A “Días de luz” le va mejor mientras más se atiene a su premisa. Aunque su interés reside más en su modelo de producción que en su relato cinematográfico

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Continuamos con nuestra cobertura del IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2020, esta vez con “Días de luz”. Dirigida por Enrique Pérez Him de Panamá, Mauro Borges de Costa Rica, Gloria Carrión de Nicaragua, Julio López de El Salvador, Enrique Medrano de Honduras y Sergio Ramirez de Guatemala.

Esta película tiene suficientes nacionalidades para considerarse el primer filme centroamericano de la historia del cine, aunque Belice no forme parte de ella. No recuerdo en mi cabeza, filmoteca personal o libro de historia consultado, ejemplo igual.

Ustedes se estarán preguntando en qué momento me convertí en agente aduanero, al hacer tanto énfasis en la procedencia migratoria de este proyecto cinematográfico. No es en vano, se los prometo. Gran parte del interés de “Días de luz” reside justo en esto.

RESPETANDO LAS REGLAS DEL JUEGO


Después de una tormenta solar de cinco días, un apagón misterioso deja a América Central sin electricidad y priva a 47 millones de personas de la tecnología más básica. Durante este tiempo personajes de cada país enfrentarán la vida en los términos más básicos, al estar completamente desconectados de las tecnologías de hoy.

Esta es la premisa de “Días de luz”, una película que se siente como una sola y no como una que contiene seis cortometrajes dirigidos por varios directores. Aunque también es cierto que las historias que mejor funcionan son las que más respetan las reglas del juego que la misma película establece.

Me explico: mientras hay segmentos como el de Panamá, Guatemala, El Salvador y Costa Rica que utilizan el apagón como el primer punto de giro de guión, la facción compuesta por Honduras y Nicaragua no parece inmutarse por el fallo eléctrico o este elemento se puede cambiar por cualquier situación más cotidiana sin cambiar los acontecimientos.   

Sin duda, la historia más entrañable de la seis es la de El Salvador. La odisea de esa abuela y su nieto empecinados en llegar a la ciudad para visitar a un familiar hospitalizado, está lleno de matices cómicos, entrañables y emotivos, que arroban de manera expedita nuestro corazón.

Panamá se diferencia al ser la única que se desarrolla en área urbana. Enrique Pérez Him le imprime como director y guionista el apunte social que tanto caracteriza su obra previa. Pero a diferencia de “Kenke”, no explora este tema desde la comedia sino el drama sosegado.

Eché en falta más tensión en este duelo de clases sociales que enfrenta a una trabajadora doméstica y la patrona de un apartamento lujoso en ese cementerio de rascacielos que es la bahía de Panamá. Hay, en cambio, comprensión, el gran tema que maneja el filme en todos sus capítulos.

La historia de Guatemala carece de catarsis. Costa Rica explora la manipulación de los cultos religiosos durante estas circunstancias, pero sus situaciones resultan absurdas y risibles. No sé si este es el efecto buscando por sus autores. 

Nicaragua, aunque satisfactoria, se siente como la más ajena a la premisa. La falta de luz es un elemento cosmético en los preparativos de este quinceaños. Igual que Honduras, que a pesar de conmoverme con la imposibilidad de esta pareja de expresar su afecto como antaño, tiene problemas de casting.

En todas las historias sentí una violencia soterrada que ninguno de los directores se atrevió a explorar con valentía, comprensible al ser un proyecto coral y no autoral. También me llevó a reflexionar de cómo la carencia de nuestras necesidades y servicios básicos nos unen como región. El subdesarrollo, y no el apagón, es el verdadero villano de esta película.

CENTROAMÉRICA UNIDA


Nos dijo Enrique Pérez Him en nuestro videopodcast “En el cine no se habla” previo al estreno de la película en el IFF Panamá 2020, que la idea de “Días de luz” es empezar a unificar al público centroamericano y ampliar el mercado de exhibición de nuestras películas.

En Panamá, según el último censo que se realizó en 2010, tenemos 3.662.000 habitantes. La película nacional más vista en la historia de nuestro cine en su corrida comercial es “Congelados en Rusia” con 158.398 personas. Es decir, menos del 5% de nuestra población.

En cambio, América Central tiene entre los siete países que la conforma un estimado de 47 millones de habitantes. Si una película panameña o centroamericana alcanza un 5% de esta masa crítica, estamos hablando de 2.350.000 espectadores. Una cifra que hace posible pensar en la rentabilidad de nuestros filmes y, lo más importante, dejar de depender de forma exclusiva del financiamiento del Estado.

Sé que estos no son méritos artísticos, el principal criterio en el que baso la mayoría de las reseñas que publico en este portal. Pero el cine es un arte caro y es importante también considerar su financiamiento, audiencias y modelos de producción, para juntos levantar la industria que no tenemos aunque nos empecinemos a decir que sí.

Ahí reside la importancia de “Días de luz”. Una película que nos unifica y solidariza como región. Una película que demuestra que trabajar de manera colaborativa entre naciones es posible. Una película que evidencia que no somos tan diferentes como nuestros límites geográficos parecen marcar. En fin, un foco entre tanta bruma de muros fronterizos y nacionalismos absurdos.

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