Escrito por: Luis Lorenzo Trujillo

Con mucho entusiasmo y con una programación que bandeó entre lo local y lo experimental, inauguró la 4ta. edición del Festival Internacional de Cine Pobre Panalandia 2017. “Candy Pamela: El Documental” fue el primer plato fuerte que nos deparó el evento, aunque vale la pena decir que más por expectativas que por resultados.

El documental de la primera persona transexual en cambiar legalmente su nombre en Panamá resulta en exceso explicativa y carente de cinematografía. Además, al estar producido por la misma Candy Pamela el metraje resulta muy complaciente con su figura, a pesar de las nobles intenciones que persigue con esta pieza que no es más que visibilizar a su comunidad y desestigmatizarla -necesaria pero difícil tarea, considerando que algunos espectadores se salieron de la sala cuando entendieron de qué iba el cortometraje y otros mantuvieron un signo de interrogación sobre su cabeza durante todo el metraje-.

El año pasado tuve la oportunidad de entrevistarla y escribir un perfil sobre ella, por lo tanto, estoy familiarizado con su travesía personal y activista. El gran paradigma de Candy Pamela es que a pesar de su condición sexual, ella no podría ser más normal como mujer. Ninguna de las ideas preconcebidas hacia las personas transexuales aplica con ella. Pero a la hora de plasmarlo en un documental, se regodea tanto en su figura que, más que un documental, parece una postulación. Tal vez si nuestra protagonista se hubiese encomendado a la visión de un cineasta más experto y menos involucrado emocionalmente, se hubiese logrado el efecto deseado pero, en cambio, se quedó como una oportunidad perdida.

Sin duda, el mejor cortometraje de la noche fue “Tiempo de bagazo” de la directora panameña Alejandra García Peña, producto de su estancia en Casa Comal en Guatemala. La historia de Jacinta, un septuagenaria obsesionada con que su hija la visite a su casa y con que su árbol de mango de frutos de nuevos para seguir vendiéndolos en la calle, es una historia melancólica sobre la soledad de la tercera edad en donde, precisamente, dejamos de ser fruta madura y nos convertimos en el residuo de la misma. La fuerza de la historia se encuentra en su actriz principal y en una dirección de fotografía que nos provee unas imágenes fantásticas -Jacinta durmiendo a la luz de la luna debajo de su árbol de mango o apoyada en su cama mientras su pies se enraízan en el suelo como un árbol- verdaderamente sugerentes.

11402399_1593164480908391_2377667267822917416_o

"Tiempo de bagazo" de Alejandra García Peña.

Inmediatamente después de “Tiempo de bagazo” pudimos ver “Cabanga” de Arturo J. García, una historia de (des)amor protagonizado por el poeta del Casco Antiguo Alfredo Belda. En una hermosa fotografía en B&W, donde el encuadre busca constantemente el punto de fuga como en medio de una escapada, García logra transmitir en algunos momentos puntuales el despecho de su personaje -ese único plano a color de la película, quizás el último momento feliz de la pareja- pero “Cabanga” parece más un experimento formal y poético que una narración pura.

Para cerrar el primer bloque de proyecciones, estuvo “El Italiano”. La historia de Spencer Lau resulta intrigante en su arranque, con la recreación de esa especie de servicio secreto que escolta la llegada del sospechoso de haber secuestrado a un alto cargo del gobierno al que se alude en el título, nada más y nada menos que el omnipotente Nick Romano (“Kimura” y otros tres cortometrajes más en esta edición del festival). Con unas interpretaciones y un juego de idiomas ingenioso, eché en falta un final más convincente y no tan gaseoso, pero le doy el beneficio del entretenimiento.

Por último, tenemos “Red Vinyl” de los cineastas panameños Armando Millán y Gilma Montecer, producto de su proyecto de tesis en el New York Film Academy (sede Los Ángeles). Basada en la leyenda de la Tulivieja, este cortometraje de terror muestra una factura técnica impecable y conocimiento del género. La historia también tiene cierta resonancia emocional, con el desarrollo de la relación de las dos hermanas protagonistas. El problema de “Red Vinyl” es que peca de academicista y sus creadores parecen estar más pendientes de trabajar con referencias del género que crear una historia al que le hacía un poco más de locura.

En retrospectiva, esta primera jornada sorprende con un cúmulo de historias que muestran un compromiso, una manejo de las formas y unas ganas de contar historias diferentes a lo que se han visto en ediciones de este certamen a falta de comprobar lo que nos depara las siguientes tres jornadas competitivas de Panalandia.

Sin título

"El Italiano" de Spencer Lau.