Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Cuando fui jurado de Panalandia – Festival Internacional de Cine Pobre de Panamá 2018 junto con Alan González, Édgar Soberón Torchia y Vielka Chu (q.e.p.d), nos tocó evaluar “El viajero casero” de Christian Bradford Álvarez.

Originalmente, Christian había aplicado con su película en la categoría de Experimental y, como tal, la evalué. Me pareció la mejor en ese rubro, en contienda con “Identidad” de Iván Jaripio. Pero al momento de decidir los ganadores, nos dimos cuenta que no teníamos un ganador en la categoría de Ficción, en teoría la más fuerta del certamen.

Fue en ese momento cuando Édgar Soberón Torchia propuso una solución que, aunque en un inicio Alan y yo nos mostramos reticentes, al final resultó ser un golpe de genialidad y una repartición justa de los panes y los peces: premiar a “El viajero casero” como Mejor Ficción.

En un primer visionado, la película de Bradford parece justamente una experimentación narrativa, visual y sonora a partir de los largos viajes que ha realizado y la tediosa espera entre en cada una de estas travesía. Pero lo que explicó Soberón Torchia y me refrescó la memoria antes de escribir esta reseña, es que mientras el cine experimental por norma general no narra, como “Anemic Cinema” de Marchel Duchamp u otros exponentes de ese cine de vanguardia, “El viajero casero” sí lo hace, aunque de una manera rara o poco convencional

Los elementos para entender “El viajero casero” están presentes, solo que no de la manera en la que estamos acostumbrados, tal vez lobotomizados como estamos por el cine gringo y su obsesión por el entretenimiento. Esta película no está contado desde una lógica aristotélica sino fragmentaria, su montaje no es lineal sino emocional y su viaje no es externo sino introspectivo.

Además, la película utiliza el lenguaje cinematográfica para decir lo que quiere transmitir sin necesidad de diálogos. Hay planos particularmente expresivos, como la ciudad de fondo y el gato en primer plano acechando a su protagonista. Una amenaza que contrasta con la libertad que ofrecen las escenas en las playas, selvas, ríos y montañas.

Bradford parece decirnos que la cruel presión de la ciudad, el confinamiento del hogar y los compromisos sociales, nos lleva a caer en los juegos de la carne, las drogas y la pérdida de identidad. De ahí el poema final de Charles Bukowski que cierra el filme.

“Your life is your life.
know it while you have it.
you are marvelous
the gods wait to delight
in you”.

The Laughing Heart de Charles Bukowski