere tumbar con una cauchera un avión que está pasando muy lejos y muy rápido sobre él. 

EL CINE LATINOAMERICANO NO PARECE TENER UNA MELODÍA RECONOCIBLE EN CUANTO A BANDAS SONORAS SE REFIERE. ¿POR QUÉ NO HEMOS LOGRADO IMPONERNOS EN ESTE RUBRO?

Gustavo Santaolalla, en su momento, le hizo mella a ese concepto y creó un sonido reconocible. También se encuentran otros compositores destacados como Alberto Iglesias, Federico Jusid, Roque Baños y Antonio Pinto. Pero es cierto que hemos tenido pocas figuras que hayan trascendido más allá.

Hay que entender que el cine Latinoamericano posee una importante carga autoral y, por tanto, es un cine que está rompiendo paradigmas. Así que a pesar de que muchos directores les gustaría abordar sus propias películas desde un concepto orquestal tradicional, les da miedo el cliché porque están tratando de parecer poco al cine de Hollywood.

HAS DEMOSTRADO EN TU TRABAJO UN INQUIETUD DE CONJUGAR LAS HERRAMIENTAS DIGITALES CON LAS ANÁLOGAS. ¿QUÉ PERSIGUES CON ESTA FÓRMULA?

Yo siento que aunque actualmente hay buenos artistas, productores y herramientas técnicas, no tenemos los grandes músicos de antes. Yo no estoy oyendo la música que oí hasta la década de los 90. A mi me parece que estamos fallando en los contenidos que estamos consumiendo. El arte se ha vuelto muy banal.

Antes para hacer un disco había que joderse, porque prensar un disco no era cualquier cosa y cuando entrabas a un estudio de grabación te preocupabas porque todo fuera perfecto. Ahora, en cambio, todo se trabaja por canales y los productores no se preocupan tanto por la ejecución técnica porque siempre podrán grabar de nuevo. De cierta manera, ese también sucede con el cine. El rigor se perdió y eso me preocupa.

¿CÓMO SE PUEDE RECUPERAR EL RIGOR EN EL ARTE QUE MENCIONAS?

Hubo un momento en la transición del cine análogo al digital que nos perdimos. Por esta búsqueda de la perfección, perfección entre muchas comillas, lo que estamos consiguiendo es estandarizar el arte. Es como si uno no tuviera bacterias en el estómago, cuando el mundo es mucho más orgánico que eso.

Ahora todos los sonidistas usan los mismos micrófonos. ¿Tú crees que a ti te va a sonar distinto? ¿Por qué?. Por eso yo apuesto por las fórmulas mixtas, utilizando micrófonos digitales con grabadoras con nagra o cintas de una pulgada. Igual se puede hacer con la fotografía, pero de manera inversa: utilizando lentes análogos con backing digital. Tenemos que explorar. Solo de esa manera podemos recuperar el rigor y darle una verdadera identidad a nuestro trabajo.