*Lo mejor: el duelo, entre los equipos Capitán América vs. Iron Man, en el aeropuerto y la comicidad del Hombre Hormiga, Ojo de Halcón y el ahora sí sorprendente Hombre Araña.

*Lo peor: la sensación que el Universo Cinematográfico de Marvel está apunto de expandirse más allá de lo recomendado.

Cuando el género de los superhéros estaba dando evidentes muestras de agotamiento, después de las agridulces “Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia” y “Los Vengadores: La Era de Ultrón”, llega “Capitán América: Guerra Civil” para recordarnos por qué seguimos asistiendo con fe ciega a cada presentación que nos tiene preparada Marvel y DC Comics: la diversión.

Todo se condensa en el esperado duelo del aeropuerto, donde el equipo de Capitán América (compuesto por El Soldado de Invierno, Ojo de Halcón, Halcón, Hombre Hormiga y Bruja Escarlata) se enfrenta al equipo Iron Man (Viuda Negra, Pantera Negra, Máquina de Guerra, El Hombre Araña y Visión), como el punto más álgido que nos ha deparado hasta ahora el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM).

Y no lo es, precisamente, por la acumulación de figuritas, sino por su rescate de la seña más característica del tebeo: la acción hablada, con sentido y como catarsis cómica y emocional. Cada duelo que se da durante esos quince minutos de garrotazos es una ponchera, especialmente aquellos que involucran al Hombre Hormiga, Ojo de Halcón y el ahora sí sorprendente Hombre Araña.

Hago un inciso con Tom Holland y su interpretación arácnida, para asegurarles de que no tienen de qué preocuparse. Esta tercera versión del personaje resulta particularmente hilarante y ligera, ya que en vez de caer en la depresividad que dieron muestra Tobey Maguire y Andrew Garfield, nos encontramos más bien ante un adolescente que entre su su efusiva hormonalidad, torpeza social y mundanalidad escolar, saca tiempo para patear unos cuantos traseros licrados.

Aunque si la “Capitán America: Guerra Civil” resulta realmente satisfactoria, es por la intimidad de su trama. Aquí no hay ningún villano megalómano queriendo destruir el mundo, sino dos hermanos de guerra con dos argumentos válidos, pero contrastados, propios de un mundo lleno de fricciones. Como explaya Visión, con ese gravedad filosófica que insufla cada uno de sus diálogos, la ostentación de poder es una invitación al conflicto, y el conflicto solo puede generar catástrofe.