Escrito por: Luis Lorenzo Trujillo

Antes de George Washington y Simón Bolívar, un pueblo se rebeló contra el dominio europeo en el continente americano. Fueron los cimarrones, ni más ni menos que negros profugos de la exclavitud que montaban comunas de palenques en medio de la selva con una organización social y costumbres ajenos del yugo español.

El cimarrón más famoso fue, sin duda, Bayano, que bajo su liderazgo no solo logró defender a su comuna del ataque de los españoles, ansiosos de erradicar cualquier brote de suveblación en la colonia, sino que también puso en aprietos financieros a la Corona al obligar a suspender el comercio marítimo en la zona por los asaltos que estos perpetraban a los blanco como desquite.

Fue tanto el deseo de los españoles por matar a Bayano, que torturaban a negros para sacarle la ubicación secreta del mismo. Hablamos de uno de los primeros líderos revolucionarios de América Latina, que ha pasado debajo de la alfombra de la historia pero por la imposición de la versión que nos implantó el Viejo Mundo -aunque también tenemos que admitir que muchos de nosotros nos hemos sentido cómodos con esta versión y no le hemos puesto en el centro la de los indígenas o la de los negros-.

Todas estos hechos y más sobre la llegada de los negros a América son narrados en el documental “Cimarronaje en Panamá” del japonés Toshi Sakai, que con esta pieza hace un homenaje a Portobelo después de que lo descubriera en un viaje al Istmo 40 años atrás, además de evidenciar la influencia cultura vedada que tiene en la historia de la humanidad.

Pero a pesar de mi asombro por esta pedazo de la historia que desconocía y que empodera particularmente al negro panameño, la falta de pericia cinematográfica de Sakai lastra su documental. Al final, “Cimarronaje en Panamá” se queda en el reportaje pictórica y me deja también la impresión de que como película se queda chica para un escaparate de la resonancia internacional que despierta el IFF Panama.