Lo mejor: encontrarse con una película que revitaliza el cine panameño y que pone la primera piedra, en cuanto a ficción se refiere, de una verdadera cinematografía nacional.

Lo peor: La falta de astucia del IFF Panamá

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Por el día, la hora y el lugar que le reservó el IFF Panamá – Festival Internacional de Cine de Panamá 2019, lo más sensato era no ver la proyección de “La estación seca”. Pero estamos hablando del acontencimiento más importante de la presente edición, inclusive sobre la presencia fulgurante de Ricardo Darín y Yalitza Aparicio.

Por que en un certamen que este año se ha entregado más que nunca a las producciones y figuras internacionales, “La estación seca” nos reconcilia con el cine nacional y recarga nuestras esperanzas de que un mejor cine es posible, al ser la mejor y más honesta ficción que ha parido este país.

Sí, es cierto que hablamos de una película maldita que tardó 13 años en poder llegar a pantalla. Tampoco falta a la verdad decir que ha tenido proyecciones previas a las que nos convocó el viernes 5 de abril en la sala Ricardo J. Alfaro, aunque todas menores, huelga decir.

Pero el hecho que el IFF Panamá perdiera la oportunidad de resaltar la película dirigida por José Ángel “Chicho” Canto, me hace reflexionar sobre la verdadera importancia que le da el festival a su cine, que deberá ser siempre su principal razón de ser.

TRES VIDAS EN ESPERA DE LA LLUVIA

Fede, Maya y Niko son tres jóvenes panameños con sueños truncados. Niko, quiere estudiar agronomía, pero al superditar su vida en base a las decisiones de su novia, está en la mohina. Maya, es una excampeona de surfer preñada, que se quedó sola con su paquetito. Fede no consigue trabajo, por el estigma del comunismo, tras regresar de estudiar cine en Cuba.

En el vacio existencial de estos tres personajes que no pueden encontrar su lugar en el país, están concentradas las frustracciones de muchas generaciones de panameños que ven como se supedita nuestro futuro bajo el lema “Pro mundi beneficio” y su condición de país de paso.

Las voces de los personajes (¿realmente son una interpretación?) que encarnan Édgar Soberón Torchia e Iguandili López, son un tratado social e histórico que nos sacuden de la estulticia. El primero, al señalarnos como la falta de educación y cultura nos alejan de ser un mejor país.

La segunda, al recordarnos que Panamá nunca ha tenido control sobre su destino, ni si quiera cuando logró la firma de los Tratados Torrijos-Carter y la devolución del Canal de Panamá por parte de los Estados Unidos. Más bien, resulta ser una protistuta al servicio de los intereses internacionales.

Sin duda, da mucho que pensar que más de una década después de su grabación, todos y cada uno de los temas señalados en esta película se mantienen vigentes, lo que demuestra que más que una estación seca, en Panamá vivimos en una eterna sequía enmascarada con el discurso de falso del progreso.

Pero la pertinencia de “La estación seca” no reside solo en su lectura de la realidad nacional. También en su manejo del material humano, al ser una muestra muy honesta de la masculinidad, el abandono familiar y el traumático paso de la adolescencia a la adultez.

Sin olvidar la búsqueda de la belleza y el sentido de la vida, a través de la abuela encarnada por Romy Lombardo, uno de los personajes más hermosos, místicos y encantadores que he visto, no solo en el cine panameño, en el cine en general.

Todo esto mostrado desde la naturalidad y el humor. Es difícil hablar de esta obra como una de caracter autoral, al ser un esfuerzo colectivo que se aprovecha de todos sus aportes.

Ahí está el genial guión de Édgar Soberón Torchia, la inspirada edición de Aldo Rey Valderrama, la incitante dirección de José Ángel Canto y la libertad cinematográfica de Jeico Ferrari. El tiempo, sin duda, también juega un rol importante y cada año que pasó desde su rodaje ha potenciado el valor del filme.

LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA

Una película que también toma partido de su imperfección. Pero es justamente esta condición lo que la hace más humana, ya que es evidente que su motor fue la pasión por hacer cine, la revancha y la necesidad a no claudicar de este grupo de perdedores.

Una revancha que tardó 12 años en llegar. No es casualidad que “La estación seca” presentara su corte definitivo en la plataforma de exhibición más importante de Panamá el dia que el verano se despidió y le dio la bienvenida a la primavera con la primera lluvia del año, como señaló José Ángel al final de la proyección.

Una casualidad hermosa, poética y simbólica, que demuestran que los dioses, aunque caprichosos y crueles, a veces nos guiñan el ojo. En el caso de este servidor, con el descubrimiento de una película que restaura mi fe en esta cinematografia; en el de sus realizadores, en la posibilidad de encontrarse así mismos.

Los demás, podrán hallar una primera referencia de lo que puede ser el cine panameño, una pregunta muy recurrente en el gremio y el público. En una filmografía emergente, esto resulta valioso, ya que no hay arte que se vea tanto a si mismo y a su pasado como el cine. De ahí que me pregunte siempre que hubiera pasado si en vez de “Chance”, la etapa comercial del cine panameño se hubiera inaugurado con “La estación seca”.

Eso nunca lo sabremos, pero me alegra saber que la estación seca ha dado paso a la lluvia.