A pesar de que en líneas generales el nivel de los ocho cortometrajes nacionales presentados en el Panama Horror Film Fest 2018 fue bastante sólido y satisfactorio, todos ellos mostraron uno de los males endémicos del cine panameño

Luis Lorenzo
(@LuisAndreLT)

El terror se adelantó al Panama Horror Film Fest 2018 el miércoles 12 de septiembre, cuando una lluvia torrecial y el posterior colapso de todas las rutas de acceso a la Fundación Omar Torrijos hiciera casi imposible llegar al punto de encuentro.

Pero esa noche se presentaban los ocho cortometrajes nacionales participantes dentro del festival y ni la amenaza de brujas, tema central de esta edición del evento, ni la lluvia, podía evitar que asistieramos a esta cita obligatoria del cine nacional.

Un lote de terror sólido, pero…

El primer cortometraje encargado de abrir el bloque fue “Caso #303”, dirigido por Adair Domínguez y protagonizado por el actor, dramaturgo, comediante, sex symbol y amo de casa advenedizo, Winnie T. Sitton.

Lo que vi fue una interesante propuesta que combina el cine noir y las artes ocultas, en la que el Sitton hace de un detective cínico y mamarracho del trópico que tiene que encontrar a una mujer que no se quiere dejar encontrar.

Por su parte, Dominguez demuestra una dirección sólida e ideas visuales interesantes. La fotografía en B&W por la que apuesta también aporta un aura especial a la producción. Lástimosamente, la historia termina con una memez críptica que parece más un chiste interno entre los miembros de la producción y sus allegados que una conclusión adecuada, lo que me hizo sentir timado al final de su visionado.

“El sendero”, de Diego Jované, y “eRICA”, de Annelle Arciniega, fueron los cortometrajes más reprochables del bloque, porque son un recordatorio de esas producciones adolescentes simplistas que sostienen  la tesis de que el mal es resultado de estados mentales perturbados o que se deleitan con las formas sádicas del mismo.

“Exit”, de Haslam Ortega, fue el cortometraje más esperado de la noche. Aunque no decepcionó, al exhibir la dirección sólida a la que nos tiene acostumbrados, empiezo a echar en falta en Haslam un paso adelante en su carrera.

“Exit” comienza con un cliché: una mujer camina en un callejón oscuro y se da cuenta que alguien la está persiguiendo. Preocupada, sale corriendo hasta la entrada de un edificio para que la asistan. Cuando ya cree que está sana y salva, descubre que el mal que la amenazaba, ahora está dentro del recinto donde se encuentra y tendrá que luchar por su vida.

No doy más detalles de la trama, por que su director, que juega mucho con el secretismo de sus producciones, no me lo perdonaría. Lo que si puedo decir es que “Exit” se convierte a partir de este primer punto de giro en un ejercicio de suspenso silencioso y termina con un giro final, muy Haslam, que no dejará indiferente a nadie.

Pero ese paso adelante en la carrera que comenté más atrás va muy de la mano con el guión. “RE-Fresh”, “WHAT” y “Exit” se pueden considerar juguetes cinematográficos retorcidos, pero vacios. No hay historia. No hay catarsis. No hay reflexión. Simplemente, disfrute cinematográfico. Tal vez si Haslam se juntara con un escritor con más pericia, pasará de ser la gran promesa que es, en la gran realidad que necesita convertirse.

“Insania” es una excelente carta de presentación para Renata Piña Luna, estudiante del bachillerato de cine y comunicación del IPA. Aunque el guión es irregular, intenta contar algo profundo como es el duelo familiar.

El problema es una cuestión de enfoque. Queriendo darle el mismo protagonismo tanto al padre como a la hija, no se percata que el verdadero protagonista de la historia es el primero.

A pesar de ello, “Insania” demuestra un dirección prometedora, con detalles técnico sorprendentes para un talento tan novel, en especial en la edición y las transicciones de escena. La producción tampoco tiene nada que envidiarle a la de cortometrajistas más curtidos en estas batallas. Sin duda, quiero ver los siguientes trabajo de Renata y ver cómo evoluciona su cine.

“La Paga”, por su parte”, es un paso adelante para Mariana Guillén Araujo con respecto a su cortometraje anterior, “Voces”, que se presentara tanto en el Hayah – Festival Internacional de Cortometrajes de Panamá 2016 y en Panalandia – Festival de Cine Pobre de Panamá en el 2017.

Aquel cortometraje resultó fallido por el casting, pero recuerdo que en esa historia sobre la esquizofrenia, la directora creó ciertos elementos visuales y referencias que me recordaron a David Lynch, guardando las claras distancias.

Con “La Paga”, Mariana continua en la senda de terror pero con una dirección más segura, a pesar de algunos movimientos de cámaras ambiciosos y mal ejecutados que debería pulir en futuras incursiones. También hay una mejor selección de casting y una producción competente. De la historia, no puedo contar mucho sin caer en los spoilers, pero sí les puedo contar que la misma juega con las expectativas del espectador a partir de un viaje en Uber.

Por último, el mejor cortometraje de la noche, “Vigilantes Nocturnas”, de Camilo Rodriguez Pérez, ganador de la categoría Mejor Producción en el Panalandia de este año en la que tuve la oportunidad de ser jurado. Hablamos de un cortometraje de asaltos que le exprime todo el potencial a la Universidad de Panamá como locación nocturna y a una sorprendente Saraí Guevara, actriz que seguro no sería la primera opción de casting de nadie, pero que la borda en su papel a través de una actuación muda pero sumamente expresiva y llena de matices.

Por su parte, Camilo se muestra como un estudioso del género y es capaz de generar un aura de suspenso y ansiedad alrededor de la ronda de vigilancia de estas dos mujeres. No todo es perfecto. A “Vigilantes Nocturnas” le sobran algunos efectos de sonidos y unos planos pretenciosos, como cuando descubren que el candado de una puerta fue violentado, pero salvo esos detalles técnicos, la dirección roza lo milimétrico. Estamos, sin duda, ante el debut más impresionante de este año en el circuito de cortometrajes local.

Terror en la forma, pero no en el fondo

No quiero perder la oportunidad de hacer dos reflexiones finales a partir de la proyección de estos cortometrajes nacionales en el Panama Horror Film Fest 2018. Primero, lo positivo que es la incursión de mujeres en el género dentro de la escena local, como es el caso de Anelle Arciniega, Mariana Guillén Araujo y Renata Piña Luna.

Por otro lado, lo malo. Si el cine de terror vive una segunda época de oro en la actualidad, es por su acertada lectura de la realidad. Antes, el miedo estaba representado por criaturas mitológicas como Drácula, El Hombre Lobo, Frankestein, La Momia o El Hombre Invisible. Es decir, el terror estaba allá afuera. Ahora, surge de nosotros mismos y su capacidad de reflejar nuestros demonios internos, como el paso de la adolescencia a la adultez en “It Follow”, la represión femenina en “The Witch” o el duelo familiar en “The Babadook” o “Herediaty”.

En ningún de los ocho cortometrajes participantes en el Panama Horror Film, salvo en el mencionado “Insania”, vi la intención de contar una historia más profunda. Una oportunidad perdida, que delata una de las grandes problemáticas del cine nacional: la victoria de la forma sobre fondo. En fin, un cine vacio.