Descubre cuáles son las películas que más nos han gustado este 2018: hay dos estrenos de Netflix, cinco películas latinoamericas y un blockbuster de Marvel

Escrito por:
Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

Como ya es tradición en Material Extra, publicamos nuestro listado de las mejores películas del 2018. Es importante aclarar que la selección está basada en filmes que se estrenaron este año en las salas de cine comerciales del país, festivales locales o plataformas de streaming a las que se tienen acceso nuestra región como lo es Netflix Latinoamerica.

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Sin más dilación, estas son las 10 mejores películas del 2018 según Material Extra:

10) “Avengers: Infinity Wars” de Anthony y Joe Russo (EEUU)

Marvel Studios recompensa 10 años de fidelidad cinematográfica con el que es sin duda el blockbuster del año: “Avengers: Infinity Wars”. Nunca antes se había visto una congregación de figuras tan numerosa como en el filme dirigido por los hermanos Russo, que además de hacer la película más intensa del Universo Cinematográfico de Marvel, orquestan un final traumático con tan solo un chasquido de dedos.

9) “Los perros” de Marcela Zaid (Chile)

Al genial director español Luis Buñuel le gustaba afirmar que el cine es un sueño dirigido. “Los perros”, de Marcela Zaid, cumple esta premisa, pero con la forma de las pesadillas, las mismas que sufre Mariana (Antonia Zegers), esa mujer perteneciente a la burguesía chilena que toma tardia consciencia de los crímenes que cometió su familia durante la dictadura del general Augusto Pinochet y que asentaron la posición privilegiada en la que se encuentra, llena de comodidades pero donde se espera que la mujer sea un maniquí, un objeto en exhibición, una compañía silenciosa.

8) “Annihilation” de Alex Garland (EEUU)

Adaptación libérrima de la novela homónima de Jeff VanderMeer y protagonizada por un elenco mayoritariamente femenino liderado por Natalie Portman, “Annihilation” es ante todo un estimulante cruce de géneros entre el terror y la ciencia ficción que nos embarca directamente al corazón de las tinieblas, en este caso representado por un lugar refractado conocido como El Resplandor donde todo lo que está dentro de ella se ve expuesto a mutaciones genéticas. Para el recuerdo, una media hora final, que a la manera del niño de las estrellas de “2001: Odisea del espacio” de Kubrick, se convierte en la gran paja mental del año y a su vez en una críptica reflexión sobre nuestra humanidad: ¿Somos los mismos después de entrar al Resplandor?

7) “Phantom Thread” de Paul Thomas Anderson (EEUU)

El cine de Paul Thomas Anderson no se ha caracterizado por dominar el arte de los sentimientos a lo largo de su filmografía, entre la que se encuentran pináculos de la cinematografía moderna como “There Will Be Blood”, “Magnolia” y “Boogie Nights”. Pero de alguna manera, el director estadounidense se las apaña para hacer una de las historia más sutiles, enigmáticas, obsesivas e impredecibles sobre la locura del amor con “Phantom Thread”. Un broche de oro para la carrera del ya retirado Daniel Day Lewis.

6) “La familia” de Gustavo Rondón Córdova (Venezuela)

En un IFF Panamá 2018 con una sensibilidad particularmente femenina, la película “La familia” del director y guionista venezolano Gustavo Rondón Córdova marcó un necesario constraste en la programación del evento por la masculinidad latente de sus protagonistas.

En las carencias afectivas, en los choques mutuos y situación límite en la que se ven envueltos Andrés (un padre soltero que mantiene a su hijo ejerciendo trabajos de medio pelo) y Pedro (un adolescente de 12 años que se forja a sì mismo en el violento barrio donde vive) se encuentra el corazón de esta cinta que habla de las dificultades de mantener a la familia unida en un país donde la crisis social y política apremia. Sin duda, estamos ante un debut promisorio y una excelente adicción a esa trilogía de la masculinidad herida que ha forjado el cine venezolano reciente, compuesta también por “Desde allá” de Lorenzo Vigas y “El amparo” de Robert Calzadilla.

5) “El sacrificio del ciervo sagrado” de Yorgos Lanthimos (Reino Unido)

Inspirándose en el mito griego del sacrificio de Ifigenia, que tiene que morir para que la diosa Artemisa deje de cebarse con el ejército de su padre Agamenón, después de que este matara un ciervo consagrado a la deidad, Yorgos Lanthimos presenta con “El sacrificio del ciervo sagrado” un filme que se puede considerar tanto una modernización de las tragedias griegas como un ejercicio de surrealismo al mejor estilo de “El Ángel Exterminador” de Luis Buñuel.

