La directora de “Panquiaco” nos explica por qué planteó el estreno de su película en Panamá como una meditación colectiva, de su fascinación por la memoria y su necesidad de desoccidentalizar su mirada para poder grabar en Guna Yala

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Ana Elena Tejera, directora de “Panquiaco”, película panameña encargada de inaugurar el IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2020, nos invita a ver su ópera prima desde la vulnerabilidad. “A ‘Panquiaco’ no hay que entenderla. Esta película es un viaje, y a veces los viajes no tienen sentido. Hay que entregarse a ellos y quedarse con las sensaciones”.

No sorprende que planteara su estreno en el IFF Panama 2020 como una meditación colectiva sobre la cuarentena. Mientras en el mundo occidental la cuarentena está planteada para prevenir el contagio de enfermedades como el coronavirus, los guna la entienden como una cura para el alma.

El alma que hay que curar es la de Cebaldo, protagonista de “Panquiaco”. La enfermedad, es la nostalgia. Una nostalgia que también sufre su directora, que vive obsesionada con la memoria. Unas memorias que compartimos a continuación en esta entrevista:

DESDE EL EQUIPO DE “PANQUIACO” HAN PLATEADO EL ESTRENO EN EL IFF PANAMA 2020 COMO UNA MEDITACIÓN COLECTIVA SOBRE LA CUARENTENA. ¿POR QUÉ ESTE LLAMADO?

Una de las inspiraciones de “Panquiaco” es el baño medicinal dule, que es también una cuarentena. Consiste en 30 días donde el enfermo tiene que ponerse en un recinto sin recibir visitas, donde se baña con plantas medicinales y una chamán le canta. Este recinto es construido por personas del pueblo y, al mismo tiempo, las mujeres son las que le llevan comida y le cuentan historias. Toda esta colectividad hace que el enfermo pueda curar su alma y encontrarse consigo mismo y con la comunidad.

Otra cosa que me fascinó de estar con el pueblo guna, además de su resilencia y lucha, es el animismo. El animismo es esa forma de ver que todo tiene su alma y función. Las plantas tienen su función, las rocas tienen su función y cada ser humano tiene su función. Por ejemplo, cuando alguien va a cortar un árbol le pide permiso para talarlo o a una roca para curar a un niño con ella.

Entonces toda esta forma de relacionarse con la naturaleza y seres vivos nos lleva al conflicto que estamos viviendo en este momento. Es muy importante que no solo pensemos en nosotros. Esta película, su gran inspiracción y narrativa, es animalista. Es una narrativa circular y no lineal, inspirado en las formas del relato guna. En ella no hay una causalidad sino que la evolución se da de distintas formas.

Este apredizaje es muy importante compartirlo y es especial vivir la película como una meditación colectiva, justamente por el hecho de que intenta dialogar con todas estas formas y cómo nos entendemos los seres vivos.

¿CUÁL FUE LA SEMILLA DE ESTA AVENTURA CINEMATOGRÁFICA LLAMADA “PANQUIACO”?

Para mi las cosas siempre comienzan con un conflicto propio, que es el sentido de pertenecer a algo. Esto ha sido un conflicto para mí toda la vida y me ha llevado a cuestionar el lugar de dónde soy, este lugar que tiene dos mares, un lugar de tránsito, un lugar que es una accidente geográfico que conecta dos aguas y este lugar de paso afecta a las personas que vivimos aquí.

A partir de esto yo empecé a investigar con indígenas dule sobre relatos orales y me encuentro con la figura de Panquiaco. Esta es una figura desconocida dentro de los libros de historia, donde siempre conocemos a Balboa. Tenemos la estatua de Balboa, la cerveza Balboa, la moneda Balboa, los premios Balboa… Pero nunca escuchamos quién es Panquiaco.

Panquiaco es este ser según la mitología que acompaña a Balboa hasta el océano Pacífico. Ahí, Balboa dice: “Por la reina Isabel, soy el descubridor del mar del sur”. Entonces Panquiaco, triste por traicionar a su tribu, se entrega al mar. Mientras yo hacía esta exploración y escribía un guión, conocí a Cebaldo.

