*Lo mejor: un despliegue artístico apabullante, que conjuga elementos sobrenaturales y orientales como pirotécnica visual.

*Lo peor: la falta de resonancia emocional, a pesar de forzar la historia familiar de nuestro volumétrico amigo.

Me pasa algo particular con “Kung Fu Panda”. Durante el visionado de las tres entregas de esta franquicia de DreamWorks Animation, he disfrutado como un niño más las aventuras de ese oso panda que responde a un llamado mayor a pesar de su pereza, glotonería y falta de convicción -después de todo, somos hijos del vicio-.

Kung Fu Panda 3

Parte de "Kung Fu Panda 3" habla sobre la familia y la pérdida de nuestras tradiciones.

Pero a pesar del enorme volumen de Po, su recuerdo es de combustión rápida. Tengo que hacer un esfuerzo hercúleo para recordar pasajes de las dos películas anteriores e, inclusive, su más reciente entrega, la cual vi hace tres semanas en el recorrido exclusivo de Cinépolis AltaPlaza antes de su inauguración al público, brilla por su ausencia en mi cabeza.

Esas no son buenas noticias para los fanáticos de esta saga, porque el cine puede ser muchas cosas. pero es, sobre todo, un ejercicio de memoria. Una película crece, se mantiene o desaparece entre nosotros no es por su visionado continuo, sino por la revisitación que hacemos en ella en nuestra cabeza. Mientras que mi cabeza está invadida por imágenes de gran parte de la filmografía de Pixar, “Kung Fu Panda” es como el mago que nos sorprende con su acto de desaparición, para nunca volver al escenario.

Sí, la película es hilarante, en especialidad en la expresividad de Po, que ahora se ve repotenciada por la llegada de su padre Li Sham y los demás pandas, escondidos todo este tiempo en una aldea en las montañas chinas. También deslumbra por su colorido diseño de producción y por la exótica banda sonora del siempre rimbombante Hans Zimmer.

“La travesía de Po, aunque inspiradora y edificante, simplemente no está hecha para emocionarnos. Es, simplemente, un perfecto entretenimiento de domingo con la familia”

También nos mantiene en vilo con un villano que Guillero del Toro, productor ejecutivo del filme, ha catalogado como el “más formidable hasta ahora”. Hablamos de Kai, un resentido búfalo de guerra desesperado por obtener el reconocimiento que nunca obtuvo en el plano terrenal al lado del Maestro Oogway. La pelea final entre él y Po es un apabullante despliegue artístico, donde se conjugan elementos sobrenaturales y orientales, en forma de pirotécnica visual.

Pero nada de esto cala en mi como espectador. Es un cuestión de resonancia emocional. La travesía de Po, aunque inspiradora y edificante -el mensaje central de esta y las dos películas anteriores, es la creencia en nuestra posibilidades a pesar de los obstáculos que nos enfrentemos-, simplemente no está hecha para emocionarnos. Simplemente entretiene, un perfecto entretenimiento de domingo con la familia, del que ya nos habremos olvidado en la próxima película.

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Guillermo del Toro catalogó a Kai como el villano "más formidable hasta ahora".