Lo mejor: La actuación de Juliette Roy y no mucho más.

Lo peor: Una película con tantas fallas técnicas es una vergüenza para la audiencia y delata la falta de profesionalismo detrás de la producción.

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Para mí, el cine es una actividad solitaria, ya que prefiero ver películas sin compañía, ya sea en casa, en una sala comercial o en un festival.

Pero de un tiempo a esta parte, he decidido ir con un grupo de amigos a ver los últimos estrenos del cine panameño, ya que es la única forma que he encontrado de no dilatar su visionado y publicar estas reseñas en un tiempo prudente.

A pesar de la compañía, no pude evitarme sentirme huérfano cuando terminé de ver “Locos del poder”, ya que al finalizar la película la sala se llenó de aplausos y frases como: “¡Qué buena les quedó la película”, que denotaban satisfacción general por lo visto.

Sin duda, yo no soy ni seré nunca el público para el cual está pensada la película dirigida por Juan Zelaya Sitton, producida por Jacobo Silvera y protagonizada por Elmis Castillo. Es por eso que me cuesta ponderar “Locos al poder”, ya que aunque mi criterio me dice que es una película de terrible factura y de aún peor mensaje a pesar de sus buenas intenciones, entiendo que esta reseña es un desahogo mudo.

ERMISENDO SUPERSTAR

Ermisendo es un personaje paródico creado por Elmis Castillo, originalmente pensado para entretener en redes sociales y sketchs de televisión. Nunca debió salir de estos formatos, pero las ansias de reconocimiento de un actor limitado en talento más no en aspiraciones, ha logrado lo que me resultaba impensable: su desembarco en la pantalla grande.

Esta primera aventura del personaje en el cine está llena de referencias de los últimos escándalos políticos y sociales del país, empezando por la construcción de una represa que amenaza con hundir la comunidad de Cerro Tetrepo, de donde es oriundo Ermisendo y su familia.

Esta situación lleva al protagonista a aceptar la propuesta del político Juan Carlos Kelkeyec de ser reconocido como su hijo legítimo, al entender que esta es la única manera de evitar la desaparición de su hogar por la obra en cuestión, además de procurarse una mejor vida en la ciudad.

No hay bondad en el ofrecimiento de Kelkeyec, ya que su acto no busca reparar los años de abandonó a los que relegó a su primogénito. Más bien se trata de una treta urgida por su equipo de campaña para remontar en las encuestas y ganar el favor del pueblo de cara a las elecciones presidenciales a las que se postula.

Con esta premisa, “Locos al poder” nos intenta decir que la corrupción que exhibe la dirigencia política del país es producto de la crisis que vive la familia panameña, en especial las de clase alta. Pero ese discurso, aunque bonito, es superficial y reduccionista.

Lo que no entienden los impulsores de esta cinta y el público que la aplaude, es que en su forma de parodiar al hombre y mujer del campo, lo único que consiguen es perpetuar esa visión clasista, racista y social donde realmente se ampara la verdadera problemática del país: la desigualdad.

A FAVOR DEL PRD

Inclusive su crítica de la política panameña es sesgada y poco honesta, ya que ni si quiera se adhiera al movimiento de #NoALaReelección. “Locos al poder” resulta particularmente benevolente con el Partido Revolucionario Democrático (PRD).

¿Por qué digo esto? A Zulay Rodríguez la retratan como una bruja rambulera, pero la única con los ovarios suficientes de destapar los escándalos políticos a su alrededor. Ni hablar de Laurentino Cortizo, quien no es objeto de burla alguna mientras que sus demás oponentes en contienda son despellejados. En el cine, yo no creo en casualidades.

Pero lo que menos perdono de esta película, es su falta de profesionalidad. La función a la que asistí, tuvo que ser cambiada de sala por problemas con el DCP. Esto generó confusión y atrasos en la proyección. No hablo de un caso aislado, ya que durante el fin de semana se filtraron quejas similares en los demás complejos donde la exhibieron.

Por si fuera poco, el filme adolece de problemas graves de audio y posproducción de sonido, al resultar inaudible una parte considerable de sus dialogos. También mencionar la falta de continuidad en la dirección de fotografía, colorización y tratamiento de la imagen. Sin omitir los dropped frames por el renderizado mal ejecutado. Esta clase de descuidos técnicos, son una falta de respeto para la audiencia.

De ahí la soledad inicial que les describo al principio de esta reseña, porque mientras la mayoría vio una producción bien hecha, yo vi en cambio una involución. Es lo que sucede cuando le sigues la corriente a los locos, ya sea en la política o en el cine. Solo espero que en el caso particular de este filme, no hayan argumentos para decirnos en un futuro que lo bueno vuelve, porque de bueno, nada.