Escrito por: Carlos Silva Benítez

Viéndolos en fotos, a nadie se le ocurriría decir que Jim Morrison se parece a Francis Ford Coppola, y, sin embargo, son homólogos que se opusieron al conflicto bélico de Vietnam, pertenecientes a una generación de combatientes que sedaron los efectos desoladores de la guerra a base de rock n’ roll. Más notable aún, ambos se balancearon entre la genialidad y la maldición cuando crearon las obras entrelazadas que presentamos hoy en Sound&Vision: “The End”, de The Doors, canción que abre y cierra el film “Apocalypse Now” (1979).

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“Come on baby, light my fire”.

La película

En 1974, y tras un largo e infructífero período de gestación a manos de George Lucas, Francis Ford Coppola asumió las riendas de la adaptación de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, que mudaba la acción del Congo de finales del siglo XIX a la guerra de Vietnam para narrar la misión del capitán Willard, quien se adentra en la selva con órdenes de encontrar al renegado coronel Kurtz y ejecutarlo con “prejuicio extremo”, una premisa que da cabida a temas universales y, como anticipa el nombre de la novela de Conrad, a encontrar qué se esconde en el corazón de la humanidad.

Hablando de títulos, cabe conjeturar las razones para rebautizar la película como Apocalypse Now. El término proviene del griego “apocalypsis” y significa descubrimiento, aunque lo asociemos más a catástrofes o revelaciones religiosas. Por su parte, The Doors tomó su nombre del ensayo Las puertas de la percepción (de Aldous Huxley), influenciado a su vez por el poema El matrimonio de Cielo e Infierno (de William Blake).

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Esta correlación temática cimenta la sinergia entre película y canción. Ya no solo son contemporáneos, sino que comparten la búsqueda de la luz desde las tinieblas. Además, son equivalentes en lo atípico de sus respectivas ramas, pues The Doors no es una banda de rock al uso, ni Apocalypse Now una simple película de acción. Ambos se empapan en distintos niveles de misticismo.

La canción

Comencemos con The End, canción que, al igual que el film, se toma su tiempo en llegar al explosivo crescendo final, cortesía de Robby Krieger, John Densmore y Ray Manzarek, quienes interpretan una raga india a base de guitarra eléctrica (emulando una cítara), batería (una tabla), y teclado (una tanpura), respectivamente.

“The End” comenzó inspirada en la ruptura de Jim Morrison con su novia Mary Werbelow, pero fue cambiando durante meses mientras The Doors la interpretaba en el Whisky a Go Go, club que los había contratado en 1966 para tocar dos sets por noche, hasta mutar en un relato edípico alegórico al final del status quo, con frases tan rompedoras que le valieron a la banda, no solo su despido inmediato del garito, sino que la discográfica Elektra Records le obligó a cambiarlas en su disco debut.

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The Doors (izq a der): John Densmore, Robby Krieger, Ray Manzarek y Jim Morrison.

Por eso, más allá de la discusión sobre si Jim Morrison es un poeta heroico o un bufón farsante, sus aportes al género lo convirtieron en el rockstar por antonomasia, conduciendo a The Doors más allá de lo permitido, profanando la decencia y el buen gusto. Demoliendo paradigmas para crear uno nuevo.

Otro que se planteó destruir para crear fue Francis Ford Coppola. El infernal rodaje de Apocalypse Now, que de cinco meses se extendió a 16, acabó con su cuenta bancaria y la del estudio que financiaba la película, la salud física y mental de sus actores, hectáreas de selva filipina y la vida de un búfalo de agua que fue sacrificado ante las cámaras, produciendo una de las metáforas visuales más indelebles e impactantes del séptimo arte.

La escena

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Cuando se enteró que una tribu local iba a sacrificar al animal, Coppola decidió filmarlo para la película.

Contextualicemos la secuencia. Willard encuentra el campamento de Kurtz, quien le explica su apocalipsis personal: toda guerra es un viaje de ida sin retorno, ya que la única solución para terminarla es acabar antes con el propio ser. Se trata de una revelación que asola la cordura. La guerra vive en el corazón de la humanidad, por lo que, estamos condenados a vivir con ella. Darle fin significa estar dispuestos a liquidar nuestra condición espiritual y emocional.

Ante esto, Willard decide cumplir con su misión, ejecutando a Kurtz a estocadas. Alza su brazo y entonces el film pasa a un plano en el que un machete corta el cuello del búfalo. Es un momento muy difícil de ver. De fondo, la canción The End profiere perlas difíciles de escuchar. Así que, de manera simultánea y para máximo efecto, sonido y visión subrayan una verdad difícil de asimilar.

¿Querían apocalipsis ahora? Aquí tienen apocalipsis, pues:

(Advertencia: Esta escena contiene la ejecución real de un animal. Ver a discreción).

Francis Ford Coppola y Jim Morrison dieron el todo por el todo para liberar al arte de las cadenas de lo permitido y de lo aceptable, sin recato ante quienes tuvieron que llevarse por delante. Como Willard en la ficción, hirieron de gravedad a una vieja guardia para develarnos un nuevo arte más honesto, sin medias tintas.

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Nos obligaron a ver el horror, el horror.