El documental de Claudio Carbone denuncia la pérdida de territorio de los indio térraba, a pesar de que la Ley Indígena de Costa Rica los protege. También comparte un ejemplo real de compromiso medioambiental

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
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En 1977 se aprobó en Costa Rica la Ley Indígena, proyecto legislativo que considera el derecho de los pueblos indígenas a sus territorios tradicionales. Esto quiere decir que estos espacios son inalienables, imprescriptibles, intransferibles y exclusivos de ellos.

Dicen que el papel lo aguanta todo, pero el documental “Hasta que muera el sol” de Claudio Carbone demuestra que las leyes están hechas con la misma cualidad que las palabras: se las lleva el viento.

Esto deja en evidencia a Costa Rica, que ha hecho de la ecología su marca país. Por eso impresiona cuando Adan, uno de los protagonista de la película, expresa harto: “El gobierno es una mierda, no les interesa nuestro territorio. Solo nos interesa a nosotros”.

Con su territorio se refiere a Térraba, una de las ochos comunidades indígenas que habitan el país tico. Adan sueña con crear una finca sostenible, mientras que Byron está preocupado por preservar las tradiciones del pueblo, en especial el lenguaje que ya nadie habla fluido.

Pero hay un peligro que se cierne sobre los térraba: la pérdida de su territorio. A pesar de estar protegido por el Estado, esto no ha evitado que sea ocupado ilegalmente por campesinos, empresas madereras o proyectos hidroeléctricos.

Aunque la situación es mucho más compleja, ya que los viejos sabios cuestionan a la autoridad de los territorios indígenas, ya que su junta directiva está compuesta por personas no indígenas y ellos toman decisiones arbitrarias que los afecta en su lucha.

También se cuestionan el compromiso de ellos mismos con el territorio cuando dicen que muchos “prostituyen el pueblo por cinco colones”, haciendo la referencia a la moneda oficial de Costa Rica.

Aunque más allá de las denuncias, “Hasta que muera el sol” destaca por sus enseñanzas medioambientales. Adan visita a Paulino Nájera, conocido como el arquitecto del bosque, para contemplar su trabajo en la finca San Andrés.

En algún momento del recorrido, mientras hablan de sostenibilidad, Nájera le dice a Adam: “Hay que crecer dos cosas, la comida pero también lo espiritual”, insinuando que la crisis medioambiental es resultado de una crisis espiritual.

Byron, por su parte, escucha una vieja leyenda térraba sobre Sibö, un antiguo dios indígena que castigó a su pueblo luego que construyeran una casa que avanzó más de lo debido. Así que Sibö los expulsó y los obligó a buscar más allá de sus fronteras el corazón de la tierra. Solo hasta entonces, podrían regresar a casa y descansar en paz.

La alusión al título es también una enseñanza importante: los térraba tienen la costumbre de trabajar de manera incansable desde que sale el sol hasta que se esconde. Por su cultura, ellos consideran parte de su trabajo la defensa de la tierra. Tal vez deberíamos involucrarnos de la misma manera, después de todo es nuestra responsabilidad también.

*Película vista en Panalandia – Festival de Cine Pobre Panameño y Centroamericano 2021