Escrito por: Luis Lorenzo Trujillo

Dos temáticas marcadas tuvo la segunda jornada del Festival de Cine Pobre Panalandia 2017: las condiciones laborales de la región y la violencia. Los cortometrajes enmarcados en el primer rubro muestran el compromiso que ha perseguido en sus cuatro ediciones este certamen. Los segundos, develan una preocupante banalización del mal que es digna de estudio.

“Soñando la tierra”, “Trabajo informal”, “Sueño joven”, “Si es por amor” y “La sala de los ninis”, son alegatos contra las condiciones laborales centroamericanas, donde la informalidad, el desempleo y las pocas oportunidades para los jóvenes de encontrar un trabajo acorde al mundo en el que vivimos son el pan de cada día.

En ese sentido, me quedo con dos momentos. Al final de “Soñando la tierra”, documental dirigido por Jonathan González, Fabio Hernández y Angel Pajares, los personajes Erick Bernal (un campesino convencido pero abrumado por la sequía) y Samuel Frías (otrora productor de ají y ahora taxista) cambian impresiones sobre el trabajo en el campo sentados en una silla de madera en un potrero. El panorama, como lo pintan, es aciago. Pero más desolador resulta cuando el primero le pregunta al segundo si manejar taxi le resulta. Ese intercambio de mirada sin respuesta resulta más desolador que cualquier sequía.

La sala de los ninis

Detrás de cámara de "La sala de los ninis".

 

Ya me habían advertido de la comicidad de “La sala de los ninis”, producto de los talleres de “Introducción a la narrativa audiovisual de la productora itinerante Cine Nómada en el barrio Bamboo Lane en Colón. Pero a pesar de las buenas palabra no podía evitar sentir cierto recelo, ya que trabajos similares caen en la parodia de la pobreza y del ser colonenses.

Para suerte de este espectador y los demás presentes en la noche del miércoles en la Fundación Omar Torrijos, la ficción de José Morales Antioco (mejor conocido como “El Bakan”) exhibe unas actuaciones naturales que muchos personas con mayor formación actoral desearían para sí, un puesta de escena dinámica a cámara en mano que se aprovechan de la texturas y colores de los bloques de edificios de la barriada para convertirse en una ambientación única y un guión que a pesar de su evidente buena onda nos lleva a reflexionar sobre la cultura de trabajo del panameño. ¿Es cierto que la vaina está dura y no hay trabajo o nos regodeamos en las excusa y la desidia?

Sin importa cual sea la respuesta, un “nini” (aquella persona que ni estudia ni trabaja) es un fracaso de Panamá como sociedad, que se las ha apañado con sus contradicciones sociales, económicas y políticas para apagar la llama de generaciones enteras que prefieren reunirse en una sala jugando a la consola en vez de buscarse la vida o persiguiendo sus sueños.

Malo

"Malo".

Sobre los cortometrajes enmarcados dentro de la violencia, solo vale rescatar “Malo”, que a manera de cine mudo, estructura capitular y fotografía en blanco y negro, consigue contar la historia del génesis un psicópata de manera hipnótica. La película falla en sus diálogos, a veces largos y otras veces explícitos, pero hay ideas estéticas detrás de este trabajo. En cuantos a “El asesino”, “Max”, “Divorciarse sin casarse” y, sobre todo “Tortura”, hacen gala de violencia gratuita sin pretender contar una historia que justifique el sufrimiento que este servidor padeció visualizándolos.