Mónica Mauri, una antropóloga catalana que ha vivido 20 años con los guna, me habló de Cebaldo. Lo agregué en Facebook, empezamos a hablar y tuvimos una conexión muy fuerte. Los dos teníamos el mismo conflicto, yo 26 años en ese momento, él con sesenta años. Teníamos la misma sensación, una especie de nostalgia a algo que ya no existía.

Entonces dentro de esta relación le propongo a Cebaldo que hagamos una película sobre el mito de Panquiaco pero también sobre él. De repente nosotros tenemos un conflicto. Estos conflictos son reales o ficticios, y tenemos traumas por ellos. Pero esa sensación vive en nosotros. Lo que pasa en “Panquiaco” es que trabajamos con personajes y conflictos reales, donde los escenarios son ficcionados.

A mi eso me parece que más que cine, es una experiencia, una sensación o un performance. Para Mariana Abramovic, un cuchillo en el teatro no es un cuchillo, pero en el performance sí lo es. Entonces en “Panquiaco” es una experiencia que empezó como una película pero se transformó en una experiencia colectiva.

REVISANDO TU FILMOGRAFÍA, ME DOY CUENTA QUE LA MEMORIA ES EL RESORTE QUE ACTIVA TUS PELÍCULAS. EN “LUCIAMOR”, ES LA MOLA; EN “REVELAR”, ES LA FOTOGRAFÍA ANÁLOGA; EN “PANQUIACO”, SON LOS SUEÑOS, QUIZÁS LA FORMA MÁS EXTRAÑA QUE TENEMOS DE LOS RECUERDOS. ¿POR QUÉ ESTA FIJACIÓN POR LOS RECUERDOS?

A mi lo que más me interesa de la memoria es que es abstracta y que es pura sensación. Tenemos un teaser de “Panquico” donde se ve un niño dentro de un tazón de metal dándose un baño medicinal. Para mi ese tazón de metal es mi recuerdo de mi abuela bañándome en una tina en la Mesa de Veraguas, pero yo no puedo tener una memoria exacta de ese momento. Lo que recuerdo es la sensación de bañarme en ese lugar. Cuando yo escribo un guión busco recordar esas sensaciones y poco a poco las voy convirtiendo en sonidos e imágenes. Muchas de esas memorias me las compartió Cebaldo y nuestra tarea fue llevarlas al presente.

¿CUÁL FUE LA PRINCIPAL ENSEÑANZA QUE TE DEJÓ RODAR EN LA COMARCA DE GUNA YALA?

Que la cámara no colonizara. Tuvimos que aprender que además de ser occidentales, teníamos que saber que tenemos un ojo occidental. Entonces cómo analizo cómo quiero documentar esto. ¿Voy a ser exotista? ¿O voy a llegar a la esencia de este lugar y la sensibilidad de este pueblo? Entonces eso implica, como todas las relaciones humanas, tiempo, respeto, dedicación y entrega. Eso fue muy básico en el equipo que trabajó la película, y por eso tuvimos aceptación en la comunidad, aunque para otras cosas no, como el guión original. Esto dio pie a que se adaptara la historia para que se sintieran cómodos.

HAN DICHO QUE “PANQUIACO” NO ES NI FICCIÓN NI DOCUMENTAL, SINO UNA PELICULA HÍBRIDA. ¿QUÉ SIGNIFICA ESE CONCEPTO?

Yo sufro los contenidos estructurados, entonces cuando yo imagino un proceso creativo viene de diferentes formas. Entonces cuando empecé “Panquiaco”, que es mi primer todo, llegó un momento donde dejó de ser una película documental y pasó a ser sensaciones. Ahí es donde entra esta idea donde tomamos estos personajes con conflictos reales que ellos mismos interprenten dentro de escenarios ficcionados.

