Después de “Aquarius”, el director brasileño regresa con un western retrofuturista con toques de realismo mágico que es una clara crítica clara al gobierno de Jair Bolsonaro

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
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“Si te vas, vete en paz”.

Es la frase de un letrero que informa que Bacurau, un pueblo inhóspito en el estado brasileño de Pernambuco, está a 17 kilómetros de distancia. La advertencia es necesaria, ya que lo que veremos a partir de ese instante nos traerá todo menos calma.

Sucesos extraños empiezan a darse en el lugar, donde sus habitantes están afligidos por la muerte de su matriarca, una vieja matrona que vivió hasta los 94 años de nombre Carmelita. Aunque no hay tiempo para el luto, ya que la realidad los apremia.

Ellos tienen que lidiar con el problema de la falta de agua, ya que el Estado privatizó el servicio y les quitó el acceso. Además, el gobernador que debe procurar por ellos solo hace acto de presencia para intercambiar votos por alimentos con la fecha de expiración vencida, libros roídos y medicinas con perturbantes efectos secundarios.

“Bacurau” pierde la turbiedad que la hacía tan sugerente al reducir e incluso vulgarizar el mal que acecha a sus protagonistas. Lo que antes era misterio, ahora tiene la sutileza de un puñetazo en la cara.

El trabajo de dirección que realiza Kleber Mendonça Filho en este primer acto, en especial en la recreación del pueblo y sus habitantes, es fascinante. La película reúne un elenco muy atractivo liderado por la legendaria Sonia Braga y unas locaciones que revitaliza el sertao, esa especie de medio oeste brasileño que mitificó las películas de Glauber Rocha, Nelson Pereira dos Santos o Ruy Guerra.

También resulta sugerente el misterio que se levanta sobre el lugar, empezando por su desaparición repentina de los mapas satelitales. Ante este panorama tan desolador, en Bacurau aplican el lema “El pueblo unido jamás será vencido”. Pero, ¿será suficiente para enfrentar el terror que se cierne sobre ellos?

A partir de aquí la película se transforma en un pasticho de géneros -o un guacamole, como dijo Alejandro González Iñárritu- que combina el spaghetti western, la ciencia ficción, el realismo mágico, el terror gore y el drama social. A nivel formal, esta mezcla resulta atractiva y novedosa.

Pero también es cierto que a partir de este punto la trama sufre y empieza a perder esa turbiedad que la hacía tan sugerente. La razón de este descalabro es sencilla: Mendonça Filho no banaliza el mal, sino que lo reduce e incluso vulgariza. Lo que antes era misterio, ahora tiene la sutileza de un puñetazo en la cara.

Desde que estrenó en el Festival de Cannes 2019, donde se adjudicó el Premio del Jurado (ex-aqueo), el realizador ha dejado claro que “Bacurau” es una crítica contra las políticas de la derecha extrema y, en especial, el gobierno del actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.

Una lástima, ya que la película ve reducida su ambición a esto. En cambio, cuando el enigma se mantenía y solo se oteaba su sombra, el filme parecía palpar con sus imágenes algo más oscuro e intangible que el despota de turno: lo indefensos que estamos ante la ponzoña del capitalismo y, por tanto, que no hay paz posible en este mundo.

Todavía pueden ver “Bacurau” en La Subterranea.


Crítica: “Bacurau”, si te vas, vete en paz
Lo bueno: su sugerente pasticho de géneros, que combina el spaghetti western, la ciencia ficción, el realismo mágico, el terror gore y el drama social.
Lo malo: la manera en la que Kleber Mendonça Filho no banaliza el mal, sino que lo reduce e incluso vulgariza cuando se revela el misterio.
3.5Nota Final
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