Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

“Una noche de calypso”, documental panameño dirigido por el argentino Fernando Muñoz, se presentó en África en América precidido por levantar de sus butacas y poner a bailar a los espectadores en las dos presentaciones que tuvieron en el Festival Internacional de Cine de Panamá 2018 (IFF Panamá), además de obtener el Premio Revista K – Mejor Documental en el mencionado certamen.

Así que las expectativas de su proyección el pasado domingo 13 de mayo en la Sala Gladys Vidal del Municipio de Panamá eran altas para este servidor, que aunque no sabe mover el esqueleto, por lo menos ha aprendido a afinar el oido para no quedar en evidencia. Hecha esta confesión, puedo decir que Muñoz y su equipo de colaboradores cumplieron las expectativas, al urgir un documental con derecho a baile o una clase de historia con música en vivo.

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¿A qué me refiero con esto? Aprovechando el concierto que realizó la agrupación Amistad en el 2014 y una serie de entrevistas a cada uno de sus integrantes, Muñoz monta un documental que es mucho más que un homenaje al calypso panameño, ya que su exploración del género lo remite a un tema aún más profundo como es la historia de la etnia negra en el Istmo.

Para ello, Muñoz estructura su documental en siete capítulos, a saber: “Calypso”, “Afropanameños”, “Amistad”, “Afroantillanos”, “Gold Roll, Silver Roll”, “Herencia” y “Futuro”. Estos títulos le permiten hablar del origen africano y antillano del calypso, la preferencia por la improvisación de sus intérpretes como si trovadores afrocaribeños se trataran y su gusto por los títulos nobiliarios, que redundó en nombres artíticos como Lord Cobra, Lord Panama o Lord Byron.

Estos detalles, narrados desde del carisma de estos músicos, están bien. También en su enfoque a algunos de los aportes de la raza negra a Panamá, que se expanden a la gastronomía y en un halo vitalista que los colonizadores, tanto europeos como norteamericanos, nunca pudieron doblegar y donde la música ha actuado como un bálsamo para sus espíritus.

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Fernando Muñoz recogiendo el Premio Revista K - Mejor Documental en el IFFP 2018.

Pero lo que separa a “Una noche de calypso” de cualquier otro testamento audiovisual, además de sus recursos cinematográficos sencillos pero muy bien logrados, es su inquietud por escarvar un tema más profundo y preocupante como lo es el racismo en Panamá. El documental no duda en señalar las precarias condiciones en las que fueron recibidos los afroantillanos a mediados del siglo XIX para la construcción del ferrocarril, continuando con el establecimiento de la Zona del Canal y la imposición modelo racial conocido como Gold Roll y Silver Roll en el Siglo XX y que sus consecuencias se extienden hasta nuestros días.

“Una noche de calypso” es un entrañable y necesario reconocimiento, que toma el testigo del trabajo realizado en la décadas pasada por el sociologo Gerardo Maloney y sus documentales “Calipso”, “Los Crooners” y “Megabanda”. Pero aunque sus 83 minutos de metrajes se sienten como una pachanga, no puedo evitar sentir al final de su metraje de que estamos ante el canto de cisne de la agrupación Amistad y a su vez de un homenaje póstumo al género si como país no se toman medidas urgentes para revitalizarlo. Sería, sin duda, una gran pérdida para la cultura de este país que tanto pregona su crisol de razas.