¿Y EN QUÉ MOMENTO “PANQUIACO” DEJÓ DE SER UN DOCUMENTAL?

No sabemos en que momento dejó de hacerlo. Eso es lo hermoso. Se fue dando poco a poco. La producción lo sufrió muchísimo económicamente, pero lo que pasa con “Panquiaco” es que nosotros fuimos con una idea y nos dimos cuenta que no estaba funcionando. Estábamos ya en rodaje, con mes y medio por delante en Guna Yala y se transformó en lo que vemos en la película. Las narrativas se cambiaron de forma improvisada, pero para mí lo hermoso de todo proceso es escuchar. La película me estaba pidiendo esto y tuve que aceptarlo.

HABLANDO DE ESCUCHAR, ME COMENTABAS QUE UNA DE LAS COSAS QUE LAMENTAS DE ESTE CONFINAMIENTO ES QUE “PANQUIACO” NO PODRÁ VERSE Y, SOBRE TODO, ESCUCHARSE, EN LAS SALAS DE CINE

No lo puedo negar. Estoy muy contenta de compartir la película de forma online. Sin embargo, yo soy fiel creyente del ritual de ir al cine. Pienso que cuando uno va al cine, la imagen es limitada, pero el sonido nos envuelve. Es mucho más grande que la imagen, y mucho más complejo crear una sensación a través del sonido.

En ese sentido, tuvo la fortuna de trabajar con Camilo Martínez, que es el sonidista y diseñador sonoro de la película. Camilo es una persona muy sensible y entendió que el recuerdo a veces no estaba en las imágenes sino en el sonido. Entonces ese trabajo de textura daban mucho poder a la imagen, por que nos hacían llegar a algo menos concreto e iba directo a las sensaciones.

OTRA COLABORACIÓN DESTACADA DE LA PELÍCULA ES LA DE MATEO GUZMÁN, DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA COLOMBIANO QUE DEBUTÓ, NI MÁS NI MENOS, CON “LA TIERRA Y LA SOMBRA”. ¿CÓMO LOGRARON SUMARLO A SU EQUIPO?

Yo me siento atraída a cierto tipo de cine y quise buscar a alguien que tuviera sensibilidad a esas formas. Originalmente, busqué al que es su pareja de trabajo pero no estaba disponible, así que este me recomendó a Mateo. Tuve contacto con Mateo, nos conocimos en Panamá y nos fuimos a Ustupu por mes y medio.

Hay una conexión de trabajo muy linda con Mateo, por que él se toma tiempo para mirar y sentir. Fue muy lindo el hecho de sentir y convertir esas sensaciones en imagenes. Como muchas cosas empezaron como una improvisación, había que ser muy sensibles e intuitivos a la hora de encuadrar.

¿QUÉ SIGNIFICÓ PARA “PANQUIACO” SU ESTRENO EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE RÓTERDAM?

Fue muy hermoso por que Róterdam es un festival, que a pesar de ser grande, es muy familiar. Se le dio muchísimo valor a la película. “Panquiaco” gustó mucho y después de Róterdam, salieron muchas oportunidades que ahora se deben transformar por la situación en la que estamos. Estoy agradecida de haber vivido ese festival, por que hay muchos directores que están estrenando online su primera película y no es igual. Poder compartirla en colectivo es lo lindo.

¿CÓMO TE SIENTES POR NO PODER ESTRENAR “PANQUIACO” EN LOS CINES PANAMEÑOS POR LA CRISIS SANITARIA DEL CORONAVIRUS?

Nos ha afectado mucho, por que Róterdam fue un punto muy alto de poder compartirla y la mayoría de los festivales están cancelando o pasando al formato digital. En un festival también aprendes, interactúas, compartes y eso es importante para el cine, más cuando son películas que son experimentales y buscan otras narrativas. Esto me tiene muy triste y estamos viendo cómo se transforma. Tengo la esperanza de que pueda ser compartida en forma colectiva, por ejemplo en Guna Yala.