*Lo mejor: James Wan, quien lleva al género de terror a una escala épica.

*Lo peor: la constatación de que el público local no tiene la madurez para ver películas del género.

Después del éxito de películas como “El proyecto de la bruja de Blair” y “Actividad Paranormal”, la concepción del género de terror en el cine cambió. Ya no se trata tanto de asustar, sino de hacer películas efectivas con el menor presupuesto posible y en busca de una máxima rentabilidad en taquilla.

Conjuro 4

Madison Wolfe (Janet) es el gran descubrimiento de "El Conjuro: El Caso de Enfield".

A las pruebas me remito: “Actividad Paranormal” tuvo un costo de 15 mil dólares en el 2007 y alcanzó una taquilla global cercana a los 200 millones de dólares. Lo mismo sucedió con “La Purga” -tres millones de presupuesto, por 90 en taquilla-, “Insidious” -1.5 por 100- o “Anabelle” -6.5 por 250-. La calidad artista, repito, está aparte.

Pero en este sentido, Jamen Wan se muestra como lo más cercano a un autor. Su lúbrica está puesta en las películas de terror más icónicas en lo que llevamos de siglo, empezando por su vertiente más gore en “Saw” (2004), continuando con el subgénero de las casas embrujadas con “Insidiois I & II” y alcanzando el paroxismo con “El Conjuro”. Es la segunda entrega de esta franquicia, que se estrena esta semana en Panamá, lo que nos trae a tema.

“El Conjuro: El Caso de Enfield” es la película de terror más ambiciosa que recuerdo, no solo por su presupuesto -40 millones de dólares-, sino por la apuesta decidida de Wan de utilizar todo su talento para meternos el miedo en el cuerpo desde la primera hasta la última escena. ¡Y vaya que lo logra!

“Con ‘El Conjuro: El caso de Enfield”, James Wan consigue que el terror se acerque a una escala épica, a la odisea del horror, a la travesía amplia de nuestros miedos”

En esta entrega la puesta en escena que orquesta no es tan elegante ni sugerente como su antecesora, pero sí es más ecléctica, contundente y pirotécnica, sustentada en una atmósfera continua y opresiva, unos movimientos y encuadres de cámara expectantes, un uso y  deuso del sonido magistral, todos ellos supeditados a la invocación de los peores demonios que anidan en nuestra cabeza.

Hay tres escenas particularmente memorables, que comento sin spoilers: la entrevista fuera de campo de Ed Warren al viejo Bill, el sueño de Lorraine con el cuadro y el encuentro con el hombre retorcido. Pero esta acumulación de sustos caería en saco roto si no fuera por un desarrollo de personajes sólido, que logra que empatemos y nos preocupemos genuinamente, en especialmente por esa familia angustiada que busca retomar la normalidad de sus vidas.

También está la ambición. Por que sin duda, con “El Conjuro: El Caso de Enfield” James Wamn consigue que el terror se acerque a una escala épica, a la odisea del horror, a la travesía amplia de nuestros miedos, esos que se esconden debajo de la cama, se resguardan en el closet, juegan en las tablas crujientes de nuestros hogares y se aferran con fuerza en el baúl de nuestros recuerdos, el mismo al que Wan tiene acceso privilegiado. Solo esperemos, si el dios del mar de lo permite, que lo haga una tercera y última vez con la familia Warren.

Conjuro 2

James Wan consigue que empatemos con la paraje conformada por Patrick Wilson y Vera Farmiga.