Con esta película, que fue premiada en el Costa Rica Festival Internacional de Cine y los Premios Platino, estamos ante el surgimiento de una nueva directora a tomar en cuenta en Latinoamérica

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
info@materialextra.com

Curioso título el de la ópera prima de la costarricense Antonella Sudasassi Furniss, que forma parte de un proyecto cinematográfico más amplio que busca explorar la sexualidad femenina en tres etapas diferentes de su vida.

La primera entrega, el corto “El despertar de las hormigas: la niñez”, lo pudimos ver en la edición 2018 de Panalandia – Festival de Cine Pobre de Panamá y atiende a la adolescencia.

Crítica: “La batalla del volcán” y ese olvido tan centroamericano

La segunda entrega fue la que vimos por primera vez en el IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2019 y ahora en el Ícaro Panamá 2020 y abarca la adultez. El filme de Sudassasi Furniss relata la historia de Isa, una modista de un pequeño pueblo de Costa Rica que es presionada por su esposo y su familia para tener un tercer hijo, esta vez el esperado varoncito.

Isa ya tiene suficiente con sus dos hijas y no quiero otro embarazo más. Pero el empecinamiento de su marido la hará tomar consciencia de su rol dentro de la familia e, inclusive, en la sociedad. Porque mientras ella aspira a su realización personal buscando abrir su propio taller de costura, los demás la quieren encasillar al papel de madre y ama de casa.

Sudasassi demuestra en esta ficción un ojo increíble para las dinámicas familiares, al señalar las sutiles agresiones que cometen tanto hombres como mujeres para perpetuar el machismo en sociedades como las nuestras. En esta película vemos al hombre que se niega a involucrarse en los quehaceres del hogar, el coito forzado donde prima el placer de él o la alcahuetería de la suegra que consiente el comportamiento de su hijo en detrimento de su nuera.

Esto es palpable a través de una puesta de escena con un enfoque documental, donde la cámara observa a su protagonista y la coloca en un primer plano. En cambio, en el fondo o fuera de cuadro están dispuestos aquellos que buscan moldearla según sus expectativas.

De esta manera la directora sugiere el malestar de Isa, aunque queda más claro con el uso de planos insertos, de una incandescencia y sensorialidad notable, que quiebran la realidad y permiten adentrarnos en sus frustraciones y deseos. Este recurso es importante, aunque a veces se abuse del mismo, ya que logra algo importante: romper esa frialdad casi escandinava con la que el cine tico se muestra al mundo.

Porque la lucha de Isa no solo es pública, sino también privada. Su pancarta es su piel, su cuerpo, su sexo y sus largas crinejas. Este conflicto requiere de calor, una temperatura lo suficiente alta para incendiar la dermis de su protagonista y, por qué no, la de la audiencia. Así también se introduce el elemento de las hormigas que pican su cuerpo, una imagen que Luis Buñuel y Salvadro Dali introdujeron en “El perro andaluz” como metáfora del deseo sexual insatisfecho.

“El despertar de las hormigas” se convierte en la primera película costarricense en ganar los Premios Platino

Lo que si no es capaz de esconder Sudasassi son los hilos conductores de su trama, previsible desde etapas muy tempranas del filme. También su consigna, que más que una metáfora, se presenta como una tesis. Entiendo que ante la agresión perpetuada del machismo, es necesario levantar la voz. Pero en el cine, la sutileza es más poderosa y efectiva que la proclama.

De todas maneras, estos detalles resultan menores ante el surgimiento de una nueva voz a la que habrá que prestar atención en Centroamérica y Latinoamérica en general. Y por lo visto, más pronto que tarde, ya que tras consagrarse en Costa Rica Festival Internacional de Cine 2019 y los Premios Platino 2020, Sudassasi se prepara para la última entrega de su trilogía: un documental sobre la sexualidad femenina en la tercera edad que llevará por título “Memorias de un cuerpo que arde”.

Crítica: "El despertar de las hormigas" y las proclamas de un cuerpo que arde
Lo mejor: el ojo que demuestra Antonella Sudassasi para las dinámicas familiares y las microagresiones machistas perpetuadas en nuestras países.
Lo peor: los hilos conductores de la trama son previsibles desde un principio, así como su consigna, que más que proclama se presenta como tesis.
4.0Nota Final
La puntuación de Material Extra
Puntuación de los lectores 0 Votos