Lo mejor: su pluralidad de voces nos permiten adentrarnos en la selva como nunca antes lo habíamos hecho antes.

Lo peor: Su primer acto, más cercano al cine de denuncia, resulta recursivo.

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

La provincia de Daríen ha actuado como un poderoso imán para los cineastas locales, ávidos de historias que contar. Sin duda, por su condición fronteriza, selvática y relegada, el drama está a la orden del día en este territorio.

Siempre he pensado que dentro en esta fascinación por el Darién, hay más romanticismo por la aventura que un verdadero interés cinematográfico. En el caso particular de “Tierra adentro”, ganador del Premio Revista K – Mejor documental del IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2019, temo lo mismo en un principio.

En su primer acto, el director Mauro Colombo se toma la tarea de entrevistar a refugiados en Panamá. También acude a conservacionistas, que denuncian la tala ilegal de árboles. Patrulla junto con comandos policiales, que describen cómo el narcotráfico se ha apoderado del lugar. Habla con biólogos, que lamentan la paulatina extinción de las especies endémicas.

Esta vertiente más terrenal de la película me resulta recursiva, no por insensible sino por ya vista. Es cuando Colombo se olvida de la denuncia y explora el misterio más profundo que resguarda la selva, que su documental coge vuelos y nos ofrece una experiencia que roza lo místico.

Particularmente valiosas me resultan las voces de Arístides Berrugate, un viejo curandero indígena que nos habla del espíritu de las plantas. También está el biólogo Ricardo Moreno, que ha dedicado su vida al estudio del jaguar, un animal que el mismo define como una sombra, una descripción con la que es inevitable comparar al mismo Darién, que es de alguna manera la sombra del país.

Escuchamos a Melinda Roper, una misionera anglosajona que a pesar de ser testigo de los peores terrores en Centroamérica, nos habla con una sabiduría que está más allá de cualquier credo o religión del misterio de la vida, el valor de la belleza y la crisis ecológica como resultado de una crisis espiritual.

Sin olvidar a Manuel Romero, que comparte una de las enseñanzas más lúcidas que he escuchado sobre el por qué hacemos lo que hacemos cuando lo tenemos todo en contra. En su caso particular, es la defensa de la naturaleza, la cual acepta sin pudor que está perdiendo la guerra.

“Pero lo que hacemos es tratar de ganar batallas, porque estas batallas significa ganar tiempo, el tiempo suficiente hasta que puedan venir las fuerzas que nos permitan conservar los bosques antes de que los destruyan totalmente”, dice.

Sin duda, así como “Tierra adentro” gana como película al olvidarse de la parte más tangible del Darién, el espectador apreciará mejor este documental cuando deje la lógica a un lado y se entregue totalmente al sacramento de la selva.