Escrito por: Luis Lorenzo (@LuisAndreLT)

Pioneros de la música punk rock, sus fanáticos sueles asegurar: “Los Ramones lo empezaron todo”. Ahora tiene otra argumento del cual jactarse: CJ Ramone fue el primer artista estadounidense del género en tocar en La Habana (Cuba) tras el desembargo al país caribeño por parte de Estados Unidos.

Este dato tiene relevancia en el marco del Hayah – Festival Internacional de Cortometrajes de Panamá 2016 porque fue un realizador panameño Joe De Roux el encargado de registrar con su cámara esta gesta histórica para posteriormente presentarla en manera de estreno en esta vitrina.

De Roux es un viejo conocido del Hayah, después de todo fue él el ganador de la primera edición del festival cuando este no era más que un experimento y se presentaron 17 cortometrajes que Mariel García Spooner se dio a la tarea de excavar dentro de la filmografía panameña de la época.

Así que en cierto sentido, el estreno de “CJ Ramone Havana Go Go” completó el círculo de la filosofía del Hayah, que no es solo incentivar e inspirar a nuevos realizadores panameños a hacer sus primeros cortometrajes para probarse a si mismo. También es catapultarlos a que lleven su carrera más allá una vez dominen el formato.

El documental de De Roux sigue la trayectoria de CJ Ramone desde el Aeropuerto Internacional de Panamá, país donde se fraguó la invitación del Ministerio de Cultura de Cuba al mítico exbajista de Los Ramones por intermediación de Sebastián Heredia y John Frochaux -baterista de la agrupación panameña Lucyfernandez y dueño de Rock Spot-, hasta su presentación el 12 y 13 de septiembre en el Festival Habanarte como parte del intercambio cultural entre la isla y los Estados Unidos.

Es evidente que el punk recorre la venas de De Roux -es el vocalista de Italics, después de todo-. Su puesta de escena, definida por las Go Pro con las que grabó mayoritariamente el proyecto, está llena de una furia de cortes, paneos, enfoques y desenfoques rápidos propia de los golpes rápidos de guitarra que caracterizan al género que homenajea y profesa.

Pero lo más interesante de “Havana Go Go” es la doble dualidad que nos muestra y que refuerza el B&W de su fotografía. Primero, las posibilidad culturales que atisba el levantamiento del embargo y que una leyenda del rock toque por primera vez en Cuba. Hablamos que este documental es el testimomio del rompimiento de un embargo, ya no político, sino cultural; segundo, la melancolía por un género que a pesar de que se niega a morir nos recuerda a tiempos mejores donde la música era la voz de los sin voces y se subía a la tarima por convicción y no por los flashes de la fama.

El resto de la jornada contó con “Obstinato Interruptus”, de Marcela Heilbron -hija de Pituka Ortega-, un video ensayo también a B&W sobre las vicisitudes fantásticas de una bailarina de danza contemporanea, y el “Barrio de Soneros” de Jorvan D’Orcy.

Esta es la tercera vez que veo “Barrio de Soneros” y la primera en pantalla grande y cada vez refuerzo mi impresión sobre este documental. D’Orcy retrata de manera entrañable a esos personajes de Nuevo Veranillo que a través de la música nos vienen a decir que los barrios, más que zonas de violencia y depresión como nos quieren vender los medios, son de sueños incumplidos pero nunca rotos. La esperanza seguirá ahí mientras suenen los timbales y tengan voz en sus gargantas.

Barrio de Soneros

"Barrios de Soneros".