Lo hace por medio de la historia de Steven, un eminente cirujano que tendrá que sufrir la ira de Martín -un perturbador Barry Keoghan-, que culpa al personaje interpretado por Colin Farrell de la muerte de su padre, al considerar que hubo negligencia de su parte en la sala de operaciones. Una ira que exigirá sacrificar a uno de los integrantes de su familia, entre los que se encuentran su esposa (Nikole Kidman) y sus dos hijos.

Esta retorcida premisa, que va muy de la mano con los filmes anteriores de Lanthimos -“Langosta”, “Alps” y “Canino”-, es un logro para el director griego al gestar su obra más perfecta hasta la fecha. Su puesta en escena es una prueba de esta madurez, ya que la simetría de sus planos, las actuaciones glaciales del elenco y una banda sonora sustentada en las piezas clásicas “Stabat Mater, D 383” de Schubert y “Passio secundum Johannem” de Bach, ejercen un poder de turbación solo al alcance de maestros como Michael Haneke o Stanley Kubrick.

4) “Hereditary” de Ari Aster (EEUU)

Viendo “Hereditary”, no pude dejar de pensar que así se debieron sentir mis padres cuando se estrenó “El exorcista” en 1973. Sin duda, hablamos de una magistral adición a esta nueva era de oro del cine de terror que componen filmes como “La bruja”, “The Babadook”, “If Follows” y “The Conjuring I & II”.

La ópera prima de Ari Aster tiene una capacidad única de recrearse entre lo vívido y lo soñado, lo sobrenatural y lo psicológico, lo heredado y lo propio. También su devaneo con algo tan profundo, primario y oscuro, la transforma en una de las experiencias cinematográficas más traumáticas, memorables y malignas que el cine nos ha deparado hoy y siempre.

3) “Zama” de Lucrecia Martel (Argentina)

“Zama” no solo es un paso adelante en la filmografía de Lucrecia Martel, que permite a la directora argentina llevar sus señas de identidad, como lo es la experimentación sonora y las estructuras fragmentarias, a sus cotas más altas, siempre al servicio de la adaptación de la mítica novela de Antonio Di Benedetto. También es el alegato más hermoso, hipnótico y absurdo que he visto en pantalla sobre el colonialismo, la exclavitud y el machismo. Una obra capaz de moldear el tiempo cinematográfico de una manera que recuerda, por el ritmo y atmosfera que plasma en su puesta de escena, a otra novela mítica de nuestro continente: “Pedro Páramo” de Juan Rulfo. En fin, una obra de arte absoluta.

2) “Roma” de Alfonso Cuarón (México)

Alfonso Cuarón logra algo que se pensaba imposible: hacer un relato épico sobre México y, ¿por qué no?, nuestro continente completo, desde la historia íntima de la mujer indígena que le crió en sus funciones de trabajadora del hogar. En la travesia personal de Cleo, interpretada por la actriz natural Yalitza Aparicio, suceden escenas dramáticas como terremotos, incendios forestales y matanzas por parte de grupos paramilitares. También tragedias más cotidianas como lo es el racismo, la esclavitud -en su vertiente moderna en forma de trabajo doméstico- y el abandono familiar. De esas grietas sale este filme hermoso, grabado en un blanco y negro metálico, que duele y emociona porque son hurtos de nuestra realidad más cotidiana.

1) “La estación seca” de José Ángel “Chicho” Canto (Panamá)

A muchos les sorprenderá ver esta película en el primer lugar de este listado. Pero “La estación seca” es la película más importante que se ha proyectado este 2018 en Panamá, porque a pesar de su naturaleza maldita, truncada e imperfecta, que la llevó a retrasar su estreno más de una década, estamos ante la ficción más honesta y lograda que ha parido la filmografía nacional.

En las inquietudes de Fede, Maya y Niko, se resguardan las frustracciones de generaciones pasadas, presentes y futuras de panameños, que ven cómo sus sueños se secan en un país que creció violento, ingenuo y sin esquemas por la avaricia de comerciantes y terratenientes, que aprovechando el Canal de Panamá marcaron nuestro destino de “país de paso” y empeñaron nuestro porvenir bajo el lema de “Pro mundi beneficio”.

De la misma manera, la película dirigida por José Ángel “Chicho” Canto y escrita por Edgar Soberón Torchia deja en evidencia la forma en la que se quiere levantar la industria del cine de Panamá, premiando películas que solo quieren replicar modelos foráneos y capturar audiencias internacionales bajo la consigna de la rentabilidad económica, sin antes preocuparse por seducir, sacudir o emocionar al público local desde nuestras realidades más concretas.

El futuro del cine panameño pasa más por películas como “La estación seca” que por “Humanpersons” o “Sin Voz”, porque mientras la primera es la búsqueda más lograda de un cine con identidad propia, las otras dos son esfuerzos mediocres de hacer un cine que no nos compete y que no deberíamos tan obsesivamente replicar.