Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

Alberto, un evangélico que trabaja como jardinero en una casa adinerada de Santo Domingo, interrumpe su trabajo para ir al velatorio de su padre. Allí se entera que éste en realidad ha sido asesinado después de que le cortaran el cocote y su familia espera que él se haga cargo de su asesino haciendo cumplir la Ley de Talión: “Diente por diente… Cocote por cocote”.

Esta prometedora premisa urgida por el director dominicano Nelson Carlo de los Santos Arias se pierde entre tantas plegarias, piqueteo de palos y rituales de brujería, en las experimentaciones visuales y sonoras en las que recae el filme (la película pasa del 4:3 al formato completo 16:9, del color al B&W, de los formatos de sonido y utiliza imágenes de archivo muchas veces de manera arbitraria) y en un guión que necesitaba menos idealización vernacular y más tijera para hacer avanzar la historia hacia su trágico e inevitable deselance.

No dejo de preguntarme que hubiese sido de esta película en manos de un director menos fractal y más seco. Seguramente, otra plegaria estuviera rezando.

A pesar de todos estos obstáculos, “Cocote” logra remover al espectador cuando se lo propone, como ante el dolor desgarrador de las familiares del occiso, la amenaza en las penumbras del asesino de su padre, la anécdota del policia que se enlistó después de la violación de su novia por un teniente para estar más cerca del poder y menos de la impunidad y la inevitable transformación de su protagonista.

Pero nada de esto justifica el tedio insufrible que tengo que pasar para llegar a esa final endemoniado y grabado con sangre hirviente. No dejo de preguntarme que hubiese sido de esta película en manos de un director menos fractal y más seco. Seguramente, otra plegaria estuviera rezando, una más benevolente con sus congregantes.