Iniciamos nuestra colaboración con Cine Cubano en Cuarentena con “Molina’s Borealis”, del director de culto cubano Jorge Molina

Escrito por:
José Luis Aparicio Ferrera
joseluisaparicioferrera@gmail.com

La obra del cineasta Jorge Molina (a.k.a. Molinator para los amigos, estudiantes y admiradores que lo rodean como a un verdadero gurú cinematográfico) es de las pocas, quizás la única, que podría considerarse de culto dentro del panorama fílmico cubano.

Nacido en el oriente de la isla, en el pueblo de Palma Soriano, descubrió desde bien temprano su pasión por el séptimo arte, después de ver “Los malos duermen” bien de Akira Kurosawa. Desde entonces, la cinefilia de Molina emula la vocación de un jesuita.

Luego de un corto período de estudios en la Unión Soviética, lastrado por la caída del campo socialista, se graduó en la EICTV de San Antonio de los Baños con “Molina’s Culpa” (1993), cortometraje que inauguraría una poética autoral marcada por el pastiche y el gusto por lo bizarro, mezclando el horror, el noir y la ciencia-ficción como quien elabora un chop suey potente y misterioso.

Después vendrían cortos como “Test”, “Solarix”, “Mofo”, “El hombre que hablaba con Marte,” hasta llegar a “Molina’s Ferozz”, su primer y único largometraje hasta la fecha. Esta farsa macabra, cumbre del latin horror e inmersión en los abismos pesadillescos del campo cubano, lo consagraría como una de las voces más radicales y transgresoras de la cinematografía regional.

Luego del impacto de Ferozz, iniciaría la llamada etapa rosa de su filmografía, determinada por la inclusión del melodrama en sus habituales exploraciones intergenéricas. “Molina’s Borealis” es uno de los más hermosos exponentes de esta zona de su producción.

Un corto minimalista, sin diálogos, en apariencia desdramatizado, pero que esconde en su esencia una tierna historia de amor. Todo lo anterior parecería negar la personalidad autoral que se ha forjado Molina, pero, como en todo gran realizador, no abandona sus obsesiones y fetiches ni siquiera cuando parece adentrarse en nuevas direcciones. Es a veces en estas fugas cuando esa marca de intensidad se reafirma y se rehace. Adquiere, sin traicionarse, una nueva dimensión.

Si les interesa conocer más sobre la obra inicial de Jorge Molina, les recomendamos el artículo “Molina’s Chop Suey o el síndrome del restaurante chino”. También les invitamos a leer la columna de Cine Cubano en Cuarentena que tenemos en Rialta Magazine. Por último, los invitamos a seguirnos en nuestra página de Facebook e Instagram donde hemos compartido más películas, columnas de opinión, entrevistas, listados y mucho más sobre el cine cubano.