Como el gran tapado de la noche, el film noir con toques de artes ocultas de Adair Dominguez se impuso entre el jurado sobre la grandes favoritas, “Exist” y “Vigilantes Nocturnas”

Luis Lorenzo Trujillo
(@LuisAndreLT)

Después de reseñar el bloque de cortometrajes nacionales y sentir el pulso de muchos de los asistentes de esa noche, miembros de la industria y público en general, la contienda por la categoría de Mejor Cortometraje Nacional del Panama Horror Film Fest 2018 parecía estar entre “Exit” de Haslam Ortega y “Vigilantes Nocturnas” de Camilo Rodríguez Pérez.

Pero el jurado conformado por Aaron Bromley, Alejandra Araúz y MC507 pensaron de manera diferente. A la hora de dar su fallo en la clausura del festival, destacaron el nivel general de los ocho cortometrajes nacionales participantes, pero admitieron que fueron tres los que monopolizaron el debate de quién debía ser el ganador, decantándose al final por la opción más alternativa.

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Este fue el palmarés final del Panama Horror Film Fest 2018:

  • Mejor Documental: “Culto al terror” – Gustavo Leonel Mendoza (Argentina)
  • Mejor Largometraje: “Framed” – Marc Martinez Jordán (España)
  • Mejor Corto  Internacional: “RIP” – Albert Pintó y Caye Casas (España)
  • Mejor Corto Nacional: “Caso #303” – Adair Dominguez (Panamá)
  • Mejor Microrelato: “Siempre hay que ir calentito a la cama” – Xavier Ucar (Panamá)
  • Mejor Videominutos Terrorificos: “Delirio” – Carlos Jimenez (Panamá).

“Caso #303” está dirigido por Adair Domínguez y protagonizado por el actor, dramaturgo, comediante, sex symbol y amo de casa advenedizo, Winnie T. Sitton.

Este cortometraje una interesante propuesta que combina el cine noir y las artes ocultas, en la que el Sitton hace de un detective cínico y mamarracho del trópico que tiene que encontrar a una mujer que no se quiere dejar encontrar.

Por su parte, Dominguez demuestra una dirección sólida e ideas visuales interesantes. La fotografía en B&W por la que apuesta también aporta un aura especial a la producción. En la primera reseña que hice sobre el cortometraje, dijo que me parecía que, lástimosamente, la historia termina con una memez críptica que parecía un chiste interno entre los miembros de la producción, lo cual me hizo sentir timado al final de su visionado.

Con un análisis con más calma y poso, que solo es posible con el paso de los días, creo entender mejor lo que quiso contar Adair con este cortometraje, que no es más que la jugarreta de un feo, haciendo uso de la brujería para hacerse pasar por otro hombre para estar con su atractiva mujer.

Este análisis mejora mi primera impresión de “Caso #303” pero, por otro lado, deja en evidencia el agujero que tiene el guión, uno tan grande como el que había hasta hace poco al final de la Federico Boyd, a la hora de justicar o calzar en la historia ese personaje final.