LO MEJOR: Dicen que se aprenden más de las películas malas y en Panamá podemos extraer importantes lecciones de “Humanpersons”, en especial para los futuros jurados del Concurso Nacional Fondo Cine.

LO PEOR: Otra ficción panameña que pierda la oportunidad de convencer al espectador de que vale la pena ver nuestro cine.

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Les ahorro el suspenso: “Humanpersons” no me gustó.

Lo digo con el temor de que quizás me esté transformando en ese crítico de cine que convierte las reseñas negativas en el pan de cada día y las positivas en trufas caras y difíciles de rastrear.

Pero este año 2018, en donde se han estrenado 12 películas panameñas, a razón casi de una por mes, he alcanzado la certeza que, a duras penas, estas alcanzan una evaluación promedio de 3.

Es decir, la nota mínima para dejarse ver. Aunque las sensaciones son peores.

Es lo que me sucede después de ver “Humanpersons”, supuesto thriller panameño sobre el tráfico internacional de órganos. Mi falta de certeza surge porque de suspenso, no tiene nada; sobre el tráfico de órganos, denuncia poco y aunque la producción tiene muchas banderas, la de Panamá es la que menos hondea.

El peligro de las coproducciones

Esta película fácilmente puede ser tomada como objeto de estudio en las escuelas de cine para ilustrar el peligro de las coproducciones, en donde el compromiso con otros países a cambio de financiamiento, comprometen el desarrollo orgánico de la historia que se quiere contar.

Por ejemplo, el protagonista de “Humanpersons”, Luis Fernandez, es venezolano, pero en la historia es de origen colombiano y ha pasado toda su vida en Estados Unidos, sin pasar por alto que el niño que lo interpreta de joven, en la única línea de dialogo que tiene en toda la película, habla con acento español.

Uno de los villanos de la función, el brasileño Roberto Birindelli, en el papel de Joao, está asentado en Medellín, tierra que en su momento fue el coto privado del mismísimo Pablo Escobar y en el que imagino poco espacio para mafias foráneas de la manera en la que está planteada en esta ficción.

Arturo Montenegro, director panameño de las películas “El Cheque”, “Donaire y Esplendor” y “Congelados en Rusia”, interpreta a un traficante colombiano con un bigote y acento que busca imitar de manera risible y fallida al Zar de la Cocaína.

Robin Durán, como Ryan, no me queda claro si hace de matón latino en los Estados Unidos o su acento anglosajón es simplemente terrible. Medellín, ciudad donde transcurre gran parte de la acción, es recreada con locaciones de la misma ciudad colombiana y otras de Panamá, sin parecerse ni a una ni a otra.

Pero más allá de estas incongruencias, lo que yo me preguntaba mientras visionaba “Humanpersons” es: “¿Por qué debería interesarme una película sobre el tráfico o mafias internacionales hecho en Panamá cuando en Estados Unidos los hacen más y mejor?”.

Al recordar películas como “Contagio” o “Tráfico”, de un referente moderno del género como lo es Steven Soderbergh, me genera un poco de fastidio pensar que invertí dos horas de mi tiempo en este filme.

Tampoco tengo que irme a Hollywood. En España, Alberto Rodriguez Librero ha hecho carrera con propuestas similares, como “El hombre de las mil caras” y “Grupo 7”. La fórmula es hablar de lo local hasta la universal y no al revés, como pretende Frank Spano.

“Humanspersons” nunca debió ser premiada por el Concurso Nacional Fondo Cine

La producción de “Humanpersons” no es lo único que falla en la película. Su guión y dirección también resultan flojas. En su segunda mitad, “Humanpersons” se pierde en una acumulación errática de llamadas perdidas, en espera o superficiales entre los personajes, que ralentizan la acción hasta convertir la historia en una experiencia frustrante.

Además, en ningún momento la película se da a la tarea de desarrollar la relación entre los personajes principales, como es el caso de James y su hijo J.J. Como espectador, tengo que entender que el apremio de este padre por rescatar a su hijo es producto únicamente del lazo sanguíneo que los une y no por un momento que demuestre lo que significan el uno para el otro.

Lo mismo sucede entre James y Charles (William Kalinak). Este es un error flagrante, porque si de algo va esta película es sobre la paternidad y lo que estás dispuesto a sacrificar para salvar a tu hijo, ya sea sangre de tu sangre o de manera putativa. “Somos padres”, dice después de todo Fernández en el clímax del filme.

Esta serie de desatinos que les comento y otros que me guardo en el tintero, me resultan particularmente dolorosos cuando recuerdo que “Humanpersons” fue premiada por el Concurso Nacional de Fondo Cine 2016 con una dote de $650 mil.

Más de medio millón de dólares que no reflejan en nada a Panamá, su cultura,  gente o historias. Tampoco se puede decir que eleve la producción cinematográfica de nuestro país, como lo hizo en su momento “Hands of Stone”. En todo caso, la deja en evidencia.

Es aquí cuando recuerdo aquella máxima que viene a decir que se aprenden más de las películas malas, ya que con ellas te das cuenta de los errores en los que hay que evitar caer. “Humanpersons” es una película mala sin paliativos, pero buena nota pueden tomar los futuros jurados del Concurso Nacional Fondo Cine de a qué no deben premiar de ahora en adelante.