Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

¿Cuál es la forma del agua? Desde que se anunciara el proyecto, siempre me he preguntado a qué alude el título de la más reciente película del mexicano Guillermo del Toro. Sin duda, ese ejercicio de elucubración proveían imágenes hermosas y poéticas que nada tuvieron que ver el resultado final, a pesar de todo el prestigio que el filme trae a cuestas, incluyendo el Leon de Oro obtenido en el Festival de Venecia y las 13 nominaciones en los Premios Oscar.

Del Toro es un bicho raro en el panorama actual hollywoodense, no solo por su sensibilidad artística llena de monstruos y rumores, sino también por su posicionamiento en la industria. Aunque no ha sido un director exitoso en términos de taquilla, nunca le ha faltado trabajo. Debe su prestigio, sobre todo, a ese imaginativo e inquietante cuento de hadas llamado “El laberinto del fauno” (2016) y al culto que levantó con sus primeros filmes, entre ellos “Cronos” (1993), “Mimic” (1997) y “El espinazo del diablo” (2001), que le permitieron saltar a las grandes ligas. Pero desde entonces, la filmografía del mexicano está marcada de obras irregulares como “Hell Boy 2: El ejercito dorado”, “Pacific Rim” y “La cumbre escarlata”.

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Así, es fácil entender que Del Toro se juega gran parte de su crédito con “La forma del agua” y nos entregara su película más complaciente hasta la fecha. Cruce de “La Bella y la Bestia” y “La Criatura del Lago”, la película se queda a medio camino de lo que prometía al olvidar lo más importante que una película debe transmitirnos: emociones sinceras.

Situación que alcanza en tan solo dos momentos puntuales, como cuando dos gotas de agua danzan en el vidrio de un bus a toda marcha y otro cuando el personaje interpretado por Sally Hawkins inunda su cuarto de baño para danzar con su amada criatura acuática en el agua. En el resto del metraje, la película pasa frente a mis ojos como un entretanimiento ligero y a veces hasta rutinario.

“Del Toro se juega gran parte de su crédito con “La forma del agua” y nos entregara su película más complaciente hasta la fecha”

Las emociones, en cambio, son sustituidas por lo políticamente correcto. Los protagonistas, una muda, una negra, un homosexual y una criatura acuática, se enfrentan a un Michael Shannon, actor usualmente intenso y turbador pero que aquí parece una caricatura de Donald Trump. Todo esto ambientado en el auge de la Guerra Fría, un periódo que el mismo Del Toro ha dicho en la que ve similitudes al tiempo presente, al verse violado seriamente los derechos humanos por las ideología políticas.

“La forma del agua” tenía todo para ser una clásico instantaneo, pero no es más que una decepción. Eso confirma que el mexicano, que seguramente se llevará la estatuilla de Mejor Director en la próxima gala de los Premios Oscar no sé muy bien por qué, es mejor arquitecto que autor y que lo mejor que nos puede dar ya nos lo entregó hace doce años cuando nos llevó de la mano al laberinto del Fauno.