Lo mejor: la contenida y misterosa actuación de Daniela Vega.

Lo peor: los arrebatos fantásticos y almodovarianos que desentonan con el resto del filme.

Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

En una escena de “Una mujer fantástica”, flagrante ganadora del Oscar como Mejor película de habla no inglesa y que dio inicio al 7mo. Festival Internacional de Cine de Panamá, la protagonista ve en el vidrio de un auto estacionado en un callejón sucio y solitario el reflejo de su rostro desfigurado tras ser envuelta con cinta adhesiva, ataque perpetuado por el hijo del fallecido hombre mayor que era su pareja. Ese reflejo delata la mirada de una sociedad que demuestra sus peores formas con todo lo que nos resulta diferente o se aleja de nuestras convenciones.

*Recomendado: Las 10 películas que tienes que ver del Festival Internacional de Cine de Panamá 2018

Lo diferente aquí es Marina, mujer transexual interpretada por Daniela Vega, actriz que demuestra una entereza ante la desgracia que no hace más que hacerle justicia al título del filme que representa. Una desgracia que reside en el vacio que deja la muerte de un ser querido, la imposibilidad de darle propia sepultura y, sobre todo, la incomprensión y el rechazo. “No entiendo qué vio en ti. No sé si eres hombre o mujer”, le dice resentida la exesposa de su amante en algún momento.

“Una mujer fantástica” plantea interrogantes tan incómodas sobre la naturaleza del amor, la sexualidad y, sobre todo, nuestra intolerancia ante todo lo que nos resulta diferente o sale de nuestra convenciones

El acierto del director Sebastian Lelio, que presentara hace cuatro años en el IFF Panamá la también destacada “Gloria”, es dirigir desde la contención. Esto permite a Daniela Vega manejarse más desde el misterio del thriller que desde el desborde del melodrama. A pesar de esto, el director no puede evitar ciertos arrebatos fantásticos y almodovarianos, que aunque proveen imágenes hermosas como la de su musa caminando en contra de la fuerza del viento o volando en una discoteca, desentonan en el tono general de lo que estamos viendo. Males menores cuando el espejo de esta película nos señala tan directamente y nos plantea interrogantes tan incómodas sobre la naturaleza del amor, la sexualidad y, sobre todo, nuestra tolerancia.