A Guido Bilbao se le conoce en Panamá por su labor periodística. Como cronista, le ha tocado las narices a los políticos y poderosos de Panamá. Pero después de tanta cobertura mediática, particular después de la era Ricardo Martinelli, una nube negra se tornó sobre él tornando la opinión que tenía sobre el país donde nacieron sus dos hijas.

En cierta manera, “Es hora de enamorarse: Una historia entre bambalinas”, documental sobre la primera obra de teatro inclusiva de Panamá y Centroamérica, ha sido su manera de conciliarse con el país y demostrar el Panamá que nos han escondido.

Desde el poder se le impuso el juega vivo como la cultura nacional y eso es falso. El panameños no es nada de eso. Entonces esta película intenta contar ese otro país que nos dicen que no existe”, argumenta Bilbao al respecto.

Esta entrevista se realizó en el marco del Festival Internacional de Cine de Panamá (IFFP, en sus siglas en inglés), donde el documental tuvo su estreno internacional y fue galardonado con el premio Revista K al Mejor Documental de Centroamérica y El Caribe:

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¿Cómo te involucraste con “Es hora de enamorarse”?

Yo nunca tuve relación con personas con Síndrome de Down. Pero conocí unas mellizas, hermanas de una amiga, que vinieron a vivir con ella a Panamá después de la muerte de su madre. Lentamente, a medida que iba entrando en cotidianidad con ellas, empecé a relacionarme con libertad y alegría con ellas, hasta tal punto que descubrí un mundo nuevo que me pareció increíble. Antonella y Rocío me parecieron dos personajes de película, tanto así que hice la película.

¿Qué idea sobre el Síndrome de Down antes de dirigir el documental?

No pensaba nada, simplemente era una puerta que tenía cerrada. Hasta conocer a las “mellis”, yo no tenía relación directa con personas con Síndrome de Down y lo que sucedió fue que la realidad me sorprendió y pensé que esta experiencia que yo viví debería pasarle a más personas, y por eso hice la película.

¿Y ese desconocimiento no es una forma de prejucio también?

Por mi experiencia, sé que la gente le tiene miedo a lo diferente, le tiene miedo a la diversidad y está absolutamente inundada de prejuicios que son como una pared que te impide ver. Entonces uno choca con el miedo y los prejuicios, como una pelota de pinball, mientras los chicos están del otro lado. Es decir, la pared lo pone la gente, no la pone el Síndrome de Down. Y cuando esa pared se va, te encontrás en una situación nueva sorprendente y enriquecedora.

¿Qué hiciste para no jugar con el espectador y evitar la lágrima fácil?

En general, los directores trabajan para construir esa emoción. Pero en este caso, el proceso fue a la inversa, ya que la emoción estaba dada y lo que había que hacer era tener cuidado de los golpes bajos, de la lágrima fácil, de manipular emotivamente al espectador. Era un hilo muy fino e hicimos todo lo posible para no traspasarlo sin tampoco hacer un documental frío. El objetivo fue que la emoción no estuviera nunca por encima de los logros de los chicos.

“La crónica es a la literatura lo que el documental es al cine. Es decir, tratar la realidad con herramientas de la ficción” – Guido Bilbao (director de “Es hora de enamorarse”)

A Guido Bilbao se le conoce, sobre todo, por su trayectoria como periodista de política. ¿Qué te llevó a cambiar el formato escrito por el audiovisual con esta historia?

Esta película fue una reacción a tanta cobertura de las peores cosas de este país. Después de muchos años de cubrir sobre corrupción, violencia institucional, política y narcotráfico, estaba muy contaminado con Panamá a pesar de que elegí este país para vivir y tengo dos niñas panameñas que adoran su Panamá.

Entonces, “Es hora de enamorarse” fue la manera de reconciliarme con el país, en el sentido de contar una historia que mira a Panamá desde otro lugar, uno donde te encuentras con gente común que tiene mucha fuerza, que es muy trabajadora, que es muy solidaria y que además es muy alegre y está comprometida con su comunidad y su país. Es, en cierta manera, la contracara de los políticos panameños.

¿Y qué descubriste en ese trasvase entre lo escrito y lo audiovisual?

La colaboración. Yo vengo del periodismo político, pero yo me siento sobre todo un cronista. Y la crónica es a la literatura lo que el documental es al cine. Es decir, tratar la realidad con herramientas de la ficción. Eso lo puedes extrapolar a cualquier formato. Obviamente, hay lenguajes distintos, pero se trata de experimentar y de abrir las fronteras de tus capacidad y dejarte ayudar. Porque a diferencia del periodismo, que es un oficio muy solitario, el cine se alimenta del trabajo en equipo.

La dinámica de rodaje de “EHE” fue muy improvisada. ¿Con qué te quedarías del rodaje y qué harías diferente?

Yo no creo que volvería a rodar así, porque después toda esa improvisación la pagamos en la sala de montaje. Pero cada película es una escuela. Entonces en el fondo de lo que se trata es de tener el coraje de hacer las cosas a pesar de las limitaciones, que es lo mismo que hacen los chicos en el documental: ellos se animaron a hacer una obra de teatro y yo un documental. Y después, que sea lo que Dios quiera.

En el marco del IFFP anunciaste en exclusiva para la revista Variety el nombre de tu próxima película, “El bosque de las paradojas”. ¿Me podrías hablar más el?

El bosque de las paradojas” juega con la idea del regreso a las raíces y la búsqueda de la identidad de dos chicas que vuelven al Darién, pero por el momento no puede revelar más detalles del proyecto porque está en una etapa muy temprana de su producción.