El cine latinoamericano tuvo más presencia en nuestras pantallas por la pandemia y el streaming, así que aprovechamos para compartiles nuestros filmes favoritos del año

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
[email protected]

A nuestra tradicional lista de las mejores películas del 2020, donde invitamos a algunos colaboradores, cineastas y creadores de contenido a compartir en Material Extra su selección anual de filmes, agregamos por primera vez esta vertiente latinoamericana.

Por contradictorio que parezca, esto no hubiera sido posible sin la pandemia. El espíritu de solidaridad que se generó al comienzo del confinamiento provocó que muchos cineastas del continente liberaran sus películas como parte de la campaña #QuedateEnCasa.

A ellos se les sumaron los festivales cinematográficos, que ajustaron sus formatos al digital para poder llevarse a cabo en este entorno de pandemia. Sin dejar a un lado las plataformas de streaming, que ante la falta de contenido por la suspensión de los rodajes, apostaron más que nunca por películas latinoamericanas.

Esto me permitió tener acceso como nunca antes al cine de la región, fenómeno que me invita a reflexionar el cambio de modelo de distribución y exhibición cinematográfica que aceleró la pandemia: el streaming se presenta como una posibilidad única de romper la hegemonía de Hollywood, que ha secuestrado las carteleras de las salas de cine de nuestros países con sus blockbuster, relegando a nuestro cine a un segundo plano.

La exhibición en salas de cine, al menos para las cinematografías más industrializadas como Hollywood, no ha muerto. Pero para el cine nacional, si lo está. El Internet y el streaming es la respuesta que estábamos buscando. Así que hay que dejarse de romanticismo y asumir el medio digital para que el público acceda a nuestras películas.

Sin más, estas son las 10 mejores películas latinoamericanas del 2020:

10) “Divino amor” de Gabriel Mascaro (Brasil)

Gabriel Mascaro presenta un mundo, a la vez fascinante y perturbador, donde la Iglesia evangélica organiza raves multitudinarios -sí, leyeron bien, fiestas de música electrónica- para celebrar el amor.

En este Brasil, el del año 2027, también se asiste a confesionarios a través de drive thru y los cultos se han adaptado a terapias grupales donde se permite el libertinaje sexual de sus miembros, siempre y cuando se encuentran bajo el amparo del matrimonio convencional de hombre y mujer.

Mascaro vislumbra este futuro para señalarnos los peligros de la injerencia de los cultos religiosos en las políticas públicas de Brasil, en uno de los relatos de ciencia ficción más audaces que he visto en años.

Disponible en MUBI Latinoamérica.

9) “Panquiaco” de Ana Elena Tejera (Panamá)

Una de las propuestas más curiosas y valientes que ha dado el todavía imberbe cine panameño. A través de la historia de Cebaldo, un indígena panameño que emigró a Europa muy joven y que desde entonces no deja de pensar en la comarca que dejó atrás, Ana Elena Tejera busca el remedio para ese síndrome invisible, incurable y mortal llamado nostalgia. Los méritos del filme no se queda allí, ya que logra algo aún más importante dentro del imaginario cinematográfico del país istmeño: representar al pueblo guna en la pantalla grande, con el efecto expectorante que eso tiene a nivel cultural en un país que sufre tantos sesgos raciales y sociales.

Disponible en Vimeo On Demand.

8) “Nuestras madres” de César Díaz (Guatemala)

“Nuestras madres” de César Díaz demuestra el estado de gracia en el que viene el cine guatemalteco hoy. Reconocida como la Mejor Ópera Prima en el Festival de Cannes 2019, el filme de Díaz sigue las pesquisas de un joven antropólogo que buscas los restos de su padre, un guerrillero que desapareció durante la guerra civil. Lo que en un principio se presenta como un relato sobre la búsqueda e identificación de los desaparecido en el país chapín, se convierte en un homenajes a las que siempre han estados: nuestras madres. Cine sobrio, contenido y emocionante.

Disponible en Vimeo On Demand.

7) “El silencio del río” de Rogério Soares (Brasil)

El documental de Soares acompaña a cuatro mujeres, que además de lidiar con los retos de ser madres de familias en un entorno tan difícil como el Amazonas brasileño, tienen que luchar contra el desalojo de sus viviendas por la construcción de la represa hidroeléctrica Belo Monte y la nostalgia del esplendor perdido por la explotación de los recursos del que se supone es el pulmón natural del planeta tierra.

Soares presenta en este documental una denuncia descarnada de cómo la codicia nos ha empujado a una crisis ecológica, social y espiritual que ha relegado a los más indefensos ni si quiera a la marginalidad, sino al despojo de cualquier dignidad. Un mundo tan cruel en donde el alumbramiento de un ser vivo ya no es motivo de esperanza. Dura, pero necesaria película.

Todavía no disponible para streaming.

6) “La llorona” de Jayro Bustamante (Guatemala)

En boga esta semana al convertirse en la primera película guatemalteca y centroamericana en ser nominada a los premios Globos de Oro, el tercer filme de Jayro Bustamante moderniza el mito de la Llorona a través de los códigos del género del suspenso y del terror con la crítica social y la memoria histórica.

No solo eso, Bustamante convierte a la Llorona en una heroína que regresa de la muerte 30 años después para vengarse del general retirado que fue artífice del asesinato no solo de sus hijos, sino del magnicidio del pueblo maya durante el conflicto armado de Guatemala.

