Lanzar contra la luz todos los peces
y evitar que las redes los atrapen,
que los muerda el anzuelo con su boca
curvada en la violencia de morir.
Desanudar la asfixia, trabazón,
bocanada de anhídrido y espinas…”

María Ángeles Pérez López

Escrito por:
Charo García Diego
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La película de la directora panameña Ana Elena Tejera recoge con mesura y delicadeza la vida de Cebaldo, un hombre indígena tranquilo y reposado que vive en Portugal y trabaja en un barco pesquero.

Asistimos a su día a día más inmediato. Le vemos en el trascurso de sus actos cotidianos: levantarse de la cama por la mañana, ducharse, poner la comida a su gato, tomarse una cerveza en un bar… Hombre reservado, introspectivo y calmo.

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Cebaldo cambia impresiones con sus compañeros en el barco mientras faenan y las redes capturan a los peces. En un momento determinado hay un punto de inflexión en la película que nos indica las pautas por donde la misma va a transitar.

Imágenes hermosas de un lugar intrínsecamente diferente invaden la pantalla. Vestida de colores rojos, una anciana guna amerindia nos lleva a Panamá: estamos en Guna Yala. Un plano detalle de sus trabajadas manos inunda la pantalla, el espíritu de Bresson nos arrastra. Un niño juega libremente, por un instante vemos como ayudado por su madre recibe un baño en un recipiente ovalado lleno de plantas medicinales.

Un oriundo canta una canción tradicional alusiva que nos habla de las semillas que volaron con el viento y fueron a depositarse en otras tierras. Un maravilloso plano secuencia nos muestra a Cebaldo ya en Guna Yala, allí en la casa de sus padres, refugio de su niñez, donde su abuelo narraba historias que siempre sintió como imaginarias, aunque en realidad eran las vidas de sus antepasados y los sucesos que vivieron.

En un juego con la memoria y el poder curativo de las plantas, Tejera nos introduce la costumbre del lugar. Irrumpe en la pantalla otro plano detalle de una mano de hombre que acaricia un árbol. Ahora la cotidianidad es otra, Cebaldo y su hermano se bañan en el rio, aquel que guarda las almas de otrora otros hermanos que se reconocieron como tal una vez que la imagen de sus cuerpos y sus rostros les fueron devueltos por el espejo del agua del rio.

Por un momento siento la vergüenza social al recordar a Vasco Núñez de Balboa cuando en el siglo XVI desembarcó en el Caribe rompiéndole la paz a los indígenas guna, aniquilándoles y persiguiéndoles sin piedad.

Panquiaco, el hijo del cacique, acompañaba y mostraba la selva Darién hacia el océano Pacífico. En las cabezas de las mujeres guna un pañuelo lleva dibujada una bandera (roja y gualda, casualmente) y dentro de ella como anagrama una esvástica, símbolo del genocidio.

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También podremos asistir a la visión teatralizada que tiene Tejera del centenario de la revolución Dule, que muestra como entre febrero y marzo de 1925 los indígenas se revelaron ante las autoridades panameñas en respuesta a las agresiones sufridas por las fuerzas de la occidentalización a las que fueron sometidos. Restos de la barbarie aparecen en la iglesia cristiana abandonada donde podemos observar frescos de los indígenas gula.

Cuando al inicio de la película se lee en unos letreros sobre fondo negro “La mar no era agua, ni cosa, ni persona. Era la madre, la memoria y el pensamiento”, nos alertamos de la espiritualidad que los silencios de Cebaldo guardan. No en vano tomará un baño purificador, donde el simbolismo pacificador con su alma aparece como acto conciliatorio con el universo.


SOBRE LA AUTORA

Charo García Diego (Salamanca, 1961) es pedagoga, socióloga y psicóloga Social. Organizadora, coordinadora y difusora en los medios de comunicación de actividades culturales desde 1990 en España. Ya en sus inicios universitarios, estudia, investiga y escribe crítica de cine. Sus intereses giran en torno a la difusión de culturas transversales, multipluridisciplinares y versátiles que aporten enriquecimiento formativo a las nuevas generaciones. En la actualidad, coordina el libro “Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI” de la editorial Extravertida, que verá la luz en septiembre 2021 junto a una Muestra de Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI, que recorrerá varias ciudades españolas y foráneas. Colaboradora habitual en la revista digital LADOBERLIN.


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