LO MEJOR: El rescate de un personaje único en la historia del boxeo y Panamá.

LO PEOR: Su empeño de negar la orientación sexual de Panama Al Brown y algunos de sus rasgos más oscursos.

Escrito por:
Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Un documental se justifica por el personaje o suceso a retratar. También por la información, desconocida hasta ese momento, que busca revelar o contradecir la versión oficial que nos ha legado la historia. Con “Panama Al Brown: Cuando el puño se abre”, el director Carlos Aguilar Navarro recupera del olvido una figura única de este país, como lo es el primer boxeador panameño e hispano en convertirse en campeón del mundo.

Pero en la virtud de la película de Aguilar Navarro, está también su pecado, porque en su esfuerzo de colocar a Panamá Al Brown en el sitial de honor que se merece dentro del panteón de grandes glorias deportivas de este país, difama su legado humano: el de ser también uno de los primeros pugilistas homosexuales de los que se tiene registro en los libros de historia.

“¿Dejó de ser mejor campeón porque tenia esa orientación sexual?”

En el capítulo 7 del documental, llamado “No es feo ni guapo, es extraordinario” y que está dedicado a la conocida relación que tuvo el panameño con el famoso escritor francés Jean Cocteau, Carlos Aguilar Navarro entrevista al también cineasta y sociólogo Gerardo Maloney, que expresa su teoría sobre la orientación sexual de Panama Al Brown.

“Lo que a mi juicio, y aquí leo entre líneas, pasó en la relación de Cocteau con Panama Al Brown, es que fue una especie de amigo en un momento donde necesitaba a una persona como él (…) Yo creo que Cocteau lo ayudó y creo que esa fue la base afectiva que se desarrolló entre ellos y que mucha gente interpretó después de otra manera. Leyendo la biografía de él, está la referencia que hacia Cocteau sobre que le gustaba bañarse después en la misma tina donde se había bañado Panama Al Brown. La gente entendió que Cocteau estaba diciendo que le gustaba bañarse con Panama Al Brown”.

En algún punto entre la versión que nos presenta el documental y la otra versión que nos omite o enmascara, está el verdadero Alfonso Teófilo Brown, un personaje de película al que su primera excursión en este medio no le ha hecho total justicia. 

Inmediatamente después sale en pantalla Juan Carlos Tapia, famoso presentador del programa “Lo mejor del boxeo”, diciendo: “¿Dejó de ser mejor campeón porque tenía esa orientación sexual? Para mí, no. Ahora, métete con ese tipo para que tu veas lo que te va a pasar”.

A falta del propio Panama Al Brown, algún allegado a su figura o una documentación formal sobre el tema, la sexualidad del pugilista se convirtie en el documental en un dime y diretes entre las suposiciones y conviciones de dos personas que no tienen más relación con el pugilista que tal vez la admiración que levanta entre ellos su trayectoria vital.

Muchas luces y pocas sombras

Si eso no fuera suficiente, Carlos Aguilar Navarro parece decantar su película más por la postura de Gerardo Maloney que por la de Juan Carlos Tapia, lo que me lleva a detectar un problema crónico que comparte esta película con una muestra significativa de documentales panameños: el retrato con muchas luces y nada de sombras de sus protagonistas.

Comentaba hace unos meses en la reseña de “Yo no me llamo Ruben Blades” de Abner Benaim, que “aunque logra su cometido de repasar de manera atractiva la trayectoria vital de este panameño universal, se muestra en exceso elogiosa a su figura y, a su vez, pudorosa a la hora de indagar en sus pasajes más polémicos o comprometedores, que son muchos y son variados”.

Estas mismas palabras encajan a la perfección con “Panama Al Brown: Cuando el puño se abre”.

Si nos dejamos llevar por la versión que Carlos Aguilar Navarro y que su equipo de guionistas nos presentan, Panama Al Brown fue el primer campeón mundial de boxeo de origen hispano, políglota, showman, bailirín, seductor e intelectual, una visión muy tradicional, por no decir apolillada, de la masculinidad.

Pero se dejan en el tintero su homosexualidad, su adicción al alcohol y al opio, su comportamiento más propio de un estafador que de un ciudadano ejemplar, la sífilis que lo aminaló toda su vida y la irresponsabilidad con la que manejó su carrera deportiva y su legado, lo que puede explicar en cierta manera porque su nombre resulta desconocido para tantos de nosotros a pesar de sus logros.

En algún punto entre la versión que nos presenta el documental y la otra versión que nos omite o enmascara, está el verdadero Alfonso Teófilo Brown, un personaje de película al que su primera excursión en este medio no le ha hecho total justicia.