Ante la falta de justicia en la vida real, el director guatemalteco busca ajustar cuentas a través de la ficción. Una película poderosa, comprometida y provocadora, que se convierte en un broche de oro para la trilogía del insulto que también conforman “Ixcanul” y “Temblores”.

Disponible en eyelet.

5) “La fortaleza” de Jorge Thielen Armand / “El Father Plays Himself” de Mo Scarpelli (Venezuela)

Jorge Thielend Armand aprovechó las vivencias de su padre en el Amazonas, que tras fracasar en levantar un campamento turístico en la selva se dedicó a la minería ilegal durante muchos años, como fuente de inspiración para su segunda película, después del éxito de crítica que significó “La fortaleza”.

Si la película de Thielend Armand purga desde la ficción los demonios de su padre -su rencor y alcoholismo-, la película Mo Scarpelli -que se da la casualidad que es esposa de Jorge, dejando todo en familia- hace lo propio con el director venezolano -su soberbia y falta de empatía- a través del documental.

En ambos filmes, el cine se presenta como la única vía para reconectar la figura del padre con hijo tras años de separación e incomunicación. “The Father Plays Himself” no es mejor que “La fortaleza”, ni viceversa. Son un díptico, películas hermanas que se complementan para presentar una historia agreste, pero muy sentida sobre el perdón, la aceptación y la reconexión en escenarios tan adversos como la Venezuela actual.

4) “Ya no estoy aquí” de Fernando Frías (México)

Ulises forma parte de los terkos, una pandilla de kolombianos -subcultura que orbita alrededor del cholo y la música cumbia rebajada- que define su vida en México. Pero por un malentendido con miembros del cartel local, tiene que huir a Estados Unidos o, de lo contrario, su vida y la de su familia correría peligro.

En una de las imágenes llave más poderosas que vi en el 2020, Ulises le cuenta a la única amiga que hace en Nueva York sobre los terkos. Como no sabe hablar inglés utiliza sal, la culpa riega sobre una bandeja de comida para explicarle sobre los terkos y los kolombianos. Cuando termina su explicación, pasa su mano por el montículo y difumina la geografía de su hogar. La sal simboliza la cocaína y ese manotazo el efecto devastador que ha causado en México. Aunque Ulises regresa a su “Itaca”, no hay Penélope que lo espere ni reino que reclamar. El que se fue, nunca volverá.

Disponible en Netflix Latinoamérica.

3) “Sin señas particulares” de Fernanda Valadez (México)

El hijo de Magdalena, como muchos jóvenes mexicanos, se fue de su pueblo para cruzar la frontera de los Estados Unidos. Hace 10 meses que ella no sabe él y las autoridades lo dan por muerto. Incluso, la presionan para que firme su certificado de muerte. Pero algo en Magdalena, eso que llama intuición maternal, le dice que su hijo sigue con vida.

A partir de aquí, esta mujer emprende su particular odisea a través de un México violento y desolado en busca de su primogénito con ayuda de un joven que quiere regresar a su pueblo luego de ser deportado. Lo que comienza como un tenso drama migratorio, se convierte poco a poco en un filme de suspenso que sigue las huellas y horrores del mal. Y nada bueno pasa cuando miras al demonio de frente.

Disponible en Amazon Prime Video.

2) “Once Upon a Time in Venezuela” de Anabel Rodríguez Ríos (Venezuela)

Anabel Rodríguez Ríos se dio a la tarea de documentar los últimos años de Congo Mirador, un pueblo de palafitos que en su momento fue comparado con la Venecia italiana por su atractivo turístico y fenómenos naturales como el “Relámpago del Catatumbo”. Hoy este lugar ya no existe por la sedimentación.

En el registro de esta tragedia, que le tomó cinco años de rodaje y seguimiento, la directora encontró un reflejo de la Venezuela contemporánea: mientras chavistas y opositores se disputan el poder en las próximas elecciones, sus habitantes se ven obligados a migrar por falta de soluciones reales a los problemas que enfrenta el pueblo.

“Once Upon a Time in Venezuela”, en vez de plantear una crítica social, ostenta una mirada que se desprende de cualquier juicio a la hora de encarar a los habitantes de Congo Mirador. Su afán no es político, sino sociológico. Romper nuestra concepción del otro y entonar el mea culpa, es la única manera de empezar a tender puentes y reconstruir un país destruido por la polarización.

Disponible en IndieGoGo.

1) “La flor” de Mariano Llinás (Argentina)

Así como Roberto Bolaños definió “2666” como una novela-río, habría que hacer lo mismo con “La flor” del argentino Mariano Llínas. Aunque presentó completa en el 2018, no fue hasta el 2020 que se pudo ver esta película de más 14 horas de duración y dividida en ocho partes cuando el mismo director argentino la liberó en Kabinett.

Llinás se apoyó del colectivo de actrices Piel de Lava, compuesto por Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valerie Correa, para jugar con las posibilidades narrativas del cine contando seis historias donde se reparten e intercambian los roles en cada una de ellas.

“La flor” da para todo: cine de terror de serie B, drama musical, cine de espías, cine dentro del cine, cine mudo y en blanco y negro, cine autorreferencial y poético y cine de fugas. Es una matrioshka que explora y juega con las formas cinematográficas con una libertad rara vez vista en este arte. Se trata, sin duda, de la experiencia fílmica más relevante que vi en el 2020.

Disponible en Kabinett.