Tras ver 28 de las 75 películas exhibidas en el IFF Panamá 2019, les comparto mis cinco filmes favoritos de la edición de este año del festival

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Durante el IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2019, se presentaron un total de 75 películas. De este total, tuve la oportunidad de ver 28 filmes, priorizando los panameños y los participantes en la sección Historias de América Central y El Caribe.

Las películas que vi fueron: “Pájaros de verano” (Colombia), “Carmen y Lola” (España), “Cold War” (Polonia), “Rojo” (Argentina), “El amor menos pensado” (Argentina), “La estación seca” (Panamá), “Tierra adentro” (Panamá), “Panamá Radio” (Panamá), “Huaquero” (Panamá), “Un traductor” (Cuba), “El despertar de las hormigas” (Costa Rica), “Temblores” (Guatemala), “La asfixia” (Guatemala), “La flor de la vida” (Uruguay), “Tarde para morir joven” (Chile), “Aquí y ahora” (Costa Rica), “Apego” (Costa Rica), “Miriam miente” (República Dominicana), “Transit” (Alemania), “Yo, imposible” (Venezuela), “Las niñas bien” (México), “Burning” (Corea del Sur), “Roma” (México), “Working Woman” (Israel), “Never Look Away” (Alemania), “Custody” (Francia), “Dogman” (Italia) y “Capernaúm” (Libano).

De estas 28 películas, estos son nuestras cinco favoritas del IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2019:

“Burning” de Chang-dong Lee (Corea del Sur)

Siempre hay una película que define a un festival de cine. Usualmente el criterio para escoger esta película es personal y, otras veces, artístico. En el 2016, fue “Desde allá” de Lorenzo Vigas y “Te prometo anarquía” de Julio Hernández Cordón. En el 2017, “Carpinteros” de José María Cabral. El año pasado, el mérito fue de “Zama” de Lucrecia Martel. Pero, ¿cuál fue la película definitoria de este IFF Panamá 2019?

Ese puesto, estaba reservado para “Roma” de Alfonso Cuarón. Pero el hecho de verla con anterioridad en Netflix hizo que perdiera algo tan importante en una cita como esta como lo es la novedad, sin que esto demerite su valor artístico. Verla en pantalla grande solo me llevó a confirmar que es la obra maestra que ya me parecía que era en la pantalla chica.

Otros filmes, como “Dogman”, “Cold War” y “Capernaum”, llamados a disputarse este título por la reputación que les precedía, fueron de mi agrado pero están lejos de ser obras culmen. Así que mi elegida es “Burning”, de Chang-dong Lee. La película de Corea del Sur, basada libremente en el cuento “Quemar graneros” de Haruki Murakami, es el thriller más sorprendente que he visto desde “Zodiac” de David Fincher.

“Burning” condensa todo su misterio y grandeza en la escena meridiana del filme, donde los tres protagonistas se fuman un porro mientras contempla el atardecer en el campo. Haemi, estimulada por la felicidad y la marihuana, decide bailar desnuda al ritmo de “Ascensor para el cadalso” de Miles Davis. Cuando se queda dormida, Jongsu y Ben empiezan a conversar. El primero, confiesa que está enamorada de Haemi. El segundo, revela su extraña afición de quemar graneros y su intención de quemar pronto uno cerca de donde están.

Ben continúa su perturbador soliloquio, donde delimita la frontera que separa el bien del mal. Inclusive, es inevitable intuir que aquí también entra un conflicto de clases sociales y de política, con Corea del Sur y Corea del Norte de fondo. La desapareción días después de Haemi, liberará todo el malestar que hay entre estos dos extremos del espectro de la manera que solo las pesadillas lo pueden hacer. Ver como Jongsu se adentra a ellas en busca de la verdad, se convierte en la experiencia más fascinante que nos deparó el IFF Panamá este año.

“Yo, imposible” de Patricia Ortega (Venezuela)

Para los lectores de Material Extra no resultará sorpresa la inclusión de la venezolana “Yo, imposible” de Patricia Ortega en este conteo. Admito, como venezolano de nacimiento, tener una debilidad por el cine de este país. Pero el gusto no es un criterio artístico y la inclusión de “Pelo malo”, “Desde allá”, “El amparo”, “La familia” y ahora de “Yo, imposible” responde más a lo segundo que a lo primero.

Hay una relación directa y comprobada entre la crisis social y la inspiración artística. El cine venezolano no es la excepción, ya que la situación actual del país sudamericano no solo le ofrece a sus cineastas historias de sobra que contar. Es que además la falta de recursos los ha obligado a hacer creativos y valientes para sacar adelante sus películas.

“Yo, imposible” relata la historia de un personaje intersexual, quizás uno de los perfiles menos representados en las artes dentro de la comunidad LGTBQ+. Un intersexual, es aquella persona que tiene características biológicas tanto masculinas como femeninas al mismo tiempo. En el caso de Ariel, esa realidad le fue escondida por su madre desde su nacimiento y el filme plantea el descubrimiento, en clave thriller psicológico, de su verdadera naturaleza.

Para mostrarlo a cabalidad, la directora marabina utiliza dos metáforas muy sugerentes. La primera, la constante aparición de maniquíes en escena, que nos transmite esa idea de cuerpos rotos o incompletos que aflige a Ariel, interpretada con una entrega total por la colombiana Lucía Bedoya, que demuestra una capacidad única de mostrarnos con su mirada todo la complejidad interior de su personaje.

La otra metáfora, es la relación entre la muerte materna y su liberación sexual de Ariel, hasta ese momento un apartado doloroso y traumático de su vida, como pudimos comprobar en la escena que abre el filme, donde pierde su virginidad con el novio que su madre le ha buscado. Al ser la matriarca la única que conoce su secreto, su desaparición física es también la desaparición de todo aquello que no la permite ser un ser humano pleno.

