Escrito por: Luis Lorenzo Trujillo

Con una programación de más de 60 cortometrajes cuesta ponderar el festival y balancear la calidad de la muestra competitiva de este año. Algunos de los trabajos más destacados de esta edición ya los mencionamos como “Tiempo de bagazo”, “Cabanga”, “Soñando la tierra”, “La sala de los ninis” y “Malo”.

Pasando la meridiana del Festival de Cine Pobre Panalandia 2017 encontramos el grueso de los contendientes, con “Corte”, “La cucarachita Mandi”, “What” y “Nacimientos”.

El primero es un drama de temática LGTB, sencillo -una sola locación y dos personajes, como deberían ser todos los cortometrajes-, un problema bien planteado y una metáfora que cierra elegantemente la historia. Para algunos, el trabajo de Jonathan Rángel parece una excusa para mostrar un beso entre dos hombres en pantalla. Ese argumento demuestra lo conservadores que todavía somos. Yo lo prefiero ver como el retrato del último día de una pareja: amargo y triste como un bolero.

“La cucarachita mandi”, de la artista multidisciplinaria Martanoemí Noriega en colaboración con Tomás Cortés-Rosselot de Cine Animal, es una belleza animada. Todos aquellos que tuvieron la oportunidad de verlo antes de su estreno en el festival me advirtieron: “Ponle el ojo”. Mi expectativas, en todo caso, residía en el hecho de que no se veía un cortometraje animado con este nivel de ambición desde hace mucho tiempo en los circuitos de cortometrajes de Panamá.

Inspirado en los relatos orales de “La cucarachita Mandinga” de Rogelio Sinán, nuestra protagonista está harta de las mujeres subyugadas en TV y por el machismo reinante en su sociedad. Pero, a pesar de ello, sigue creyendo en el amor, hasta tal punto de que se empolva, se peina y se pone colorete para participar en un concurso de parejas televisado. Ahí lo que encontrará serán los peores especímenes masculinos posibles.

Aquí no hay un Ratón Pérez que enamore a Mandi, como en el cuento original. Lo que hay es una decepción por el mercado bursátil del amor, a la baja no solo para ella sino para muchos por lo que me confiesan mis conocidos. Este coloca la producción de Noriega y Rosselot, en un primera lectura, como un cuento feminista. Sí, pero también en un llamado contra el miedo a estar solo. Mandi se atreve y se va a vivir a la playa y aunque no sabemos como va a erosionarla la soledad por el bendito “The End”, asumimos por su expresión que está satisfecha con su decisión. ¿Cuántos aquí pueden decirlo que lo están?
El siguiente en la parrilla es “What”, de Haslam Ortega. Después del exitoso recorrido que tuvo su “Re-FRESH” el año pasado, las expectativas eran altas con el siguiente trabajo de este director. Puedo decir que no decepcionó aunque no puede develar mucho ya que cualquier detalle tiene el potencial del spoiler y sé que su autor ha jugado con el secretismo con este proyecto.

Nick Romano, protagonista de “What” y uno de los actores más recurrentes dentro de la filmografía de cortometrajes de Ortega, asegura que todos los trabajos de su director forman parte, directa o indirectamente, de su HCU. Es decir, el Haslam Cinematic Universe. “What” es sin duda el más autoreferencial de todos, lo que demuestra un talento, un control de su obra y una evidente buena onda con el ejercicio de hacer cine que me recuerdan, salvando las distancias, al nivel de consciencia que posee J.J. Abrams con su productora Bad Robots. Lo único que puedo decir en contra es que “What” parece un trabajo más para los suyos, que para el público en general.

Por último, está “Nacimientos”. Sin duda, con “Soñando la tierra”, la propuesta documental más completa vista en el festival. Con una serie de entrevista a mujeres de las comarcas indígenas y una mujer del campo panameño, el colectivo nos lleva a reflexionar sobre la manera en que se manejan los partos en la actualidad.

Con sus estrictas medidas de seguridad, su atención impersonal, sus cuartos fríos e incandescentes, el cada vez mayor protagonismo de la cesárea y la fijación de las enfermeras por separar a madre e hijo, el alumbra a un hijo se ha convertido en una tarea cada más más inhumana.

Por eso, hay cada vez más personas que abogan por los partos naturales donde son las madres las que tienen el control del nacimiento del hijo y no el personal médico. Yo, al descubrir este fenómeno, aluciné porque algunas estudios científicos aseguran que la mayor alineación de la especie humana se debe a que cortan el cordón umbilical antes de tiempo y separan al bebé en incubadoras privándoles del contacto materno durante horas, inclusive días enteros.

“Nacimientos” nos vienes a recordar que no hay hay que utilizar ese juego de palabras tan redundante como “parto natural”, ya que en tiempos ancestrales los partos no era un negocio, sino un milagro cotidiano. El peligro, nos vienen a decir, es que estas prácticas se están perdiendo en nombre de los supuestos avances de la ciencia.