Lo mejor: una demencial Margot Robbie y un inédito Will Smith, que como Harley Quinn y Deadshot lideran a esta banda de inadaptados.

Lo peor: la certeza de que la película más esperada del año es una victoria del mercadeo sobre el entretenimiento cinematográfico.

No hubiera sido apropiado dejar esta página en blanco para reseñar “El Escuadrón Suicida”, como pensé hacer en un principio. Por que esa fue precisamente mi sensación cuando saltaron los punketos y psicodélicos créditos finales de la nueva película del universo cinematográfico de DC: la indiferencia total.

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Después de la sobria, deprimente e insatisfactoria “Batman v. Superman: El Amanecer de la Justicia”, DC decidió presentar la fórmula opuesta para quitarse la losa del público que considera que está a un nivel inferior que Marvel. Pero, ¿cómo no va a ser así, si ellos han creado un universo con paciencia, mimo e ideas clara desde que estrenaron “Iron Man” en el ya lejano 2008 y DC quiere reducir lo que estos han hecho en 13 películas en solo tres?

Las prisas siempre han sido malas consejeras y, efectivamente, ese es el problema de “Escuadrón Suicida”: la sensación de ver una idea prometedora destruida por las prisas mercantilistas y la competencia sin sentido que DC ha querido fraguar con Marvel, sin ni siquiera preocuparse de estar a la altura de su contrincante.

La película de David Ayer hubiese sido más rica en matices si en vez de contarnos en dos brochazos el récord policial de Harley Quinn, Deadshot, Boomerang, Killer Crock e Infierno, lo hubieran hecho con entregas del Batman de Ben Affleck y el Flash de Ezra Miller que las respaldara. Pero, en cambio, tenemos una banda de delincuentes que están obligados a hacer el bien y que se supone nos deben caer bien porque los productores confían en nuestro morbo y nuestros placeres más ocultos.

No solo esta premisa es reprochable, sino su ejecución también. Ayer resulta incapaz de sacarle el provecho a las secuencias de acción, cuando tenía a los protagonistas, los escenarios y el permiso del público para desbocarse y cruzar la línea de lo incorrecto por primera vez dentro del género de superheros, con permiso de “Deadpool”. Más que villanos, lo que tenemos son cachorros amarrados con correas que todavía no han sido aconductados.

“Escuadrón Suicida” es la estafa más grande del presente verano cinematográfico: una victoria del mercadeo sobre el entretenimiento cinematográfico

Y con todo esto, uno esperaría que el villano de un villano debería ser una grandísima hija de p**a, pero en cambio tenemos a un bochornosa Cara Delevingne bailando al hula hula en una fogata mágica y a un borrego sin personalidad que la protege mientras enciende su fuego mágico. Solo una ambigua Viola Davis, en el papel de Amanda Waller, parece ser lo más cercano al demonio en esta reunión de inadaptados.

Del Guason, no vale la pena ni hablar, ya que después de todo solo aparece en pantalla menos de 10 minutos y, comparado con la representación del personaje de Heath Ledger, es pura pose. ¿Qué nos queda? Como les dije, la nada absoluta, porque inclusive el humor que era la otra gran baza del filme, descubrimos decepcionados que nos lo empaquetaron en todos los trailers dejándonos sin ningún alivio cómico novedoso. Solo una demencial Margot Robbie y un inédito Will Smith están a la altura de las expectativas.

Al final, “Escuadrón Suicida” es la estafa más grande del presente verano cinematográfico estadounidense: una victoria del mercadeo sobre el entretenimiento cinematográfico. En el mundo real, cuando sucede semejante acto delictivo, los consumidores están en todos su derechos de denunciar y exigir que le regresen su dinero. ¿Pero quién nos regresará el precio de nuestro boleto y, sobre todo, la profusión de saliva innecesaria que soltamos en anticipación de este bodrio?

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