(Bienvenidos a La Tribuna del Cineasta, columna abierta que le ofrece a los cineastas de Panamá la oportunidad de conectarse con el público y la industria local en sus propias palabras).

Escrito por:
Edgar Soberón Torchia

Muchos cineastas locales han asumido el fondo de la Dirección Nacional de Cine del Ministerio de Comercio e Industrias de Panamá como la única fuente para cubrir el costo total de un largometraje y no buscan otras vías de financiamiento de gran cuantía. Algunos dicen, “Es muy difícil encontrar coproducción”… Nadie dijo que producir cine sería fácil. Además, no creo que piensen así los que sí lograron establecer buenas coproducciones con empresas extranjeras y locales.

En lo que me concierne como guionista, me he encontrado con que tanto los productores, apoyados en los dineros que les otorga DiCine, como los funcionarios, confiados en el poder que les da su cargo en dicha oficina estatal, empiezan a pedirte que cortes escenas, que elimines personajes, que mutiles los conceptos originales, para ajustar la producción al monto de DiCine: o sea, una producción que quizá cueste un millón de dólares, hay que reducirla a 500 mil.

Creo que es bueno medirse y dosificar, pero a lo loco como se está haciendo, la práctica se volverá nociva para desarrollar una pequeña industria. Nocivo es tanto pensar en DiCine como un banco de cine, como en mutilar los proyectos. Sin darnos cuenta, estamos promoviendo y fomentando un “cine estatal” –que, por lo que hemos visto o escuchado, lo están engrosando producciones de baja exigencia de factura y contenido; o simplemente imitadoras o duplicadoras del “modelo clásico industrial”, ese llamado “cine de cero grado”, en el cual se reduce el nivel de identificación y comprensión al mínimo común denominador, para así llegar a los espectadores menos exigentes… o burdos.

Hace falta una renovación integral del sector Producción en Panamá, poner sobre la mesa la incongruencia entre el modelo imitado y el cine nativo y estudiar otros patrones de financiamiento más afines con nuestra realidad, más allá de la codicia de muchos productores que primero piensan en resolver un año de sus vidas a cambio de productos que hasta el gran público rechaza

DiCine incluso ya ha metido la cuchara para que se corten los filmes terminados, según los criterios de sus jurados oficiales, los cuales no tienen por qué determinar la duración de un producto; o para que se aumente un guion de 40 páginas a 60, porque no entienden (o no saben) que hay guiones de largometraje hasta de 10 páginas. No es la norma, pero existen.

Por todo esto algunos cineastas insinúan que el fondo de DiCine es una “maldición” y comienzan a decir que el Estado no debe apoyar el cine. Eso depende de la forma como ven el cine, como detergente o como producto cultural. En todos los países donde se escoge la segunda opción, sí hay estímulos para la producción (inclusive los hay en el referente local, Estados Unidos, sin hacerlo obvio a través de una especie de DiCine norteamericana). Es bueno recibir un estímulo. Un buen estímulo. Pero no se debe asumir ese fondo como la única fuente de capital para la producción. Algunos productores del medio no saben vender, no saben identificar otras posibles fuentes de financiamiento, y algunos no saben ni hablar de la manera adecuada en que se maneja un(a) productor(a).

Supongo que todo irá evolucionando, habrá incentivos para el inversionista y deducciones que estimulen el aporte privado, pero hace falta una renovación integral del sector Producción, que supuestamente lo representa Asocine, a quien le correspondería poner sobre la mesa la incongruencia entre el modelo de producción imitado y el cine nativo, y estudiar otros patrones de financiamiento más afines con Panamá, más allá de la codicia de muchos productores, que primero piensan en resolver un año de sus vidas, a través de los fondos que se les otorgan (que son los dineros que aportamos todos en impuestos), a cambio de productos que hasta el gran público rechaza.

Aquí estamos maleados. En otros países, con los 500-700 mil dólares que otorga DiCine, resuelven con creces la producción. En cambio, nosotros nos asignamos unos salarios que no corresponden a una larga trayectoria industrial, sino a capricho de país tercermundista con ínfulas de primero. Así que mientras ganamos 25 mil para producción, no podemos ni entregar una copia en DCP y con subtítulos.


SOBRE EL AUTOREdgar Sobertón Torchia es guionista y dramaturgo. Estudió español y teatro en Puerto Rico, cine antropológico en Francia y guion en Cuba. Sus obras de teatro están reunidas en la antología «Pedro Navaja y otros éxitos del hit parade». Guionista de «Panamá Radio», «La estación seca», «La Yuma», «Talento de barrio» y «Molina’s Ferozz». Premio Ricardo Miró de Literatura en cuatro ocasiones.