La primera jornada de Panalandia 2019 le dio un protagonismo particular a los videoclips, la identidad de género y el rescate de las tradiciones. También recibió una dosis de prestigio con la proyección de la cubana “Los perros de Amudsen”

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

“Bienvenidos a Panalandia – Festival de Cine Pobre de Panamá. Si no les gusta el nombre cine pobre, también le podemos decir cine en riesgo social, cine indígena, cine de guerrilla, cine fronterizo, cine gay, cine lesbiano y lesbiana…”, con estas palabras de Jaguar Clandestino se inauguró la sexta edición del festival.

Aunque la identidad de género tuvo particular protagonismo en esta primera jornada, con ese poker conformado por “Carlos & Charlotte”, “Fraimpark”, “Juli@” y “Marcos/Mara”, si por algo destacó la programación de ayer fue por sus videoclips.

Se suele decir que estamos en la era dorada de las series de televisión, pero poco reparamos en un formato que cada vez resulta más libre, inspirador, rompedor y creativo, como los videos musicales.

Solo el año pasado pudimos disfrutar de piezas como “This is America” de Childish Gambino, “Malamente” y “Pienso en tu mirá” de Rosalia, “A$AP Forever” de A$AP Rocky ft Moby, “Queens” de The Blaze”, “Pa’ dentro” de Juanes o “Til It’s Over” de Anderson Paak.

En ninguna de sus ediciones anteriores, Panalandia se habia caracterizado por tener una selección fuerte en este apartado. Pero esta primera noche disfruté de “Obsidiana” de Ameno Córdova (Guatemala), “Marcos/Mara” de Iván Esteban Pérez Arias (Costa Rica) y “Casa de Kello – Infinito” de Ana Lucia Ponciano (Guatemala), que aprovechan lo que en esencia es la promoción de un sencillo musical, para contar historias más profundas como el empoderamiento femenino, la aceptación y la crisis migratoria.

De Carlos, Charlotte y Juli@

El otro tema recurrente de la noche, como les comenté, fue la identidad de género y el rescate de las tradiciones. Aunque me anticipé a su giro de guión desde la primera curva, el cortometraje del costarricense Eduardo Duarte no deja de ser una sorpresa al utilizar los códigos del género romántico para subvertirlos y transformarlos en una confesión sobre el trasvestismo en “Carlos & Charlotte”.

Por su parte, “Fraimpark” de Enmanuel Martínez Cornó, me revela un fenómeno que ignoraba se daba en Panamá, como es el de los drag queen. Aunque abusa del recurso de la entrevista, aprecio el esfuerzo del director de compartirme un universo que resulta obvio que estima y la valentia que tiene de abrirnos la puerta para derrumbar nuestros prejuicios o ampliar nuestra mirada.

"Juli@" de Amine Ayoub.

También está “Juli@” de Amine Ayoub. Conocida más por su trayectoria como directora de arte, la irrupción de Ayoub a partir de su participación en el Reto Micro Cine de Cine Animal ha sido tan inesperada como valiente. Hablamos de la última entrega de una trilogía que completan “Mango Pie” y “Que repartan el cake”. La que vi anoche es la más elegante de las tres y que está más dispuesta a contar una historia y no un deseo o fetiche. Lo que si me queda claro es que encuentro en ellos un representación de la sexualidad femenina que quiere romper estigmas… Y que por momentos lo logra.

El festival destinó el último bloque de la proyección de la función al aire libre al rescate de las tradicciones. Hablamos de “Amarrada” de Geraldine Nereira, sobre el uso del turbante por las mujeres afropanameñas. Por su parte, “Lienzo ancestral” de Gladis Moreno Velásquez nos cuenta sobre la confección de tejidos por las mujeres indígenas en Guatemala y “Abuelos”, de Enrique Pérez Him, que ya reseñamos en su momento en este blog.

La sonrisa amarga

"Así soy feliz" de Brando López (Guatemala).

En los jardines de la Fundación Omar Torrijos se pasa bien con la fresca brisa de verano que ha bajado hasta el Caribe este año, pero fue en la Sala Chuchú que disfruté las dos mejores piezas de la noche. El primero fue “Peloteros”, de Álvaro Álvarez Bermejo, un documental muy chiquito sobre el béisbol y su fanatismo que me llamó la atención por su confienza en la imagen y no en el recurso de la entrevista para contarse. Su historia es anecdótica, pero su narrativa es juguetona y llena de descubrimientos.

Por último, está “Así soy feliz” de Brandon López (Guatemala), un documental que es capaz de sacarme una sonrisa amarga por darme la oportunidad de convivir durante 17 minutos con esos niños que tienen entre ellos una camaderia e inocencia entrañable. Pero no puedo omitir su realidad tan apremiante, al ser su parque de diversión un vertedero de basura y los camiones en los que ellos se transportan para cargar escombros, si la policia se los permite, para ganar el dinero que les asegure por lo menos una comida al día. Si François Truffaut hiciera una adaptación de su película “El pequeño salvaje” en Centroamérica, se asemejaria mucho a este pequeña joya.

No puedo dejar de mencionar a “Los perros de Amundsen” del cubano Rafael Ramírez Pupo y producción ejecutiva de la panameña Fihama Cowley. La presencia de este cortometraje le da prestigio a Panalandia, al haber competido previamente en Locarno y Valdivia. Hablamos de un trabajo desconcertante que combina disgregaciones poéticas, documentales y experimentales. Aunque a veces produce imágenes poderosas, admito que la mayor parte de sus 27 minutos de metraje me supera el material. Después de todo, nunca he sido buen lector de poesía y esta obra está inspirada en los versos del poeta holguinero Jorge Luis Serrano.

La segunda jornada de Panalandia 2019 promete con la proyección de “PATACóN” DE Carolina Figueiredo y Ricardo Linero, “El arte de los diablos” de Benjamín Liao, “El legado” de Jhojaddy Ramírez” y “Exit” de Haslam Ortega, además de los conversatorios de Cine Bunker y el superhéroe Andrés Galván.

"Los perros de Amundsen" de Rafael Ramírez Pupo (Cuba).