El colofón final de “Yo, imposible” es la inclusión de insertos documentales, donde personas intersexuales narran su experiencias personales a cámara, lo que resulta a la vez una experiencia catártica y dolorosa. Pero también esperanzadora. Sin duda, uno de los mejores filmes LGTBQ+ que ha visto este servidor.

“La flor de la vida” de Claudia Abend y Adriana Loeff (Uruguay)

Si “Muchos hijos, un mono y un castillo” de Gustavo Salmerón fue el crowd-pleaser de la edición pasada del IFF Panamá, este año el turno fue para “La flor de la vida” de Claudia Abend y Adriana Loeff. Las directoras uruguayas colocaron un anuncio de periódico buscando adultos de la tercera edad mayores de 80 años con el objetivo de registrar toda la sabiduría acumulada por ellos sobre temas medulares como el amor, la familia, el trabajo y el arrepentimiento.

Lo que no estaba dentro de los planes Abend y Loeff es la aparición de Aldo, un italiano que vivió gran parte de su vida primero en Venezuela y posteriormente en el Uruguay y que se convierte en un personaje que los gringos suelen definir como larger-than-life. Tanto así que lo primero que dice es que se acabó la búsqueda, ya que él es el verdadero protagonista de la película.

En parte, es así, porque a partir del descubrimiento de Aldo, “La flor de la vida” se convierte en el repaso de las cinco décadas de matrimonio que mantuvo junto con su esposa Gabriella Pelissero y su sorprendente separación. Una película cómica, tierna y encantadora, pero también triste. Puede que esté mal decirlo, pero los viejitos, en el cine, nunca fallan. Este documental uruguayo es solo la constación de ello.

“Panamá Radio” de Ëdgar Soberón Torchia (Panamá)

De los siete filmes panameños que se presentaron en el IFF Panamá 2019, “Panamá Radio” ha sido injustamente ignorada por el jurado FIPRESCI y el reconocimiento del público, ya que hablamos de uno de los mejores y más entrañables documentales que se han hecho en este país.

El filme de Soberón Torchia tiene una capacidad única de demostrar, a través de la historia de esa pequeña discotienda que convocó en su momento a los mejores artistas de la música salsa como La Lupe, Celia Cruz, Tito Puente y toda la Fania All-Stars, un episodio glorioso de la vida cultura de nuestro país sin abusar del patriotismo o la moralina.

Para las personas que vivieron el esplendor de Panama Radio en la década de los 70 y 80, esta película es la excusa perfecta para recordar, que como muy atinadamente le escuché a alguien, es vivir y vivir dos veces. Pero para los más jóvenes, su valor es inclusive más valioso, porque en un país muy dado a olvidar y ningunear a sus propios referentes, esta película nos demuestra todo nuestro potencial como nación.

“El despertar de los hormigas” de Antonella Sudasassi (Costa Rica)

Curioso título el de la ópera prima de la costarricense Antonella Sudasassi, que forma parte de un proyecto multimedia que busca explorar la sexualidad de la mujer en tres etapas diferentes de su vida. La primera entrega la pudimos ver el año pasado en Panalandia  – Festival de Cine Pobre de Panamá y atiende a la adolescencia.

La segunda entrega fue la que vimos en el IFF Panamá 2019. Relata la historia de Isa, una modista de un pequeño pueblo de Costa Rica que es presionada por su esposo y su círculo más cercano de buscar un tercer hijo, esta vez el esperado varoncito.

Isa ya tiene suficiente con sus dos hijas y no quiero otro embarazo más. Pero el empecinamiento de su marido la hará tomar consciencia de su rol dentro de la familia e, inclusive, en la sociedad. Porque mientras ella aspira a su realización personal al abrir su propio taller de costura, los demás la quieren encasillar solo al papel de madre y ama de casa.

Sudasassi demuestra en esta ficción un ojo increíble para las dinámicas familiares, al mostrar esos pequeños actos o agresiones que comenten tanto hombres como mujeres para perpetuar el machismo en sociedades como las nuestras. Lo hace a través de escenas cotidianas, en la que es muy fácil identificarse como espectador, como el hombre que se niega a involucrarse en los quehaceres del hogar y la mujer que se lo permite, el coito forzado o la suegra alcahueta y metiche que consiente las aptitudes de su hijo en detrimento de su nuera.

A diferencia de “Aquí y ahora” y “Apego”, los otros dos filmes costarricense con un prisma femenino presentes en el festival, “El despertar de las hormigas” destaca por tener una puesta en escena incandescente y sensorial. Esto permite adentrarnos en las frustraciones y deseos de su protagonista, pero también algo aún más importante: romper esa frialdad casi escandinava con la que el cine tico se muestra al mundo.

Porque la lucha de Isa no solo es pública sino también privada. Su pancarta es su piel, su cuerpo, su sexo y sus largas crinejas. Este conflicto requiere de calor, de una temperatura lo suficiente alta para incendir la dermis de su protagonista y la de la audiencia, lo cual por suerte es capaz de provocar la directora.

Lo que si no es capaz de esconder Sudasassi son los hilos conductores de su trama, previsible desde etapas muy tempranas del filme. También su consigna, que más que una metáfora se presenta como una tesis. Pero estos detalles resultan menores ante el surgimiento de una nueva voz a la que habrá que prestar atención, por lo visto más pronto que tarde, ya que se tras haberse consagrado en Costa Rica Festival Internacional de Cine 2019, se prepara para la última entrega del proyecto: un documental sobre la sexualidad femenina en la tercera edad.