Escrito por: Luis Lorenzo (@LuisAndreLT)

Con una pantalla negra empezaba “Re-Fresh” la primera vez que lo vi en Panalandia 2016. Ahora esa mismo fondo negro tiene 11 laureles de los festivales a los que ha participado desde entonces incluyendo el Hayah – Festival Internacional de Cortometrajes de Panamá 2016.

En su momento, destaqué la estilizada propuesta de su realizador, Haslam Ortega, al que catalogué como el hijo bastardo panameño de Nicolas Winding Refn diciendo: “Re-Fresh es un estilizado thriller psicológico del género de los asesinos en serie donde la forma es tan importante como el fondo, no solo por ese diabólico timelapse y POV de su escena culmen, sino por una puesta en escena que exuda una espiritualidad gamberra, salvaje y referencial con las maneras más clásicas”.

Desde esta tribuna puede decir que la propuesta de “Re-Fresh” se ha mantenido atemporal ante mis ojos. Me sigue gustando igual que la primera vez y aunque ahora le noto ciertas costuras menores -cierto pulimiento en los dialogos y una mayor reflexión temática dentro de la historia-, haberla visto en pantalla gigante y en un cine cierra el círculo de este gran cortometraje panameño a falta del juicio de los jurados esta noche.

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"Moltes Felicitants".

El resto de la jornada contó con “Moltes Felicitants” de Mariel García Spooner producto de la maestría en dirección que tomó en la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (Escac). Lo más interesante de este trabajo de Spooner, sencillo en su propuesta pero de una profundidad inusitada, es su tono: en ese homenaje hacia la maternidad y la inclusión del elemento del payaso, encuentro una melancolía que me refiere a una de las óperas más desgarradoras: “Pagliacci”.

La siguiente película vista fue “Café Palmira”. Aunque soy un confeso admirador del café panameño y de la promoción del consumo local que persigue María Gilma Arrocha con AROC, este documental es la obra más floja que presentaron los Cine Animal en Hayah este año. Lleno de buenas intenciones, más que un trabajo cinematográfico, “Café Palmira” es uno propagandístico. Me remito a mis impresiones inmediatas: apenas terminó su proyección, quise salir corriendo a Super Mini Diablo Rosso a comprar una bolsa de este café para despertarme con él este mañana pero sin ninguna idea precisa sobre el oligopolio en la industria cafetera del país.

 

Todo lo contrario sucede con “Entre Fronteras”, el documental de Juliana Gómez y Demían Colman sobre el detenimiento y posterior hacinamiento de los migrantes africanos entre la frontera de Costa Rica y Panamá trucando sus intenciones de llegar a Estados Unidos. Cámara en mano, procurando darle sentido a una situación de por sí liosa con un tratamiento equilibrado de las fuentes, los realizadores no nos facilitan ninguna solución pero nos dejan una lectura de la realidad que retratan que ha cobrado un nuevo sentido después de la elección de Donanld Trump.

Por último, “El sueño de Cristofer” de Jacqueline Ureña. Documental que nos roba una sonrisa como la exhibe su protagonista, quien sufre desde su nacimiento de una condición -mielomeningocele- que no le permite caminar sin ser esto impedimiento alguno para su desarrollo. En lo modesto de su sueño -Christofer quiere caminar para jugar pelota y visitar a su abuela-, se encuentra un llamado a la realidad al espectador que capaz de hacer lo que no puede hacer este niño, nos ahogamos en pretensiones más estúpidas.

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"El sueño de Cristofer".