Escrito por: Luis Lorenzo Trujillo

No hay género más polarizado en el cine que el musical: o lo odias o lo amas, sin tierra de por medio para negociar una tregua. Yo soy fanático, no tanto de los musicales clásicos como “Singin in the Rain” o “West Side Story”, sino los más alternativos como “Hedwig and the Angry Inch” o “Dancer in the Dark, apetencia que me pone en una posición incómoda con “La La Land”, una claro homenaje clasicista.

No solo eso. Atendiendo al ruido mediático que se ha generado alrededor de la película de Damien Chazelle (“Whiplash”) desde que se estrenase en el Festival de Venecia en septiembre del año pasado, sumado a sus siete Globos de Oro -entre ellos Mejor Película Comedia/Musical- y sus 14 nominaciones a los Oscar, evidencia que estamos ante la película del año. Tanto reconocimiento, tanto argumentación incontrovertible, no hace más que agregar peligro a este reseña.

ANOTHER DAY OF SUN

lala

Como ya demostraron en "Crazy, Stupid, Love", Gosling y Stone tienen una química incendiaria.

“La La Land” comienza con un número musical en un tranque en una autopista de Los Ángeles grabada en un plano secuencia que a pesar de ser el más edulcorado y atonal de la película, marca el tono de la historia que Chazelle está por contarnos, no tanto por su pericia técnica sino por la letra de “Another Day of Sun”:

I think about that day
I left him at a Greyhound station
West of Santa Fe
We were seventeen, but he was sweet and it was true
Still I did what I had to do
Cuz I just knew

Summer Sunday nights
We’d sink into our seats
Right as they dimmed out all the lights
The Technicolor world made out of music and machine
It called me to be on that screen
And live inside its sheen

Without a nickel to my name
Hopped a bus, here I came
Could be brave or just insane
We’ll have to see
‘Cuz maybe in that sleepy town
He’ll sit one day, the lights are down
He’ll see my face and think of how he used to know me

Behind these hills I’m reaching for the heights
And chasing all the lights that shine
And when they let you down
You’ll get up off the ground
As morning rolls around
And it’s another day of sun

“Another Day of Sun” canta de los sueños como motor de lo imposible. También del amor como un incómodo obstáculo en el camino. Este tema será recurrente durante toda la película, primero al estar enmarcada en la ciudad de Los Angeles, que con su letrero de Hollywood, sus estudios de cine, sus casas de cristal y su promesa del estrellato, es una factoria de estrellas. Pero también, no hay que olvidarlo nunca, de fracasados.

Segundo por sus protagonistas, Emma Stone como Mia -una aspirante a actriz que trabaja como camarera- y Ryan Gosling como Sebastian -un pianista que toca en banda de covers o en tugurios de extrarradio mientras reúne el dinero para abrir su propio club de jazz-, que utilizan su relación, primero tirante y después acaramelada, para impulsar sus sueños.

Mi problema con “La La Land” es que su discurso sobre la búsqueda del reconocimiento es enfermizo y no menos superficial. Mia abandona la universidad para probar suerte en Los Angeles como actriz, pero como una manera de alcanzar la fama y no por una verdadera sensibilidad artística, valores muy propio de las generación millennial.

Por su parte, las motivaciones de Sebastian, por lo menos en un principio, resultan más nobles: hay verdadera pasión y amor por la música detrás del club de jazz que piensa. También cierta ingenuidad en su mirada. Hablamos, cabalmente, de un tradicionalista. Solo que sus palabras no se sostienen: Seb no tiene reparo en aparcar su proyecto personal cuando alcanza el éxito con una agrupación que representa todo lo que el, en teoría, rechaza.

UN MUSICAL DE MUSICALES

Más allá del discurso que se pregona, la dirección de Chazelle es deslumbrante. A diferencia de su película anterior “Whiplash”, donde la fuerza visual se encontraba en el montaje, “La La Land” lo hace desde la calma y elegancia del plano secuencia.

Ahí se nota que el joven director venera al género como pocos, ya que como bien demuestra un ensayo que está corriendo como la pólvora esta semana en la web, su puesta de escena y los números musicales que orquesta son un guiño tras otros a los musicales clásicos de la edad de oro de Hollywood, así como a los equivalentes franceses de Jacques Demy.

En este sentido, se juega con la misma baza que “The Artist” utilizó hace cuatro años: la nostalgia -otro sentimiento, huelga decir, que han abanderado las generaciones actuales-. El éxito de la película, como acertádamente me comentó un amigo, reside en el hecho que recupera para la masas y también para las major, un género que hace tiempo no se hace con el cariño que vemos en pantalla.

Así que se da por descontado que en los Premios Oscar de este año, a menos que “Moonlight” diga lo contrario, se llevará todos los premios importantes de la gala. Pero a un largo plazo, no cambiará nada. El género seguirá igual de polarizado, porque como dice “The Audition (Fools Who Dream)”, este filme está hecho para los románticas y los soñadores… Pero para los cínicos, no es más que carne de cañón. ¿Tú de qué lado te encuentras?