Escrito por: Luis Lorenzo Trujillo

Con el fulgor de haberse adjudicado el Premio del Público al Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Panamá 2017, llega a las salas de cine de Panamá “La Matamoros”, documental dirigido por Delfina Vidal, por encargo del ministro de trabajo Luis Ernesto Carles, sobre la líder sindicalista y feminista panameña, Marta Matamoros.

“La Matamoros” no podría arribar a nuestras pantallas en mejor momento. En tiempos cuando la corrupción, como el aire, parece estar presente en todos los aspectos de nuestra vida ciudadana, el rescate de la figura de Marta Matamoros resulta más que necesaria.

Hablamos de una mujer que alcanzó, a través de la lucha sindical y un sentido de justicia único, la incorporación del fuero maternal de 14 semanas para las mujeres en el primer Código de Trabajo en Panamá. Para ello, como se plasma en los libros de historia y ahora en el documental de Vidal, tuvo que imponerse al machismo imperante de la época y a la persecución política que la llevó a pasar una temporada en la cárcel.

El problema de “La Matamoros” es que aunque la figura que homenajea es una heroína apasionante, el guión del documental no hace nada para que la historia que se ve en pantalla esté a la altura de su protagonista. Simplemente, hay una falta de tensión dramática alarmante que no sabe aprovechar los momentos más álgidos de la vida de la retratado.

Asimismo, la apuesta de Vidal por ficcionalizar la vida de su protagonista, encarnada para la ocasión por Rossana Uribe, resultan decepcionantes. A veces forzadas, otras melodramáticas y muchas veces circunstanciales, estas escenas no aportan más que los testimonios presentados y nunca ahondan en la psique del personaje para ponernos en su piel.

Comentario aparte, merece el white washing que recibió Marta Matamoros con la elección de Rossana Uribe como la actriz encargada de interpretarla. Práctica común en Hollywood, siendo el ejemplo más reciente y polémico el de Scarlett Johansson en la película “Ghost in the Shell”, escoger una actriz caucásica para interpretar este papel, haya sido de manera consciente o no, es una práctica en la que no se debería caer en este crisol de raza que se llama Panamá.

A tres semana de haber visto “La Matamoros” y haberla dejado añejar, me da la sensación que a este documental le hizo falta mayor irreverencia. Presa del rigor histórico y el elogio, se echa en falta los claro oscuros, área donde reside la verdadera densidad humana de cualquier ser. También un poquito de flema: en vez de salir con el pecho hendido por el contudente discurso de esta mujer sin igual, salgo indiferente. Considerando el momento en el que vivimos, un poco de rabia, la que seguro sentiría Marta al comprobar cómo nos gobiernas nuestros líderes en la actualidad, no hubiera venido mal.